Generación de la amistad saharaui

 

 

خيمة للشعر الصحراوي

La jaima de la poesía saharaui

 

 

Última actualización: 05 septiembre, 2010

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Estamos escribiendo la historia del Sahara Occidental. Al margen de la guerra, hubo vida feliz, infancia audaz y juventud soñadora. Es la historia de una generación que nació con las balas chillando en sus oídos y, a pesar de ello, para nosotros todo es literatura y, ahora lo estamos cosechando para refundar la literatura saharaui y de paso liberar nuestra tierra, porque la lucha de la intelectualidad es la más potente de todas las luchas.

 

Generación de la amistad saharaui

 

No creas, poeta, que tu voz no se oye.
Con bellas palabras puede cambiarse el mundo
si esas palabras dicen  lo que hay que decir.
No hay alto el fuego para los poetas:
Sólo versos, como balas, disparando al corazón de la injusticia.
 

 

María Jesús Alvarado

Últimas publicaciones

de la generación de la amistad saharaui.

 

La fuente de Saguia

 

 

 

 

BUBISHER



 

Página de Mariem Hassan

 

 

Shukran nº27

 

 

Acción pacífica - prensa  
El ataque a los activistas prosaharauis constituye una acción propia de una dictadura que se aferra al conflicto del Sáhara Occidental para crear una tensión permanente con España en temas de mucha sensibilidad, como son la inmigración, las dos ciudades autónomas de Ceuta y Melilla y la seguridad. Marruecos debe entender que un Estado democrático y responsable no puede tolerar una agresión de esas características a sus ciudadanos por el simple hecho de expresar su opinión reconocida por la propia comunidad internacional en torno a la necesidad de respetar los derechos humanos en el territorio del Sáhara y exigir la celebración de un referéndum de autodeterminación que cierre definitivamente el inconcluso proceso de descolonización.
Si Marruecos quiere ser aliado de Europa y España debe olvidarse de su política expansionista, someterse a las resoluciones de las Naciones Unidas y permitir a la sociedad civil ejercer de forma libre sus derechos, de lo contrario puede quedarse aislado por más que sus valedores ejerzan el derecho de veto en el Consejo de Seguridad para seguir manteniendo su impunidad. Cuánta represión necesitará el régimen marroquí para someter a los saharauis y hasta cuándo el mundo seguirá mirando para otro lado. La no solución del contencioso del Sáhara Occidental será siempre una fuente de tensión permanente entre España y Marruecos.

 

Ali Salem Iselmu

 

¿RESPETAR UNA ILEGALIDAD? - Opinión

 

         El Gobierno español conmina a las ONGs españolas a cumplir la ilegalidad en el Sahara Occidental. Es decir, respetar las leyes promulgadas bajo una ocupación que ni España, ni la ONU, ni ningún Estado reconoce. De entrada, resulta chocante que el gobierno español, conmine a sus ciudadanos a respetar lo que la legalidad internacional repudia.

De todos es sabido que el Sahara Occidental es un territorio ocupado ilegalmente por Marruecos, donde las violaciones de derechos humanos están a la orden del día.

Y frente a esa ocupación ilegal, la legalidad internacional, ofrece a los saharauis, el derecho legítimo para defenderse y defender su tierra, incluso, por la vía armada. Y es aquí, hacia este derecho, donde acuden los simpatizantes de la Causa Saharaui para cobijar cualquier acción que quieran llevar a cabo. Si con la ley en la mano, el pueblo saharaui, o cualquier otro pueblo, tiene el derecho de alzarse en armas contra una ocupación ilegal, no va a poder, a caso, manifestarse pacíficamente, sin pedir autorización alguna?

Lo que intenta el Gobierno español y los responsables del área internacional del PSOE es dar por legal lo que no lo es. Atinan, ellos, muy fino. Hablan de “legislación vigente” para no decir legalidad vigente que ya cantaría demasiado, pero es lo mismo. Lo que pretenden es dotar de apariencia legal, lo que no son más que disposiciones administrativas carentes de cualquier respaldo legal.

         El gobierno español no hace nada para que se respete la legalidad internacional en el Sahara Occidental pero, además de no hacer nada, conmina a sus ciudadanos a no hacerlo. Llegando, con esa actitud, a no atender, siquiera, una de sus primeras obligaciones, la de velar por los derechos humanos de sus ciudadanos dentro y fuera de sus propias fronteras.

         Es cierto que los ciudadanos están excluidos de la acción exterior de los Estados por la competencia exclusiva que los gobiernos se otorgan en esa materia. Pero también es cierto, que los principios universales de la justicia llaman a las conciencias vivas a repudiar las acciones contrarias a Derecho. Y la ocupación ilegal del Sahara es una típica situación que el Derecho Internacional repudia. De modo que cualquier ciudadano de cualquier país que se manifieste en el Sahara Occidental tiene el mismo respaldo legal que asiste al pueblo saharaui para defender su tierra. Lo que, desgraciadamente, se ha visto que no tiene es el respaldo del gobierno español.

         La misma globalización a la que ningún gobierno osa oponerse, también, abre las puertas para que los particulares, sin el consentimiento de sus respectivos gobiernos, puedan llevar a cabo determinadas acciones, siempre respaldadas por la legalidad internacional, cuya consecuencia última es la intervención del aparato exterior de los Estados. Un buen ejemplo de ello, ha sido el de la ‘Florilla de la libertad’ turca.

         En la medida en que la globalización va haciendo más permeables las fronteras de medio mundo, este tipo de actos será mucho más numeroso, por la sencilla razón de que los Estados, en su acción exterior, a menudo se guían por intereses que sus ciudadanos repudian, no quedándole, a los particulares, más remedio que colocarse al rebufo de la legalidad internacional, a la que sus respectivos gobierno hacen caso omiso, para justificar sus actos. Y, en este sentido, la manifestación llevada a cabo, en El Aaiún, por los miembros de la ONG ‘SaharaAcción’ es una acción digna de respeto y está amparada por imbatibles argumentos tanto legales como morales.

         En todo caso, hay algo que  no puede resultar lesionado en esta colisión que se produce entre la exclusividad de los gobiernos en materia exterior y el intento de los particulares por romper ese monopolio. Y ese algo es el respeto y la defensa de los derechos humanos de los ciudadanos aún cuando, allende las fronteras, rompan esa exclusiva. Y ahí es donde, por desgracia, han fallado nuevamente, tanto el gobierno de Zapatero como el propio PSOE.

        

Haddamin Moulud Said.

 

La literatura, motor de la memoria histórica del Sahara  

 

DIARIO DEL ALTO ARAGON R.G.15/08/2010

 

JACA.- El escritor y poeta saharaui Bahia Awah participó ayer en la lectura de poemas elaborados por autores de la región africana, dentro de un proyecto que pretende emplear la literatura como el motor de su memoria histórica. "El propósito es que las futuras generaciones conozcan su historia desde la fuente original y contribuir a fortalecer las estructuras del pueblo saharaui", señaló.

Una serie de historias contadas en primera persona por sus protagonistas y acompañadas por unas imágenes evocadoras de la vida cotidiana del desierto se constituyeron y quedaron registradas en un documento audiovisual, donde toman parte "los poetas y poetisas saharauis más ancianos".

Los beneficios obtenidos a través de la venta de libros de origen saharaui se destinarán al proyecto impulsado por la asociación "Antropólogos en Acción". También los beneficios extraídos del XIV Mercado Solidario que organizará este próximo martes la escuela de verano jaquesa, tendrán idéntico fin.

 

        

Sophie Caratini y los "hijos de las nubes"  

Cada vez que voy a realizar un viaje de esos largos y me detengo a hacer mi maleta recuerdo cuando de niño me fijaba atentamente en cómo mi padre ensillaba su dromedario cuando se iba de bauah1 en busca de agua, pastos o ejerciendo de dayar2 detrás de las huellas del ganado extraviado. Tres cosas fundamentales preparaba la noche anterior al viaje, un buen guirba3 , un znad4 y su mecha de nur5 y un cuchillo de lemleida6. Claro que los tiempos cambian y cada generación sigue el inevitable curso evolutivo de su sociedad. Yo cada vez que viajo de Europa a África lo primero que guardo en mi mochila es un libro de viaje, un libro que no me aburre, un libro y un autor que me hacen compañía con pasajes literarios como los de Javier Reverte, Ramón Mayrata o Ryszard Kapuscinski. Pero en mi viaje de noviembre del pasado año 2009 elegí, acertando, el libro de otro escritor, Hijos de las nubes (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) de la etnóloga Sophie Caratini, en su entretenido periplo en busca de la sociedad saharaui en los años setenta.

La primera vez que oí hablar de ella fue en 1994 en Nuagchot, la capital mauritana. Mi tío me dijo:

– Aquí tengo un libro en francés escrito por una historiadora gala y que habla del Sahara. Creo que no te va a gustar, porque enfoca su contenido desde el tribalismo en la sociedad saharaui, pero es muy interesante, léelo.

Su título “Les Rgaybat 1610 - 1934“. Cogí el libro y lo estuve hojeando varios días para determinar cómo la autora quiso proyectar su mirada sobre los saharauis centrándose en el estudio de una tribu. Era una edición en lengua francesa, y no la puede disfrutar por el poco dominio que tengo de esa lengua, pero me llamó la atención. Había fotos del Emir de Adrar mauritano junto con notables jefes tribales saharauis de aquella época, como Mhamed uld Eljalil, entre otros. Mi tío me indicaba que la persona de cabello largo que estaba al lado de ese notable saharaui era mi tío abuelo, Omar uld Awah, que fue su auxiliar cercano.

Dieciséis años más tarde de conocer ese libro llegaba a mis manos otro trabajo de esa misma escritora, “Hijos de las nubes“, sobre las experiencias de aquel viaje para su trabajo de tesis, en 1975. Subrayé en la primera parte del libro este párrafo con el que uno de aquellos jóvenes Polisarios explicaba, al conocer que la joven era una etnóloga francesa, qué pretendían ser los saharauis con su proceso anticolonial y antitribal, “Queremos construir una sociedad justa e igualitaria. Nuestras tradiciones prueban que somos capaces de ello. Los habitantes del desierto siempre practicaron la solidaridad, la ayuda mutua y el sentido del honor. Entre nosotros no hay clases explotadoras ni reyes ni emires. … somos un pueblo libre y orgulloso y en nosotros tenemos con qué construir una sociedad moderna mucho más democrática que la vuestra”.

Sophie en aquellos años, como estudiante recién licenciada, venía con el propósito de estudiar una estructura tribal que sin embargo los saharauis declaraban abolida en su nuevo proceso liberador como un pueblo y no como un conjunto de tribus, algo que las potencias occidentales usaron para perpetuar su dominio colonial en África. Enfrascado en la lectura del libro cuando me lo permitía mi trabajo, seguí con Caratini, su atrevido y desafiante periplo por muchos lugares en el desierto. Alguno de esos lugares llegué a conocer y tengo referencias de otros en esa geografía de fronteras mauritano saharauis. Viví con mucha emoción la gran carga literaria con la que describía sus días y sus noches entre beduinos, muchos de los cuales estaban politizados por aquellas circunstancias, y se sentían arraigadamente bien identificados con su nacionalidad saharaui. Era el caso del joven del párrafo mencionado con anterioridad o del otro joven universitario que la atendió cariñosamente con su botiquín de guerrero. Ambos eran estudiantes, estaban muy influidos por los movimientos de liberación de la época y alzados clandestinamente contra el dominio colonial, porque “hay cosas que para lograrlas han de ser ocultas“.

Cuando Sophie en 1975 buscaba encontrar hueco entre aquellos nómadas saharauis, yo me hallaba expuesto a los nuevos cambios políticos que estaban surgiendo muy cerca de esas fronteras en las que se encontraba la etnóloga, convertido en niño de guerra, huido en aquel éxodo, separado de mi familia por el conflicto, un suceso hacia el que Sophie en aquellos convulsos años no acababa de orientar su atención como etnóloga. Era una estudiante occidental que acababa de adentrarse en lo más profundo del desierto para compartir la vida de los pastores nómadas y vivir su experiencia como etnóloga que iniciaba el largo periplo de un investigador sediento por conocer y reflexionar sobre la teoría de los pueblos nómadas y sus orígenes. Como ella escribía, “pese a todo quise escribir mi tesis, el libro de su historia. Para ellos, en primer lugar, pues creía que no había que ocultar los engranajes de la estructura social, sino analizarlos a fin de poder superarlos“. Leyendo el libro en los campamentos de refugiados saharauis la imaginé muchas veces en aquellos años cerca de los desplazamientos que me condujeron al refugio. Poco tiempo después de que ella abandonara la zona, pasábamos muy cerca nosotros los refugiados sumidos en la pesadilla del éxodo, a veces bombardeados por la aviación marroquí, y otras perseguidos por las tropas mauritanas. Era yo un niño atendido y arropado por los Polisarios, pasando por Um Draiga, Guelta Zemur, muy cerca de Bir Umgrein, Tifariti y Ain Bentili, huidos en dirección al exilio que nos tocaba sufrir y ver cómo injustamente hasta hoy perdura por más de tres décadas. A los que hemos vivido aquella apocalipsis del 75 y 76 sin lugar a dudas que estas líneas itinerantes nos traen ingratos recuerdos, pero a la vez un necesario y merecido repaso a nuestra Historia expuesta con un croquis social etnográfico trazado desde el comienzo de su segunda edad de oro, que surgiría a partir del nacimiento del Polisario hasta nuestros días.

En ocasiones en los campamentos saharauis cuando sacaba “Hijos de las nubes” para seguir su lectura mucha gente se fijaba en su título y me lo pedían para quedárselo. Pero siempre les respondía que no era mío si no de una amiga que me lo había prestado y estaba esperando a que concluyera su lectura y devolverlo. Porque no es un libro que se lee y se abandona o se pasa a otros, es investigación sobre nuestra Historia. Finalmente opté por forrarle la portada para no llamar la atención y complicarme en más respuestas. El lector puede que se enganche desde el primer momento como igual puede que le resulte difícil seguir el hilo en las primeras páginas cuando Sophie narra cómo intentaba salir de Nuagchot en busca de los saharauis nómadas y abandonar una ciudad donde reina la incertidumbre, la búsqueda del buen linaje y la exhibición de lo que aparentan ser las cosas, y no lo que son en realidad. En su lectura viví con dolor su enfermedad, sentí con mi corazón sus días de soledad, tan débil, haciendo el camino de regreso a través de itinerarios pedregosos y polvorientos, desplazándose en coches militares con su fragilidad ante las nuevas circunstancias después de consumir toda la fuerza y vitalidad que desplegó para conversar, entrevistar, meditar, escuchar y reflexionar. Todo el afán por sacar adelante un reto ante su desafío de futura etnóloga que pretendía recoger parte de la historia de aquella sociedad de nómadas del que le hablaba en la Universidad de Nanterre su profesor Ahmed Baba Meska. El hombre que ese mismo año se uniría a los dirigentes saharauis en su lucha.

Destaco el lado humano que se despierta en Sophie cuando se encuentra con el joven médico Polisario de larga melena, símbolo anticolonial y antitribal de la época entre los saharauis aunque ella tal vez desconocía este hecho, que le atendió con su botiquín y los pocos antibióticos de que disponía para sus compañeros que dejó alzados en los montes de Ergueiua, a prestar auxilio a una francesa enferma en un frig de beduinos. Al menos en su peor momento encontró un futuro médico para acompañarla y tratar de salvar su vida, si no con medicamentos al menos con su humanidad y complicidad. A la pregunta de Sophie sobre cómo se llamaba el joven le respondió:

– No puedo decirte mi nombre, basta con que me llames “el compañero de las montañas”7 .

Con eso quería decirle que era un guerrillero Polisario, clandestinos aún en aquellos difíciles años, perseguidos por la metrópoli. Y diría para finalizar que en el libro hay un grato momento cuando Caratini nos retrata a Luali, el mítico dirigente Polisario, sin saber ella entonces quién era. En su encuentro Luali le expone el ideal revolucionario concebido por el pueblo saharaui.

Por todos estos motivos considero que “Hijos de las nubes”, que no pueden ser otros que los saharauis, es una obra para dedicarle un merecido tiempo de lectura, de meditación y reflexión sobre y para el pueblo saharaui y su proceso de descolonización tratado con imparcialidad por una etnóloga francesa.


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1 Persona beduina con mucha inteligencia que se encarga de buscar, montada sobre un dromedario, lugares de nuevas acampadas y pasto para el ganado
2 Buscador de camellos
3 Odre para llevar agua
4 Varita de hierro fundido utilizado tradicionalmente entre los saharauis para encender fuego friccionándola con una piedra silex y una mecha
5 Especie de algodón para hacer la mecha que se obtiene de algunas plantas del desierto. Tiene un olor muy agradable en la combustión
6 Cuchillo usado en la década de los 60 del pasado siglo revestido de nácar
7 Estrofa del himno del Frente Polisario

 

Bahía Mahmud Awah

 

Lagüera y el barco de azúcar  

Enterrada bajo la arena del desierto quedó la ciudad de La Güera y con ella desapareció su gente, cada uno huyó como pudo de su tierra bajo el fuego de la guerra y lo único que se ha mantenido erguido a pesar del siroco es el Barco de Azúcar, este barco yace hoy abandonado en medio de la soledad reclamando volver a su destino.

Con cierta nostalgia los saharauis recuerdan esta ciudad como una profunda cicatriz que se mantiene abierta en el corazón de cada uno.

Mirando al mar se encuentra la pequeña península de Cabo Blanco y en su extremo occidental se ven las paredes de las casas enterradas por la arena y dos guardias de la frontera vigilan de noche y día los restos de lo que fue La Güera. Por sus calles ya no hay transeúntes, ni comerciantes, ni mujeres, ni niños; todo se lo llevó el exilio y el tiempo. Sus peces y pájaros asombrados de tanta soledad abandonaron sus guaridas y con ellos desapareció el puerto de esta pequeña ciudad que servía para la llegada de muchos productos que se intercambiaban en la frontera con Mauritania.

La Güera sufrió el ataque del ejército mauritano en 1975, cuando este país decidió ocupar la parte sur del Sáhara Occidental, la población resistió en sus casas y luchó por cada metro de la ciudad, pero al final todos los habitantes salieron a pie con las pocas pertenecías que pudieron llevarse con ellos y con el apoyo de los guerrilleros saharauis pudieron llegar a la frontera con Argelia y salvar sus vidas.

Treinta y cinco años han pasado y allí se mantienen los restos de una ciudad que sirvió de punto de encuentro en la frontera y sigue reclamando ser reconstruida y habitada por sus pobladores, pero hasta hoy nadie se acuerda que allí tenemos varios kilómetros de mar y un trozo de territorio liberado que nos permite soñar cerca del Océano Atlántico y enseñarle a las nuevas generaciones una pequeña parte de su tierra que tiene agua, peces y barcos abandonados.

Parece que hemos sufrido la amnesia de la historia, permitiendo al tiempo engullir una parte preciosa de nuestra tierra dejando al Barco de Azúcar abandonado a su suerte, mientras el siroco va ganando metros cada año y las paredes de las casas van desapareciendo, en este lapsus de la vida, la paz es un producto pasajero de la imaginación y nosotros estamos condenados a esperar lejos del olor del océano en medio de la nada.

Mientras tanto aquel barco que llegó un día lleno de azúcar y endulzó nuestras gargantas con su paladar se ha convertido en un raquítico esqueleto lleno de arena, y sus tripulantes unos fantasmas que pululan de noche persiguiendo cada marea en busca de un nuevo puerto donde reine la libertad de aquellas gaviotas que un día persiguieron las estelas de una ciudad perdida que resiste frente al fulgor de las estrellas y la soledad de las dunas.

La Güera sigue indómita y desafiante, en su memoria está grabada la voz de sus pobladores que hasta hoy albergan la esperanza de volver a desenterrar su pasado feliz de comerciantes y pescadores, que un día pasearon por sus calles y vivieron intensamente unos años felices en los que crecieron sus hijos bajo la magia de una punta de tierra rodeada de un dulce misterio.

Ali Salem Iselmu.

 

Los hombres que se marchitan como flores  

Mahfud fue un dirigente de principios que creció tejiendo las estructuras de la organización política saharaui desde su nacimiento en los últimos años del ocaso colonial español en el Sahara, después de un siglo de dominio. Treinta y cinco años de su vida los consagró a una lucha de principios que abrazó desde su primera simbiosis estudiantil en los años setenta. En la historia de África, en sus procesos políticos y de liberación, muchas veces se ha repetido el despuntar de genios, guías políticos, que veían terminar felizmente los procesos de liberación de sus países cuando los saharauis empezaban la lucha por su independencia. Personajes como Nelson Mandela, Luali Mustafa Sayed, Julius Nereire, Patricio Lumumba, Amilcar Cabral, Hauari Bu Mediane, Agostinho Neto, Samora Machel u Oliver Tambo, el caso biográfico más parecido en trayectoria política a Mahfud Ali Beiba, el hombre que con su firme visión se marchó viendo con optimismo el futuro de su pueblo. “Veo el futuro con mucho optimismo. Hoy por hoy se ha consolidado la identidad saharaui, el derecho de ésta no se ha podido eclipsar”.

Recordar a Mahfud Ali Beiba en estos términos es señalar uno de los arquitectos dirigentes de la lucha por la independencia de los países africanos en los años de su descolonización anteriormente mencionados, es recurrir a ese periodo de emancipación libertador por el cual estas figuras entregaron toda una espléndida juventud y vida. Mahfud se destacó en la rama política del Polisario desde su primer embrión de Jat Ramla en 1970, un dirigente necesario por sus extraordinaria cualidades de inteligencia y capacidad, virtudes que consagró a la nueva configuración social y política saharaui articulando la creación de todas las instituciones del estado sobre el punto de convergencia que transfería a la recuperación de la soberanía nacional sobre todo el suelo patrio saharaui, a pesar de las diferencias y divergencias políticas que surgen en cualquier proceso de liberación nacional.

Mahfud Ali Beiba fue un político de extraordinaria visión ideológica que sirvió al Frente Polisario desde su nacimiento para organizar y dirigir, desde que en 1974 fue asignado responsable del comité de asuntos políticos tras el II Congreso del Polisario en 1974. Desde esa fecha comienza surgir un joven guía en un proceso que necesitaba un hombre de estado pragmático y proyectado como organizador, reconciliador en los momentos de eclipse sociopolítico, que en ocasiones han acaecido a lo largo del proceso emancipador, causados por las muchas lacras heredadas de un periodo colonial y tribal. Mahfud comenzó humildemente a destacarse entre sus compañeros desde el encuentro de la unidad nacional saharaui en 1974 en Ain Bentili, así Luali Mustafa Sayed lo acercó a su más estrecha colaboración porque veía en él un hombre peculiar a la altura de las circunstancias, como el caso de Nelson Mandela con Oliver Tambo en Sudáfrica.

Desde 1973 a 1976 es asignado a una tarea muy difícil, concienciar a la población, organizarla en torno al movimiento Polisario, aislar en su política a la potencia colonial y frenar el saqueo de los recursos naturales. Así en 1975, junto a sus compañeros de militancia de los que destacaría a Mohamed Luali Akeik, se convertiría en el autor intelectual de la acción que logró paralizar la cinta transportadora de los fosfatos de Bucraa entonces explotada por España. Mahfud fue también el negociador conciliador que acompañó a Luali en 1974 en el primer encuentro en Mauritania con Jalihena uld Rashid, el personaje que la España franquista ideó, en su táctica dilatoria para permanecer en el territorio, como presidente del Partido Unión Nacional Saharaui, PUNS, creado por la metrópoli. Y fue el político que, tras la proclamación de la República Saharaui, diseñó casi todas sus instituciones, con un excepcional hecho histórico que él mismo reconoció en ciertas ocasiones al constituir el parlamento antes de la proclamación de la República convirtiéndose en su primer presidente. “Hay que decir que esa articulación es un poco peculiar porque el hecho de que un Parlamento nazca antes que el propio Estado es una cualidad distintiva de la sociedad saharaui”, afirmaba Mahfud en una entrevista en Rebelión en noviembre de 2008. Fue un negociador duro de roer por sus adversarios marroquíes en las negociaciones de Houston en 1989 y de las distintas rondas negociadoras de Manhasset, Nueva York, entre 2008 y 2010. Para definir su papel como negociador valgan las palabras de Christopher Ross, enviado Personal del Secretario General de las Naciones Unidas para el Sáhara Occidental, “Mahfud Ali Beiba era un hombre honesto y un negociador sabio”.

La dimensión de la figura de Mahfud no se puede estudiar fuera del marco histórico de los grandes líderes políticos surgidos en África desde los años sesenta y setenta. En una reciente conferencia en Madrid sobre el conflicto saharaui tomé notas de una magistral intervención de la ex esposa del mítico líder surafricano Nelson Mandela, en la que se refirió a la figura histórica de Oliver Tambo. La Sra. Winnie Mandela para acompañar a los saharauis en su lucha tomó de referencia ciertas cualidades del que fuera cofundador del ANC y posteriormente su presidente, Oliver Tambo. Deduje un paralelismo objetivo entre ambas figuras y encontré que Oliver Tambo en su militancia en el seno del ANC fue un auténtico caso a comparar con la vida y trayectoria política de Mahfud Ali Beiba. Mahfud es uno de los grandes políticos saharauis que nunca perteneció al ala militar, sí perteneció al Polisario desde su creación en 1973. Fue un dirigente revelación descubierto por su líder, Luali Mustafa, en la reunión de Ain Bentili tras el abandono español y la disolución de la Yemaa general, que representaba a los saharauis en la Cortes españolas.

Siguiendo con las similitudes entre ambas figuras de la Historia africana, Mahfud señalaba recientemente que a la juventud hay que darle su espacio y crearle su programa de continuidad en el proceso saharaui. Oliver Tambo en los duros años de su militancia contra el sistema del apartheid creó el "Programa de Acción" en el que desde su exilio ideaba cómo boicotear, hacer desobediencia civil, huelgas y la no colaboración con el régimen del apartheid. Mahfud fue el primer bauah[1], emisario que el Polisario envió en los años setenta a las comunidades saharauis que vivían en el sur marroquí y en Mauritania, sobre todo los estudiantes universitarios, para crear un programa de acción en torno al nacionalismo saharaui contra la potencia y las pretensiones extranjeras, como recordaba Mohamed Lamin uld Ahmed, durante el sepelio de Mahfud. A su regreso de esa misión según recordaba Embarec uld Ehdeib, el entonces joven dirigente afirmó “he constatado de mi viaje que todo es posible, adelante compañeros”, como el buen bouah de su frig que fue.

Tambo en 1955 se convirtió en Secretario General del ANC, y Mahfud Ali Beiba, tras la caída en combate de Luali Mustafa Sayed en 1976, ocupó el cargo de Secretario General del Polisario hasta celebrado el III Congreso donde fue elegido Mohamed Abdelaziz como nuevo líder al frente de la organización política y militar del Frente Polisario.

Mahfud en estos últimos años centró su atención en la metodología a seguir para apoyar la lucha pacífica saharaui a través de la instancia legislativa, el Parlamento. La defendió en muchas conferencias y entrevistas con congresistas estadounidenses, parlamentarios y dirigentes políticos de muchos países del mundo. Mahfud tenía una conciencia absoluta de sus ideales y la continuidad en la consecución a las aspiraciones de todos los saharauis. Resumía en éstas líneas su inconfundible apuesta por ese inalienable derecho de su pueblo. “Puedo decir sin que me tiemble el pulso que he invertido 35 de los 55 años que tengo en este proceso y que sé que no ha sido en vano porque en este tiempo se ha consolidado la identidad saharaui. Hoy por hoy, desde La Habana, hasta el golfo arábigo, desde Finlandia, hasta Sudáfrica, toda nuestra gente se sabe parte, no ya del pueblo saharaui, sino parte del POLISARIO, como representante legítimo de este pueblo”.

Tuve la suerte de presenciarle y escucharle en 1998 en una entrevista de aquel histórico programa de la Cadena Ser que realizaba y dirigía Iñaki Gabilondo, un especial realizado desde la wilaya de Smara. En la entrevista con Gabilondo Mahfud afirmaba que nuestro proceso no puede ser sino concebido como en movimiento y transformación hacia su buen puerto. Mahfud en una pregunta que le hacía el periodista sobre el impase del proceso, respondía en una frase que se me ha quedado grabada para siempre, “la naturaleza no admite el vacío, igual que la política, los saharauis alcanzarán con su proceso sus aspiraciones a la libertad y la soberanía sobre todo su suelo patrio”.



En tu memoria, amigo

No lo dudes querido Mahfud,
sereno en tus ideas
con tu certero y profundo sueño,
que un día ejerceremos soberanía
desde las riveras de Saguia
a los confines del Río de Oro.

Siento que te vas tranquilo
y te veo como un verde
arbusto de nuestras acacias,
como los brotes de
ter, de lehbalia y anish
que sentiste crecer
en el barrio Casa Piedra,
en el barrio Pon tu mano,
en el barrio Las Colominas,
en el barrio Los Despojados,
o en el insurrecto Maatala,
en sus callejuelas y esquinas.
La bendición de Dios
que hoy ofrenda tu marcha.

Verás donde estés que El Aaiun aún
tiene las calles cuajadas de tu sangre,
tiene inagotable ansia de libertad.
Hoy alzan tus ideales, hijo del barrio,
al grito de los nuestros.
¡Sacad las banderas a las calles y gritad!
¡La badil La badil an tagrir el masir![2].


A los catorce días de habernos dejado, nos quedamos todos los saharauis con tu mejor legado, tus enseñanzas y tu perseverancia en no cansar ni ceder antes de la recuperación de toda la soberanía sobre la patria saharaui. Recordaremos siempre tus sabios planteamientos y adhesión a la identidad nacional cuando recientemente dijiste algo así como que “si algún día los saharauis quieren ser “otros” yo no seré ese “otro”. Tampoco nosotros queremos serlo.

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[1] Persona de especial inteligencia y capacidad exploratoria que enviaban los nómadas saharauis a buscar los lugares de agua y pasto para posteriormente trasladar a todo el frig

[2] No hay otra solución que la autodeterminación, lema más escuchado en las manifestaciones pacíficas de la resistencia saharaui en el Sahara ocupado.

 

Bahía Mahmud Awah

 

 Desde el cielo  

*Del blog Sahliya
 

Muchas veces suelo recordar el pasado mirándolo desde el cielo. Me imagino volando sobre un ave de enormes alas extendidas. El ave vuela en silencio, como yo, sin aletear. Sólo planea por encima de mis recuerdos.
Hubo un tiempo que me servía para poder conciliar el sueño.
Antaño, cuando apenas era un niño, antes de dormir me entretenía en la oscuridad viendo enormes rebaños de ovejas blancas deslizarse debajo de mi, era como si flotara en la oscuridad y debajo de mi aparecían miles de ovejas que salían de todas partes y que se dirigían a todas las direcciones; no tenían dueño, ni les seguía ningún pastor, eran ovejas libres.
Con los años perdí la facultad inocente del entretenimiento y desaparecieron las ovejas. Ahora están en mis recuerdos.

En las noches de soledad, cuando se hace imposible dormir, voy entre las alas del pájaro de sueños, reviviendo el pasado y viviendo experiencias del presente. Primero la perspectiva aérea, el mapa, el horizonte, los espejismos, luego voy bajando hasta el sitio de mis recuerdos.
A veces me veo jugando en el patio del colegio, el maestro me observa con la mirada de su adiós precipitado, repentino. Voy corriendo entre el polvo y el humo de las bombas y proyectiles que caen del cielo, entre gritos y llamadas de socorro…mi corazón me aconseja ponerme sobre el otro costado, al hacerlo espanto ese recuerdo y recupero la serenidad viéndome con mi madre que ordeña las cabras, me gusta escuchar el sonido que hace la leche cuando cae en el cuenco; suena a hogar, a calor, a los abrazos de una madre. Otras veces rememoro el beso que ha cambiado mi vida, el que permanece, la boda, los bautizos, la familia.
Pero también veo amargura, veo tristeza sobre la geografía de mi tierra, en los rostros del exilio, en las calles ocupadas, las muecas de la impotencia de mi gente; escucho los llantos de su rabia, los gritos de su silencio. Me desvelo. Un niño me saluda, levantando una bandera con los colores del futuro, en una calle de mi ciudad de tristezas, que se llena de esperanza. Duermo.

Muchas veces he vuelto sobre los mismos rincones de mi pasado y siempre encuentro algo que recordar, algo que revivir, algo que descubrir. Por eso, cada vez que el sueño se ausenta o llega tarde, yo me entrego a un viaje de ilusión que me lleva hasta el fin de la imaginación.
Anoche estuve acompañando, a una caravana de dromedarios blancos que cruzaba el Tiris hacia poniente, iba hacia el mar

 

Mohamed Salem Abdelfatah. Ebnu

 

Al Sahara en patera  

*Del blog Sahliya
 

Esto, antes, era el mundo de las cabras, toda la vida de pastor hasta que acabaron con mis cabras y con su mundo y con el mío. El turismo se comió mis cabras y sólo me queda este paseo por el puerto y poder hablar de aquellos tiempos que se nos escaparon sin darnos cuenta.

¿Y tú por qué vienes al puerto? “Yo quiero ir al Sáhara.”

¡El Sáhara! Yo estuve hace años ¡La cantidad de cabras que llevé yo al Sáhara, muchacho! ¿Y cómo te vas a ir? ¿En barco?

“No, me iré en una patera” ¡¿Qué?! “En una patera... un cayuco”

¡Al Sáhara en una patera, ¿Tú estás loco, chico?!

La idea venía rondando en su cabeza desde hacía bastante tiempo y la había compartido con sus amigos, pero todos pensaban que sólo se trataba de una broma. Sólo el viejo del muelle sabía que hablaba en serio. “Ten cuidado, muchacho, el mar es muy peligroso”

Lo había calculado todo, agua, comida, cosas que creía necesarias para la travesía, hasta le puso nombre a la barca, Esperanza escribió con el verde, el rojo y el blanco, tres colores para nueve letras y para un sueño. Estuvo yendo a la biblioteca y estudió mapas y midió distancias, ¡Sólo 90 kilómetros! ¡48 millas! Y una noche de verano zarpó en dirección al Sáhara. Adiós, amigo, dijo abrazando al viejo. Suerte, hijo.
Confiaba en las estrellas y sabía que lo guiarían hasta la costa de su sueño. Nunca se perdió en el desierto y el mar ante sus ojos era un inmenso y oscuro desierto. Tienes que ir en ésta dirección, le dijo el viejo, señalando el sureste, si te apartas puedes aparecer en el fin del mundo. Él sabía qué constelaciones poner entre sus ojos, qué estrellas seguir, sin embargo se llevó una brújula por si hiciera falta.
Pasó toda la noche siguiendo el brillo de una lejana estrella que resplandecía en el horizonte y que le animaba a dominar los avatares de atravesar el piélago, como si cruzara el gran desierto.

 

La noche acabó y un rayo de sol le acarició la frente helada. Y de repente el silencio en medio de la nada. La ausencia de ruido le delató su soledad y sintió miedo. Pero el sol salía por el sitio adecuado, el viento, la corriente, todo irá bien, se prometió. A mediodía vistió su daraa y se enrolló el turbante y se recostó entre las olas, mientras el viento lo llevaba hacia su destino. El cansancio, el sueño, los espejismos, ¡Tierra a la vista! Las gigantes dunas, el recibimiento, la multitud que saludaba, que gritaba su nombre y que clamaba por un abrazo, por un saludo ¡Qué felicidad! ¡Qué alegría!

Tres días después, el viejo, en un bar del puerto, escuchó la noticia.

 

El cuerpo sin vida de un joven, al parecer de origen saharaui, apareció en la costa sur de la isla de Fuerteventura. Viajaba en una patera que apareció encallada en la playa.
Lo curioso, declaró La Guardia Civil, es que no se trataba de un inmigrante ilegal. El fallecido, tenía Residencia Permanente en la isla. Se ignora si viajaba acompañado y de dónde procedía
.

El viejo deambuló toda la tarde sin rumbo, hasta que cayó la noche y se sentó en el muelle mirando el horizonte. A lo lejos bailaban, al son de las olas, las luces de la añoranza y del sueño de una esperanza

 

Foto: www.lasonet.com/sahara/sh-199.htm

Mohamed Salem Abdelfatah. Ebnu

 

Ebnu  

Ebnu*Del blog Sahliya

Ebnu, el nombre con el que firmo y con el que me llaman mis amigos, surgió una mañana de invierno de 1976, en la escuela de uno de los primeros campamentos de refugiados saharauis en territorio argelino.
Baba, uno de los maestros del exilio, tenía la tienda-aula llena de niños, e intentaba en medio del alboroto recoger sus nombres para la lista de clase. Cuando me señaló a mí y le dije mi nombre, se quedó mirándome durante unos segundos.
- Eres “Ibnu chahid” dijo mientras ordenaba a los demás niños que hicieran silencio.
Yo que por aquellos días oía mucho la palabra “chahid” asentí, moviendo la cabeza.
- Su padre perdió la vida en un bombardeo de la aviación marroquí. Es hijo de un mártir de la revolución- sentenció el maestro, mientras los niños me buscaban con sus miradas.
Desde ese día el maestro y todos los niños de la escuela empezaron a llamarme por el sobrenombre de “Ibnu chahid”, el hijo del mártir.
Yo comencé a responder al nuevo nombre sin saber que con los años iba a formar parte inseparable de mi vida.
Al principio no me sentía cómodo con el nombre. Me parecía que me estaba apropiando de un nombre que no era sólo mío. Había muchos niños y niñas que habían perdido a sus padres en la guerra y nadie les llamaba por ese nombre, por qué iba a ser yo diferente.
Sin embargo, a medida que iba pasando el tiempo, mi verdadero nombre fue perdiendo la batalla , sólo servía para identificarme en las listas de la escuela, y muchas veces ni siquiera eso, porque en la mayoría de los casos era sólo un número. Salvo mi familia, que nunca dejó de llamarme con mi verdadero nombre, el uso de mi nombre de pila iba a ser relegado exclusivamente a documentos oficiales, o a las innumerables listas donde nos inscribimos, muchas veces sin saber por qué.
Con los años y cuando ya lo tenía asimilado, mis amigos más cercanos comenzaron a llamarme simplemente Ibnu o Abnu, economizando de esta manera el nombre. El primer poema que escribí lo firmé con Ebnu, que era según me parecía, la mejor manera de que su pronunciación en castellano se pareciese a la del Hasanía.
Ibnu era muy árabe y muy clásico y Abnu en español era raro por la sonoridad de la A con relación a las demás letras y se alejaba de la pronunciación en Hasanía.
Así que soy hijo, soy ebnu de una estirpe condenada al martirio, somos cientos de hijas e hijos de mártires, somos miles de hermanos y hermanas de mártires, somos padres, somos madres de cientos de mártires. Los saharauis somos hijos de unas circunstancias incomprensiblemente adversas. Aunque nuestra causa es justa, y objetivamente clara, nuestro destino parece ser el abandono, el olvido.
Nuestra es la tierra, nuestro es el mar, el Sáhara jamás tuvo más corona que un turbante o un trozo de melhfa y la inmensidad de un cielo azul y por su libertad estamos decididos a morir.

¡TODA LA PATRIA O EL MARTIRIO

 

Mohamed Salem Abdelfatah. Ebnu

 

 EL CORREO. 28/07/2010 

 

ALI SALEM ISELMU. VICEPRESIDENTE DE LA COORDINADORA DE INMIGRANTES Y REFUGIADOS DE ÁLAVA, KIRA Escritor saharaui
 

A lo largo de la historia de la humanidad, siempre ha habido determinados grupos que han levantado la bandera de alguna ideología excluyente y sectaria para arremeter contra otros creyendo siempre que son superiores, que están legitimados mediante la violencia verbal y física para imponer su odio dentro de la sociedad. Aquí, en Álava, somos tolerantes y hasta ahora hemos convivido en paz, a pesar de algunos hechos aislados y conductas racistas que son minoritarias. Nuestra obligación es rechazar a los elementos que originan la intolerancia, aceptar la inmigración dándole la oportunidad de integrarse y ser parte activa en la sociedad.


Cada uno de nosotros debe entender que la aceptación del otro está en nuestra actitud y forma de pensar, cuando seamos capaces de asumir nuestras diferencias, terminaremos encontrando lo que nos une para luchar juntos por hacer de nuestro planeta, el planeta de los derechos humanos y la justicia. Asumamos los valores humanos que hay en estas palabras del premio Príncipe de Asturias, Zvetan Todorov: 'Los bárbaros son los que consideran que los otros, porque no se parecen a ellos, merecen ser tratados con desprecio o condescendencia'. Los senegaleses que sufrieron el ataque racista de Lantarón sólo querían ser respetados.

 

 Tindouf

 

Tindouf es el nombre de una Wilaya argelina que se ha colado en la vida y memoria de los saharauis en general. Una basta región sureña que abarca la vida y la muerte indistintamente y que abarca también el exilio. Engloba, tanto a argelinos como a saharauis. Hoy en día ese nombre elude únicamente a los saharauis, inclusive para los mismos argelinos.


Tindouf, como Wilaya o región, cada año se rinde sin discusión a dos estaciones: el verano y el invierno. En la seca, su tributo es quizás más evidente y descarado, los habitantes se codean con la muerte y la exasperación a ras de la perdición. En la estación del frío, simplemente se congela todo, hasta la arena que se cuela en los lugares más insospechados y, acostumbrada a vagar por el extenso desierto como y cuando le venga en gana, se rinde a tal frío y se aglomera calladamente aquí y allí buscando como todos, un rincón cálido donde resguardarse. El otoño y la primavera, tampoco deparan buenos momentos, por un lado las moscas y por el otro el magnánimo siroco del Sahara. O sea, que la vida se reparte entre bofetadas y torturas venidas del más allá. El más acá, ese que deambula por los campamentos de refugiados saharauis, disfrazado de pacificador universal, se esconde detrás de una carcajada desmerecida; se burló tempranamente de la suerte e inventó el porvenir y la espera, a base de pan y agua e intenciones. Mientras, nuestras almas imploran, desde hace años y desde el mismo lugar, que cesen los castigos y los maleficios. Amén.
Todos los refugiados vemos a Tindouf como un mal o un bien necesario, depende como lo miras es una cosa u otra. Los argelinos de la ciudad nos llaman “kurdos”, -en cuba, nos hubieran llamado “palestinos”-. Sabemos que no nos desprecian, aunque a veces nos cachetean a propósito. Es en definitiva donde nos tocó vivir, eso si, por tiempo limitado. Tan limitado que a mí me dio tiempo para vivir en tantos sitios diferentes y asomarme de vez en cuando para ver si aún mi gente sigue allí o no y, también les dio tiempo a mis padres de exasperarse hasta morir.


La ciudad de Tindouf, evidentemente copada por nativos locales, entremezclados con nativos de origen saharaui, se mueve a ritmo de los tambores saharauis y éstos se aprestan a comprar cada día el pan y las verduras pagando con dinero francoargelino, sin saber el precio. Sus habitantes, mayoritariamente militares, se hacen eco de que el saharaui es un ser que deambula por los alrededores de la ciudad y, se apresuran sin reparo a pedirles credenciales cada vez que entran o salen, con un fusil apuntándoles y listo para disparar. Los controles argelinos descaradamente se multiplican para pedir algo a cambio de no apretar alguna tuerca. La ciudad, infestada de Pan, cigarrillos asquerosos, y ropa falsificada, se enorgullece de su libertad en las narices de los exiliados saharauis y, la policía nos recuerda en cada esquina que pagar tributos es un mal necesario, por aquello de, “alimentar a su familia.” En Tindouf, todo es falso y descarado y esta muy lejos, para que alguien venga a decir que eso no es ético. Los saharauis quisiéramos denunciarles, pero no estamos locos para hacer eso.


Yo por mi parte, que crecí allí, soy uno de sus mejores amigos. Me vio corretear por sus desérticas calles, es donde tomé mi primer helado y tuve mi primera pelea. Me despedí de Tindouf en un atormentado verano, pero nunca la olvidé y menos a los refugiados que viven en los alrededores. Más tarde, a pesar de todo y que yo preferí otros lares para vivir, Tindouf aún me sigue recibiendo con los brazos abiertos, si bien nunca me ha invitado a nada y si lo hace, siempre pago yo.

 

Chejdan Mahmud

 

Aichatu

 

*Relato aparecido en el último número de la revista Shukran


Aichatu nació temprano, apenas llegados los saharauis a Tinduf. Su suerte desde entonces, depende de unos y de otros. Creció como cualquier niña saharaui, entre dunas, piedras y jaimas, tropezando de vez en cuando con juguetes roídos por el uso. Aichatu es bonita, su cara y su suave sonrisa la delatan, sus ropas heredadas la abrigan debidamente y a veces la hacen elegante.

Es muy risueña y vergonzosa, agacha la cabeza con cada gesto o mirada extraños. Aichatu es una semilla que brotó en el exilio y aunque nació en tierra extraña y bebió agua también extraña, la mano que sembró esa semilla y la hizo crecer es tan saharaui como la tierra que perdieron.

No conoce otra tierra ni otro mundo más que el lugar donde nació, la “hamada” argelina y, que jamás podrá ser suya. Su suerte es esperar a que pase algo. Su Sahara, está al otro lado de la frontera, a ambos lados del muro, a pie de playa, de acantilados y donde las dunas juguetean día y noche con la mar. Su Sahara donde vienen a hacer un alto en el camino y aprovisionarse cuanto ser desee y, ver y saludar al sol de más cerca inclusive pasearse con él, sin pedir hora; su Sahara donde la noche invita a contemplar el espectáculo natural más bello del mundo, las estrellas, un espectáculo interactivo que se repite cada noche.

Aichatu, apenas es una niña y su primer viaje, lo vivió temprano irremediablemente. Se fue a un viaje a la amistad, se fue a encontrarse con otra familia de otra cultura, para prestarle su corazón y contarle cuentos inverosímiles que sus superprotagonistas le son muy cercanos, viven en su propia jaima y en la del vecino. Ella apenas conoce su realidad y menos otras.

En Barcelona, rehuyó de todos cuantos la rodeaban, su atención estaba fija mirando un rascacielos, lo contemplaba de arriba abajo y de repente solo pudo exclamar, sin apartar la mirada y señalándolo:

-¡¡¡Vaya qué cocina más grande tiene esa familia, es mucho más grande que la de mi madre!!!

Más allá de esta inocente reflexión, hay otra y muchas más que Aichatu irá desvelando o exclamando, inclusive cuando tenga mayoría de edad y las jaimas echen raíces en la mismísima Barcelona. Su inocencia entonces, irá al clan de los concientes guerreros por la independencia y el café después de la manifestación. En otro lugar la sombra es más densa y la vida se viste de Té.

 

 

Chejdan Mahmud

 

 Exilios, VII. "passaja" (taxi) o la posguerra  

 

         Un coche, dos, tres, cuatro y así hasta que te canses de contar, esto es en cualquier parada de “passaja” de los campamentos de refugiados saharauis y, en otras ocasiones no puedes contar ni uno. Su presencia allá donde fuere, poca o mucha, colma al corazón refugiado que sacia su inquietud viajera con verlos ir y venir. Es indistinta su clientela, se cobra la plaza y se abre la vereda. El conductor bien escondido detrás del turbante y gafas oscuras, apura el último guiño a alguna pasajera que le merece mucho más que eso, talvez, una vuelta más por las ruinas de una casa de adobe abandonada.
       Los coches de “passaja”, inauguraron la era posguerra, se pasaba radicalmente del patriotismo social al capitalismo. Entonces demasiados cerebros desocupados, creyeron y crearon otra forma de vida, una vida someramente distendida y particular.
        En los tiempos de guerra había un bloqueo de ideas, impuesto por las necesidades reales del momento. Era y es, más urgente recuperar lo perdido que ninguna otra cosa y, por eso se sacrificaron vidas y vidas. En la guerra, no valían las medias palabras ni el regateo ni siquiera una conversación serenada. La contienda acabó como empezó, intervino el mundo unido y sesgó nuestras razones con una promesa que como antaño no se cumplió.
       Cosas como estas no las digo yo, se dan en la gran mesa redonda móvil, que es el coche de “passaja”, donde se sientan contertulios disparatadamente distintos, diametralmente opuestos y contemporáneamente alejados. Una gran mole de palabras y lenguas que roza lo absurdo, se despereza para rememorar la guerra inacabada y el presente nefasto. El camino de las ideas que independizarán al país, apenas alcanza los treinta kilómetros o quizás cuarenta. El coche de “passaja”, se estropea en el camino y tú pagas lo mismo, es menester decir lo contrario al pobre conductor.
       La plaza le sale rentable al dueño del vehículo y talvez no, su negocio está en otros Lares y en otras manos, a saber porqué esta en este. Las noticias frescas del día o las anécdotas más dispares, solo se sirven en un coche de “passaje”, no te engañes. En el Sahara lo caro sale gratis a los dirigentes. Hoy los muy revolucionarios y grandes patriotas no paran a nadie en el “control”. A mi paisano saharaui que no es dirigente, más bien de la vanguardia, le vale con la comodidad del “mercedes 190” para llegar a su destino y luego preparar su dinero para adquirir un coche que utilizará como “passaja” de seguro.
       Que viva la paz mientras esperamos la guerra y, que viva el capitalismo, al final y al cabo, a estas alturas de la vida, es la forma más lógica de vivir, si no tienes aún una guerra pendiente o si.

 

 

Chejdan Mahmud

 

 La Tabla de Multiplicar

 

 

Tabla de multiplicar

El frío de la mañana achataba el cerebro y una nube helada envolvía el ancho espacio de la clase y nos obligaba a acurrucarnos en las mesas buscando alguna rendija de calor, mientras tanto, un vacío de hambre estrujaba  nuestros estómagos y desde algún oscuro pozo de pellejo de la mesa de al lado se elevaban maullidos como si alguien tuviera allí un gato oculto en sus entrañas. Durante aquellos meses el maestro nos abrumó con la tabla de multiplicar, ¿no podía haber elegido otro mes más cálido para esos ejercicios? No había terreno fértil para los números en mi cabecilla, alojaría de buenas ganas panes, cuentos, lentejas, dibujos, zapatos, geografía, abrazos cálidos que me podían amparar del riguroso invierno que barría la Hamada entera.

 

Uno podía asegurar que hasta la tabla del Cinco el camino era relativamente fácil, pero desde la del Seis y sobre todo la del Siete, Ocho y Nueve, (descontando la del Diez) no había manera que los aprendiera y más cuando mis dedos se entumecían  y de las ventanas de mi nariz chorreaba niebla y agua.

 

Al maestro parecía que le divertía nuestra ignorancia con la tabla y cuando anunciaba su referida orden, sus ojos llenos de chanza, pillería y maldad a partes iguales se dilataban. Era un ser aburrido, sus exposiciones eran tediosas y carecía de metodología educativa, nunca nos enseñó estrategias, ni trucos, ni nada original para socorrer nuestras desabrigadas memorias frente al tedio de la tabla de multiplicar y ante la lejanía de los consejos luminosos de nuestros padres.

-Saquen sus pizarras – ordenó con la típica expresión reflejada en su semblante picado como un pedazo de carne. Mientras colocábamos delante de nosotros las pizarritas, el maestro facilitaba a cada uno una tiza para escribir el ejercicio, después iba directamente al grano:

Vamos a repasar la tabla de multiplicar, decía, me imagino que todos la han memorizado desde la primera a la última. Ahora atención: Si les digo 4x4 anoten directamente la respuesta y cuando yo golpeo la mesa con el palo, quiero que  todos levanten las pizarras.

 

El maestro comenzaba a dictar las fórmulas: 2x3 y todos  plasmábamos la respuesta lo más rápido que podíamos, mientras tanto él daba una vuelta por las mesas para verificar las respuestas. De nuevo: 3x9 y con su palo de madera golpeaba otra mesa; cuando se percataba que todo el mundo estaba  respondiendo de manera satisfactoria, fruncía el ceño y saltaba a otra tabla: 5x5, ante esa combinación mágica (mágica por fácil) dejaba pasar una larga pausa, mientras nosotros nos recreábamos en una respuesta que ya dábamos por bebida y comida. En seguida cambiaba de parecer y soltaba con voz aguda: 8x 6 y sin darnos oportunidad a pensar la nueva respuesta golpeaba la mesa con el palo para que todos levantáramos la pizarrilla.

 

En medio de la confusión no éramos pocos los que errábamos, entonces él empezaba a pasearse como triunfador de mesa en mesa viendo, señalando, corrigiendo y castigándonos con más deberes como escribir en el cuaderno cincuenta o cien veces la tabla de multiplicar.

 

 

Limam Boisha.

 

 

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    La otra mejilla

   

   
    Tengo mucha sed,
    estoy muy cansado,
    pero el agua que se ve a lo lejos,
    bien lo sé yo, sólo es un espejismo.
   
    ¿Qué hacer después de poner la otra mejilla?
    ¿Qué hacer cuando se agota la paciencia?
    ¿Qué hacer cuando se acaba el día?
    ¿Qué razones maniatan la ira?
    ¿Qué pasión anima a retar la tormenta,
    a rezar en la vaguada seca de la espera?
     
    Hijo, sólo nos queda la muerte.
   
    Yo ya he puesto mi otra mejilla.

   

   

     Ebnu

 

 

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