Desde
aquí Ud. puede saber quienes somos y porque estamos
Presentación
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La
Generación de la Amistad saharaui
Gracias
al esfuerzo de un grupo de intelectuales españoles, mención especial a
Ricardo Gómez, Gonzalo Moure, Maria Jesús Alvarado, Juan Carlos
Gimeno, Antonio Polo y Ana Rosetti; gracias también al empeño y
trabajo de los periodistas Bahia Awah y Conchi Moya, un colectivo de
escritores saharauis pudimos constituir La Generación de la Amistad en
julio de 2005 en Madrid.
La
denominación “Generación de la Amistad” está cargada de sentido:
Amistad del grupo de poetas que hemos compartido diferentes
experiencias, infancia, exilio, estudio, trabajo en los campamentos;
Amistad como saharauis con los españoles que nos han apoyado,
escritores, profesores e instituciones; Amistad del pueblo saharaui con
otros pueblos, como el español, el argelino, el cubano y tantos otros.
En
esta nueva plataforma de expresión de la cultura saharaui, aunamos
nuestras voces, nuestra protesta y denuncia de la difícil situación
impuesta al pueblo saharaui desde la invasión marroquí. Treinta años
llevamos despojados de casa y patria, treinta años de desesperada
espera. Sin raíces, sobrevivimos aferrados a la esperanza del retorno,
muchas veces náufragos en el océano de los recuerdos.
Si
bien es verdad que algunos no nos conocíamos, la mayoría de los
componentes del grupo ya eran compañeros desde temprana edad. Pero el
nombre Generación de la Amistad refleja además el agradecimiento a
todos esos amigos que han contribuido al conocimiento de la literatura
saharaui, regalándonos su cariño y presencia, aún en la distancia.
Nos
definimos como escritores saharauis en castellano en reivindicación de
ese rasgo que nos distingue como el único país árabe que habla,
piensa, sueña y siente en español. Idioma en el que brota no sólo la
ahogada rabia, la rabia furibunda y la desesperanza, sino también la
risa alegre, y hasta la carcajada, el amor recatado y la pasión
desenfrenada; en definitiva, esos pequeños y grandes detalles que
conforman nuestra existencia.
Nos
hemos marcado una meta, un objetivo primordial: hacer llegar la voz de
los saharauis a todos los rincones del planeta a través de la poesía.
Nuestra
creación poética refleja antes que nada la situación en la que se
encuentran los saharauis. Nuestros versos son las reivindicaciones y las
aspiraciones de todos los saharauis.
Nuestros
versos están obligados a mancharse de la sangre de nuestros hermanos y
hermanas en las zonas ocupadas.
Nuestros
versos están a la disposición de los saharauis que llevan más de
treinta años soñando con volver a sus casas, soñando con regresar a
su tierrra en libertad.
Son
versos de amor y de arena, de sangre y de sudor, de sed y espejismos, de
sueños y esperanzas.
Los
temas de nuestros libros son universales como toda poesía, sin embargo
tienen el sello del destino y de la guerra, como todo lo que rodea a los
saharauis.
La
poesía es nuestra arma de lucha en esta contienda, en este combate
contra la agresión, ocupación y contra la represión de los saharauis
en las zonas ocupadas.
Por
el sendero de la no violencia transcurren nuestras andanzas en pro de la
independencia; nuestras armas son la palabra, la poesía, ese arma
cargada de futuro, que, con el permiso de las musas, seguirá siendo
nuestro instrumento de lucha predilecto. Sin más preámbulos, pues,
permitamos que batallen las palabras.
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UN
ACERCAMIENTO A LA POESÍA SAHARAUI EN LENGUA CASTELLANA
Francesca
Gargallo*
Revista
Tinta Seca. México, octubre 2006
Los
poetas son los verdaderos creadores de los mitos. Ni los filósofos ni
los sacerdotes pueden, en efecto, decir el todo de una manera tan
sucinta como para explicar los sentimientos de asombro, de pérdida o de
deseo que nos revelan como humanos. Querer saber es, en realidad,
nuestro deseo más profundo: saber qué nos hace tan distintos e
iguales, saber la metáfora y la historia íntima del mundo. Así la
poesía expresa un único anhelo en cientos de expresiones particulares,
pues se pliega a las condiciones de la vida y genera mitos distintos: el
clima. La historia, las formas de amar, las condiciones del exilio y la
resistencia son los ingredientes de una expresión propia.
Las
y los saharauis, esos hombres y mujeres cuya sonrisa espejea el sol y
cuya hospitalidad es proverbial, tienen una poesía que ha ido cambiando
en los últimos treinta años debido a los avatares de su historia de
lucha, atravesada por la invasión marroquí y el exilio. En efecto, el
27 de febrero de 1976, a las pocas horas de la declaración de
independencia de la República Árabe Saharaui Democrática, el reino de
Marruecos y Mauritania le declararon la guerra para hacerse de sus
riquezas en fosfatos, pesca y petróleo. Desde entonces el español dejó
de ser la lengua colonia para convertirse para muchas jóvenes en la
lengua de sus estudios, particularmente en Cuba y en España. Eso es,
para convertirse en la lengua de su deseo.
La
historia saharaui hunde sus raíces en la noche de los tiempos, pudiendo
reivindicar cierta continuidad desde la época de las culturas neolíticas
africanas; a la vez que es muy reciente, hija de un movimiento
nacionalista anticolonialista que cuaja apenas en la década de 1970. La
lengua nacional saharaui, el hasanía, es de origen bereber y árabe, amén
que contenga préstamos de lenguas occidentales, como el español.
Cuenta con una tradición poética oral que se transmite de generación
en generación y que sigue brotando en la boca de jóvenes pastores nómadas,
músicos, militantes del Frente POLISARIO, periodistas, etcétera.
Cuando
en 1884, España se adueñó de esa porción del Sahara que se extiende
frente a las islas Canarias, el castellano se convirtió en la segunda
lengua de muchos saharauis. Después de la invasión marroquí, la
población que encontró refugio en el suroeste de Argelia y empezó a
organizar sus formas de gobierno en el exilio, planeó los estudios de
los jóvenes que terminaban la primaria en los campos de refugiados con
base en la solidaridad irrestricta de Cuba y del pueblo español. El
castellano adquirió así una característica latinoafricana que se
vuelca en la expresión de los poetas que lo han escogido como vehículo
de su creación de sentimientos míticos.
En
2005, un colectivo de escritores saharauis fundó en Madrid la
“Generación de la amistad”, un conjunto de voces poéticas que se
han convertido en una nueva plataforma de expresión de la cultura
saharaui. Ocho hombres y una mujer expresan en castellano su protesta y
denuncia de la difícil situación impuesta al pueblo saharaui desde la
invasión marroquí. Despojados de casa y patria, gritan lo que sienten
y al hacerlo construyen una balsa de versos para sobrevivir al naufragio
en el océano de los recuerdos.
Poetas
Saharauis:
Limam
Boicha, Chejdan Mahmud, Zahra El Hasnaui, Ali Salem Iselmu, Mohamed
Ali-Ali Salem, Bahía Mahmud Awah, Luali Lehsan Salama, Saleh Abdalahi,
Mohamed Salem Abdelfatah Ebnu
Francesca
Gargallo: escritora y filósofa italiana, afincada en México. Entre sus
obras destacan Días sin casura, 1986; Calla mi amor que vivo, 1990; Los
pescadores de Kukulcán, 1995 o Marcha seca, 1999
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Extracto
del PROLOGO A VERSOS REFUGIADOS,
de Carmen Valero Garcés (Universidad Alcalá de Henares)
Convicción
en la palabra
Generación
de la Amistad Saharaui
“Un
grupo de poetas saharauis que pretenden transmitir el sufrimiento de su
pueblo,
unidos
por historias de pastores que se perdieron persiguiendo sus sueños tras
una NUBE”.
Los
comentarios que siguen a estas líneas son retazos de otros autores que
antes que yo se dejaron atraer por las emociones de una gente que no
olvida – ni deja que se olvide-
su pasado. Me refiero a la Generación
de la Amistad Saharaui. Hago mías las palabras de estos escritores
que prologan las cada vez más frecuentes antologías y poemarios de este
grupo de poetas porque conocen mejor que yo la realidad de ese mundo y
porque intentar ser original sería repetir lo ya dicho.
“No
hace falta ser poeta para gritar lo que se siente, pero si el poeta grita
lo que siente, alzando su voz y su verso, la poesía se convierte en un
arma de combate, de resistencia, de lucha, de dolorosa protesta” dirá
Ricardo Gómez en el prólogo a la antología Aaiún: gritando lo que se siente (2006), donde presenta a un grupo
de poetas saharauis que luchan con la palabra por su tierra, por sus
recuerdos, por el olvido…. Y es ese grito el que retumba en los poemas
de este libro que tienes entre tus manos. Pero vayamos por partes y
situemos al poeta.
Bahia
Mahmud Awah, es confundador de la Generación
de la Amistad Saharaui. Dicho grupo nace en Madrid en julio de 2005 y
reúne a un colectivo que comparte ciertas características que merecen la
pena de ser mencionadas. Nacieron cuando España administraba el Sáhara,
en ciudades de nombres tan evocadores como El Aaiún, Villa Cisneros,
Tiris o Amgala, en los años comprendidos entre 1958 y 1972. Todos
tuvieron maestras y maestros que les enseñaron el español, la lengua en
la que no solo escriben sino en la que piensan. De adolescentes, cuando
España abandonó los territorios y comenzó la guerra, tuvieron que huir
de sus tierras y proseguir sus estudios, varios de ellos en Cuba, país
que les acogió y les regaló estudios secundarios y universitarios. Una
vez acabada su formación, volvieron a los campamentos de refugiados y,
pasado el tiempo, se convirtieron en exiliados en España. Aislados y
apenas sin contacto entre ellos se dejaron llevar por la nostalgia y
encontraron en la literatura y el español el camino para expresar sus
inquietudes.
Refresquemos
la memoria leyendo el comentario de Francesca Gargallo (2006): “Los
poetas son los verdaderos creadores de los mitos (…)
Las y los saharauis, esos hombres y mujeres cuya sonrisa espejea el
sol y cuya hospitalidad es proverbial, tienen una poesía que ha ido
cambiando en los últimos treinta años debido a los avatares de su
historia de lucha, atravesada por la invasión marroquí y el exilio. En
efecto, el 27 de febrero de 1976, a las pocas horas de la declaración de
independencia de la República Árabe Saharaui Democrática, el reino de
Marruecos y Mauritania le declararon la guerra para hacerse de sus
riquezas en fosfatos, pesca y petróleo. Desde entonces el español dejó
de ser la lengua colonia para convertirse para muchas jóvenes en la
lengua de sus estudios, particularmente en Cuba y en España. Eso es, para
convertirse en la lengua de su deseo.
(…)
La historia saharaui hunde sus raíces en la noche de los tiempos,
pudiendo reivindicar cierta continuidad desde la época de las culturas
neolíticas africanas; a la vez que es muy reciente, hija de un movimiento
nacionalista anticolonialista que cuaja apenas en la década de 1970. La
lengua nacional saharaui, el hasania, es de origen árabe, amén que
contenga préstamos de lenguas occidentales, como el español. Cuenta con
una tradición poética oral que se transmite de generación en generación
y que sigue brotando en la boca de jóvenes pastores nómadas, músicos,
militantes del Frente Polisario, periodistas, etcétera.
Cuando
en 1884, España se adueñó de esa porción del Sahara que se extiende
frente a las islas Canarias, el castellano se convirtió en la segunda
lengua de muchos saharauis. Después de la invasión marroquí, la población
que encontró refugio en el suroeste de Argelia y empezó a organizar sus
formas de gobierno en el exilio, planeó los estudios de los jóvenes que
terminaban la primaria en los campos de refugiados con base en la
solidaridad irrestricta de Cuba y del pueblo español. El castellano
adquirió así una característica latinoafricana que se vuelca en la
expresión de los poetas que lo han escogido como vehículo de su creación
de sentimientos míticos”.
Desde
su fundación la Generación de la Amistad Saharaui se ha convertido en una nueva
plataforma de expresión de la cultura saharaui en español. Algunas de
sus publicaciones lo atestiguan:
“Añoranza”.
Antología. Amigos del Pueblo Saharaui de las islas Baleares, 2002.
“Bubisher”.
Poesía saharaui contemporánea” Antología. Editorial Puentepalo. Las
Palmas de Gran Canaria, 2003.
“Voz
de fuego”. Mohamed Salem Abdeltafah, Ebnu. Universidad de las Palmas,
2003.
“Los
versos de la madera”. Liman Boicha. Editorial Puentepalo. Las Palmas de
Gran Canaria, 2004.
“Aaiun,
gritando lo que se siente”. Antología. Universidad Autónoma de Madrid.
Editorial Exilios, 2006.
“Treinta
años de exilio del pueblo saharaui”, CD con canciones tradicionales y
poesías en castellano de la Generación de al Amistad”, 2006.
Y
otras más que me consta están ya en la antesala, dispuesta a entrar.
Les
une la lengua- y con dolor: “Los poetas de la Generación
de la Amistad escriben en español, que fue uno de sus idiomas
maternos y la lengua en que han estudiado. Mientras ellos cursaban
estudios en el exilio, decenas de miles de niñas y niños refugiados en
el desierto mantenían el español a través de sus madres y maestras, en
viejos cuadernos, cartillas raídas y libros impresos en los países nórdicos.
Durante estos treinta años nunca el Ministerio de Educación español, ni
el Instituto Cervantes, ni la Real Academia u otras instituciones lingüísticas
han prestado la más mínima atención al hecho singular de que los
refugiados saharauis sean el único pueblo árabe que habla español, ni a
que desde hace tiempo haya habido poetas saharauis orgullosos de una
lengua en la que piensan y sienten”, es la queja de Ricardo Gómez y la
de muchos otros.
Y
añade:
“Nómadas
en España, dispersos en diferentes y distantes ciudades, cada uno hubo de
sobrevivir como pudo. Su formación académica ha permitido que alguno de
ellos trabaje como profesor de universidad o como traductor. Otros han
tenido que conformarse con ganarse la vida como recolectores de fruta,
camareros de bar, cristaleros o en centros de acogida de inmigrantes. En
todos los casos, la poesía les ha mantenido unidos en su intacto amor por
el Sáhara”.
Juan
Carlos Gimeno y Pedro Martínez Lillo en el epílogo a ese mismo libro
escriben: “Hay muchas maneras de contar la Historia, hay muchas formas
de contar historias y muchas historias que contar; y todo ello se puede
hacer en una diversidad de lenguas”.
La
Generación de la Amistad decidió
hacerlo en español y con poesía, convertida en una daga visible que
refleja el mundo que muchos quieren que sea invisible, inexplicable,
inexistente. Pero que estos versos revelan que existe y nos hablan de sus
campos de refugiados, de exilio, de separación, de represión, de invasión....
“La violencia padecida por los hombres y mujeres saharauis se constituye
en parte sustancial de la experiencia colectiva compartida por los
saharauis, fundiendo el pasado en el presente”, dirán Gimeno y Martínez
Lillo.
Y
en este presente he ido conociendo a integrantes de esa generación: a
Bahia como alumno, colaborador, compañero y amigo. A Zahra Hasnaui como
colega enredada en la profesión de enseñar y como participante en el I
Congreso Internacional de Traducción en los Servicios Públicos celebrado
en la Universidad de Alcalá de Henares en abril de 2005. Y a Chejdan
Mahmud Yazid, Mohamed Salem Abdelfatah, Ebnu,
Limam Boicha, Mohamed Ali Ali Salem, Ali Salem Iselmu, Luali Lehsan y
Saleh Abdalahi a través de sus poemas.
Son
poetas comprometidos que llaman a las conciencias de sus lectores, son
“escribanos” del pasado, son relatores de la historia de un pueblo en
la diáspora que guardan en sus cofres el pasado y que van abriendo poco a
poco.
“Estos
poetas, cuya historia está escrita en el éxodo, prestan su voz a los
saharauis silenciados en los territorios ocupados; al nombrar a cada uno
de sus hermanas y hermanos presos o muertos repueblan ciudades doblemente
vacías por la represión, de antaño y de ahora. (…) Nombrar a los
detenidos materializa sus cuerpos, recupera sus voluntades, sus ideas, sus
sueños, revitaliza sus luchas por alcanzarlos. Así como la poesía oral
tradicional saharaui enumera en sus versos los lugares de la badía, del
territorio saharaui, trazando una geografía colectiva de los
desplazamientos nómadas y de la vida que los hacía posibles, estos
poemas trazan una geografía del dolor y la resistencia que comparten con
sus hermanos del otro lado. Y con los lectores”, apuntan
Gimeno y Martínez Lillo de nuevo.
Sus
poemas permiten hacer del pasado no un objeto del recuerdo de
acontecimientos antiguos y olvidados, sino una experiencia vivida de nuevo
en el presente que utiliza, repetimos, el español como vehículo, un español
híbrido hecho de retazos. Un español que
“tiene
un aire de familia con el que utilizamos nosotros los españoles; pero éste
se haya enriquecido por una historia que lo reinventa desde coordenadas
diferentes, no sólo geográficas sino también históricas y
experimentales. Como en América Latina, este español bebe en la
experiencia de la conciencia del colonizado y de su lucha por el
reconocimiento de su estatus como un igual, no un subalterno. Este español
se ha forjado como un lenguaje de resistencia para sobrevivir a la presión
regional de la francofonía y construir un espacio propio y diferente al
de sus vecinos” (Gimeno y Martínez Lillo).
Pero
el español es además la lengua de las emociones, de los sentimientos y
sufrimiento, de las vivencias
personales. Como apunta Liman Boicha “el español es parte de
nuestra vida y no puede desaparecer”. Del mismo modo, los saharauis son
parte de nuestra historia y
no la podemos ignorar. “Nos podrán decir que somos árabes pero
España ha estado con nosotros más de cien años” añade Liman. Y
Gimeno y Martínez Lillo terminan añadiendo:
“Es
cierto que cien años de colonización española del Sáhara no son los
trescientos que España fue potencia colonizadora en América, pero
parecen bastante, y más si consideramos que no han pasado sino treinta
desde que lo abandonamos, mientras ya hace casi dos siglos que no estamos
presentes en América y sin embargo la consideramos parte de nuestra
historia. ¿Será porque los saharauis son africanos? Las posibles
respuestas a esta pregunta debieran llevarnos a reflexionar sobre la
naturaleza eurocéntrica de nuestra historia”.
Y
la Generación de la Amistad Saharaui nos lleva de la mano en esa
reflexión:
El
español utilizado en estos poemas, no habla por la boca del imperio, sino
desde
abajo y desde dentro… y nos habla a lo más humano de nosotros mismos.
Ahora que como españoles europeos somos tan del norte, corremos el
peligro de volvernos inhumanos: debemos escuchar al sur, porque cada paso
que damos hacia la autonomía que proporciona la riqueza nos hace un grado
más responsable de la miseria del sur, la miseria que nosotros mismos
hemos contribuido a crear. En el caso del Sáhara nuestra responsabilidad
es total y no puede ser ignorada, sino al precio de ignorar nuestro propio
lado humano, nuestro propio proyecto de futuro”.
Esos
poemas enriquecen nuestro idioma, amplían el horizonte de nuestra
experiencia en un momento de relación entre culturas en una España que
bulle; son
una bocanada de aire fresco que viene del desierto para recordarnos
que allí también se habla
español, que también se siente y se expresan las emociones en
nuestra lengua, una lengua- el español-
que se convierte a veces en barrera infranqueable para muchos que
acaban de llegar pero que es la lengua de estos poetas de la amistad que
tienden su mano y sus recuerdos.
María
Jesús Alvarado habla de la “melodía de la esperanza” en su prólogo
a la “Música del Siroco” (próxima publicación) y dice: “Porque en
tanto no recuperen su tierra, allí donde esté un saharaui, allí estará
el Sáhara. Allí donde esté su voz, estará la voz de su pueblo. Los que
luchamos por dar a conocer la realidad del pueblo saharaui, sabemos que
sus poetas son su corazón, y que en la medida en que extendamos sus
versos, estaremos llevando el latido del Sáhara al corazón del mundo”.
Referencias
bibliográficas:
Alvarado,
M. J. 2006. “Prólogo”, en La Música del Siroco, de Ali Salem Iselmu. Zaragoza, 2007.
Gargallo,
F. 2006. “Un acercamiento a la poesía saharaui en lengua castellana”,
Revista Tinta
seca de arte y cultura, México,
septiembre - octubre del 2006,
Gómez,
R. 2006. “A modo de presentación”, en Aaiun,
gritando lo que se siente. Universidad Autónoma de Madrid.
Editorial Exilios.
Gimeno,
J. C y Martínez Lillo, P. 2006. “Epílogo”, en Aaiun,
gritando lo
que se siente. Antología. Universidad Autónoma de Madrid.
Editorial Exilios.
Carmen
Valero Garcés
Dpto.
Filología Moderna
Universidad
de Alcalá de Henares, Madrid
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