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En nombre da la generación de la amistad saharaui, agradecemos de corazón su colaboración.

Aviso: esta Web, no se hace responsable de los contenidos u opiniones de las colaboraciones aparecidas aquí.

 

ÍNDICE

Los cubarauis y el verano - Deyar

El fin de the pasaja times - Deyar

Nuestro profesor de dibujo técnico - Abdurrahaman Budda Hammadi

La mina vacía de Rabuni - Deyar
Aprieta el verano.... a un mes del ramadan!!! - Deyar
Poesía - Emiliano Gómez López desde Uruguay
Olvido - Beatriz Martínez Ramírez

El viaje de Ramón - Mohaimidi Fakala

Olvido - Antonia Pons
Olvido - Salka Embarek
Poesía sin fronteras - Siboney del rey. Venezuela
Vivencias de un beduino - Hameiduha Ahmed Zein.
Cuando estuve en el desierto - Ateneo Acevedo. México.
Id al adha en el exilio - Maaruf Bouda.
Te dejo un sueño - Umberto Romano. Italia
Busca el camello del norte - Rosa Sánchez.
TINDOUF. DESTIERRO SIN MAR - Jesús Pastor Martín

NO ES FÁCIL AMAR ASÍ - Salka Embarek

A Nahsla, niña saharaui - Margarita Granados Macías
Son pacíficos - Conchi Moya
Leila Haidar  - Leila Haidar
Soñando un día... -  Sukeina Aali-Taleb

Mi tío Mohamed Salem - Abdurrahman Buda

Basta. - Beatriz Martínez Ramírez, socia del Club de Amigos de la UNESCO de Madrid.
Mar de arena _ Luis Leante
La “casa” saharaui _ Fernando Pinto Cebrián, escritor.

A vosotros, los poetas _ Mariola del pozo

¿La Nada? _ Mario Navarro

Busca el camello del norte

 

 

Mas  ruido, cuanta gente,

La piel cenicienta

Se abre camino

Pero en ti no pasa,

 

Hombre del sur,

El mar te llama

Hombre sin patria

Pero con alma

 

Busca el camello del norte

Donde menos te los esperas

Donde nunca pensaste

 

Háblale a tu pueblo

De las arenas nevadas

De corazones que aman

Entre montañas verdes

 

Hombre del sur,

Cuéntales donde está

El camello del norte,

Donde nunca pensaste.

Donde menos te lo esperas.

 

 

Rosa Sánchez, Cantabria,

dedicado al poeta saharaui Limam Boicha

 

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TINDOUF. DESTIERRO SIN MAR

 

 

    La luz se desploma en la tierra

y una pálida llamarada

se difunde sobre la arena:

el rey Sol, señor de la casa,

como en seco pozo sediento,

se asienta entre el fango  y el agua.

 

… Y entonces, entre sorbo y sorbo

de una taza de café, entonces

lees los sesudos análisis,

las noticias y los informes,

las viejas lejanas historias

de ahora, las resoluciones

de entonces, y al fin te atraganta

un amargo té que te absorbe…

 

     No hay horizonte: la conciencia

nunca ha entendido las sentencias

y el alma es un vasto desierto

repleto de vastas palabras,

juguetes rotos, ecos, niñas,

sueños desterrados y fotos,

banderas y vientos, y el Sahara,

decían entonces, se vierte,

río de oro, en mar salada.

 

Y a muchos mares de distancia,

compartes el aire, los oyes,

dicen libertad, como entonces,

como siempre, el sol y el Sahara.

 

 

Jesús Pastor Martín. Segovia, 2008.

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NO ES FÁCIL AMAR ASÍ

 

(A todos los presos políticos saharauis en huelga de hambre)

 

Para que todos los sepan,

yo no empeño tu memoria.

 

Yo, que he llorado con el honor de mis muertos,

desafío mi débil existencia para que libre la vida,

se aleje de mi cuerpo.

 

Mi verdad es de mérito,

que todos los sepan,

yo entregué mi alma al calor de mis huesos

transformados en lucha

para liberar la tuya.

 

Sí, me consta que no es fácil

mostrar tanto amor.

 

Soy consciente de que mi propósito contigo

es de un compromiso asombroso,

pero te diré que yo iba a ser estudiante,

pastor, traductor de idiomas, ingeniero,

un intelectual discreto, un niño viajante,

lucharía atrevido por rozar tu boca en la noche

paseando libre por mis calles tuyas.

 

Mas la noche y tu boca, tu calle y mi lucha

era de estudiantes, de pastores,

traductores viajantes,

y niños ingenieros.

 

Así fue que entendí mi amor.

Esta meritoria verdad que anuncio

se multiplica cada hora que paso

tras las rejas del hambre.

 

Que todos lo sepan,

no cederé en mi empeño de amarte,

no antes de lucharte y lograrte,

porque sin ti, patria,

no soy nadie.

 

Por un Sáhara libre,

Salka Embarek

 

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A Nahsla, niña saharaui

 

Llegaste aquel verano

desde montes dorados.

Gacela sorprendida,

callada adolescente.

Tu aroma de vainilla

inundó mi universo

conformando el espacio

con puzzles infinitos,

mostrándome la pieza

de amor, para acabarlos.

Esculpida de ébano,

Portando los secretos

de dar, sin tener nada,

cayendo en mi cultivo

como lluvia.

 

Hoy, temo que el recuerdo

sea un cristal mezquino,

lejano, a mi medida;

no entender el desierto

que es tu casa,

donde un oráculo inclemente

da réplica a los gritos,

oraciones calladas;

donde las jaimas de colores

son barcos ancorados

en dunas desoladas,

inhóspitas, purpúreas.

Te dedico mis versos,

te remito bandadas de torcaces,

que el siroco los porte

hasta tu oído,

hechos haces de brisa,

de la brisa del Sahara,

cuyo nombre es el viento,

y el tuyo, Nahsla, un sueño.

 

 

Poema de Margarita Granados Macías

Primer premio de poesía 2008

”Entredos”

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Son pacíficos.

Conchi Moya

 

 

“Son violentos porque están desesperados”

Gandhi

 

Pero yo digo:

“son pacíficos aunque están desesperados”.

 

Los saharauis en las zonas ocupadas

alzan la bandera blanca de su República

y recuperan sus calles.

 

Resistencia Pacífica.

Rebelión no violenta.

 

Los saharauis de las zonas ocupadas

empuñan la pacífica arma de la palabra.

En el Sahara ocupado

las calles traen vientos de cambio

y las paredes susurran lemas de libertad.

“La badil, la badil” gritan las azoteas,

testigos horrorizados de una violencia sin límite.

 

Los vertederos recogen sus machacados huesos,

una melhfa cubre su alma dolorida

y un joven en la calle pone la otra mejilla.

“Podrán matarme, pero no morirme”,

dijo el poeta.

“Me mataréis, pero no podréis matar mis ideas”

clama Aminetu.

 

Resistencia Pacífica.

Rebelión no violenta.

 

Los verdugos derraman impunes

la sangre de los inocentes.

A cambio se condecora al torturador

y se alaba al tirano.

Mientras, todos miramos para otro lado

y el silencio nos hace cómplices.

 

Los saharauis de las zonas ocupadas

responden con paz a la violencia.

Su gesto es un ejemplo

pero todos miramos para otro lado.

Nada hay más desolador

que “el silencio de los bondadosos”.  

 

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Leila Haidar

Bate. Bate sus alas. Miles de veces por minuto. Una, dos, tres, no las puedo contar. Sólo sé que es belleza. Belleza pura que irradia aire limpio. Pero no es libre. No es como los pájaros de verdad. Está dentro de una jaula con barrotes de sangre, dolor e hipocresía. Quiero abrir sus puertas, pero sólo el roce me quema. Si entro sé que no saldré. El pequeño ruiseñor pía,  parecen cantos hermosos, pero son gritos de rabia que desgarran el corazón.


Mis manos son jóvenes, no tienen heridas, pueden soportarlo. Después de que mis oídos empiecen a sangrar abro la puerta, ya que después de esta agonía todo se habrá acabado.


La jaula empieza a evaporarse en mis manos tras un roce que me ha parecido eterno, y el ruiseñor amarillo bate sus alas con fuerza, vuela alto, dejando tras de sí un rastro de viento, sol, agua y calor que me hace llorar.

 

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Soñando un día...

Sukeina Aali-Taleb

 

 

Soñando un día..., soñó ser pájaro. Retiró suavemente la tela que cubría la puerta e inició el vuelo. Sintió como su cuerpo se elevaba fácilmente, sin esfuerzo, el aire fresco sobre su rostro, cada vez más alto, para caer en picado, y de este modo sentir la velocidad, el vértigo, la sangre corriendo por las venas, su corazón acelerado palpitando. Planear durante horas y descansar un instante en las copas de los árboles, para reanudar de nuevo el viaje, viviendo eternamente entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.


Bachir abre los ojos, y como en un sueño aparta la tela que cubre la puerta, se calza sus botas y una vez en el exterior respira profundamente el aire caliente.
Desde el interior de la tienda se escapa una voz femenina:
- Bachir, entra y come algo.
- No, no tengo hambre mamá.
El muchacho comienza a caminar mientras se despereza. El sol como arma amenazante va aumentando su presencia. Bachir camina rápido, va dejando a su paso el conjunto de jaimas. Sudor sobre su tez morena, asfixiante calor, continua andando. Atrás quedan las improvisadas jaulas de las cabras, también el griterío de los niños. Sequedad en sus labios, continua andando. Y por fin, como en un duelo que necesita siempre de un vencedor, se observan los guerreros, la inmensidad del desierto frente al cuerpo insignificante del valiente muchacho.


Soñando un día..., soñó ser pez. Corrió unos metros y se impulsó para deslizarse sobre la suave elevación de la arena, y de este modo poder sentir como la caricia del agua colmaba su rostro. Ligero y flexible, dulcemente mecido por el balanceo lento de las olas, viviendo eternamente entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.


- Pero chico, ¿te has vuelto loco?, ¡despierta!
Bachir siente voces cada vez más cercanas que irrumpen de golpe en sus pensamientos. Abre los ojos, turbantes y agitación a su alrededor, y como en un sueño siente su cuerpo hundido en la duna de arena.
- ¿Qué ocurre? - exclama Bachir.
- ¿Qué ocurre?, ¿se puede saber donde ibas?, ¿por qué te has alejado tanto?, ¡te podías haber matado!, pero, ¿es que no te das cuenta? - el hombre no deja tiempo para que Bachir se explique.
- Creí que podía atravesar el desierto.
- Parece mentira, ¡ni que no conocieras esto! - el hombre retrocede unos pasos indignado, una mujer se acerca a Bachir para ofrecerle pequeños sorbos de agua, e interrumpe al hombre cariñosamente:
- Tranquilo papá, es sólo un muchacho y está aturdido por el sol.
Sobre la cabeza de Bachir la mujer coloca delicadamente un paño húmedo, el hombre acerca su jeep que descansa a unos metros, y avanza refunfuñando:
- Agradece a mi hija el que te hayamos visto. Ella ha insistido en que el bulto negro que veíamos a lo lejos era una persona, que si hubiera ido yo solo...
- Mi padre decía que el bulto negro era un neumático viejo.
Bachir sonríe. No resiste el peso de sus párpados. Un viejo neumático rodando..., siente como su cabeza no para de dar vueltas.
El hombre ayuda a Bachir a subir al coche, está anocheciendo, le sitúa en la parte trasera del jeep con unas mantas por asiento y el cielo estrellado por techo.


Soñando un día..., soñó ser estrella. Elevó sus brazos intentando tocar la luna con sus delgados dedos. Sintió como sus extremidades se estiraban infinitas, desintegrado, abarcando con sus manos el firmamento. Etéreo, luz en la oscuridad del mundo. Viviendo eternamente entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.


El coche de pronto se detiene, Bachir abre los ojos, la noche ha caído bruscamente como un manto frío. Y como en un sueño siente su cuerpo dolorido, cansado, exhausto.
- ¿Cuál es tu nombre, chico? - pregunta más calmado el hombre que horas antes le ha socorrido.
- Bachir Mohamed Salem.
- Te llevaré a casa, estamos cerca.
Una nube de polvo, la huella de las ruedas sobre la arena. Arranca el coche en dirección a la casa del muchacho. Su familia le espera. La tetera hierve en el infiernillo de butano, sus hermanos pequeños duermen. Bachir entra en la jaima, saluda y se sienta a comer algo.
- ¿Qué tal el día, hijo?
- Bien.
El padre se sirve el último té, posteriormente se apresura a beberlo de un trago.
- Come bien, pareces cansado.
Bachir permanece sentado, sus piernas cruzadas, un trozo de pan y un plato de lentejas a sus pies, tiene mucha sed, es tarde.
Se escucha el sonido de la tela gruesa de la tienda en cada arrebato del viento. Penetra el irifi por las ranuras de la jaima. Resiste cada sacudida.


Soñando un día..., soñó ser aire. Sintió la pesadez de su esqueleto contra el suelo. Piernas, brazos, cabeza, cuerpo entero, una mole pesada tumbada sobre la colorada alfombra. Un golpe brusco de viento y la vida, en un soplo, esparcida en cientos de miles de diminutos pedazos. Contuvo la respiración, para expulsarla lentamente, mezclada con las melodías nocturnas del viento. Fuerte, poderoso, dominante. Indestructible. Siempre libre, activo, moviendo el mundo. Viviendo eternamente entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.


La luz de la mañana despierta a todos muy temprano. Bachir abre los ojos, y como en un sueño observa su cuerpo oscurecido por el sol, envejecido, arrugado. Entre sus dientes mastica la arena, el polvo, escupe asqueado.
Olor a hierbabuena, sus hermanos están en el colegio, silencio. La madre prepara la comida, el padre dibuja ensimismado espuma en los vasos, comienza un nuevo día.
Bachir reúne las fuerzas necesarias y por fin expulsa atropelladamente:
- Odio vivir aquí.
La voz suena temblorosa y las palabras como un eco permanecen esparcidas en el aire.
- Lo odias tanto como lo odiaba yo.


Soñando un día..., soñó ser hombre. Se levantó del suelo y caminó rápido avanzando unos metros sobre la dorada arena. El sol cegó sus ojos, el calor brotando de la tierra quemaba sus pies descalzos. Anduvo hasta alejarse lo suficiente del campamento. Miró hacia el norte, sur, este y oeste. El corazón paralizado ante el brusco empujón de realidad, el vacío, la nada. Soledad y abandono. Sintió como se ahogaba en infinitas y espesas arenas, tierra estéril, tierra muerta. Viviendo eternamente entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.


Bachir abre los ojos, escucha sonidos de alegres canciones que le despiertan. Y como en un sueño se levanta y camina despacio pero seguro de sus pasos. Avanza por el desierto. Altivo y valiente. Entonces ansía volar como un pájaro, para dejar de agitar sus alas y caer en el mar sereno donde volver a brotar. Ansía ser pez, bucear en las profundidades de los océanos, también ansía ser estrella, aire, ansía la libertad. Despertar por fin de la interminable pesadilla, dejar de sentirse prisionero, dejar de soñar, retornar. Para vivir eternamente entre el cielo y la tierra.

 

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Mi tío Mohamed Salem

Abdurrahman Buda

 

 

 

Mi tío Mohamed Salem, que Alá tenga en infinita paz su alma, siempre fue cariñoso, amable y revolucionario desde las primeras manifestaciones pacíficas contra el colonialismo español y su disposición a defender el Sahara frente a la doble invasión marroquí y mauritana a finales de 1975. Nunca se separaba de dos cosas, una radio que compró en 1968, exactamente el año de mi nacimiento, que conservaba envuelta en  un trapo y sólo sintonizaba a la hora del noticiero de la radio del Sahara, no escuchaba música ni otros programas, sólo las noticias. La otra cosa era una linterna, que necesitaba debido a su avanzada edad. Mi tío fue designado junto a todos los hombres de su generación a integrar las milicias populares encargadas de la seguridad  de los niños y mujeres en los campamentos de refugiados saharauis.

 

Tras cada boletín informativo, mientras preparaba el té, nos decía alegremente “muy cercana está la victoria” y nos contaba las noticias de la guerra a favor del ejército saharaui 

 

– Cuando muera me gustaría ser enterrado en el Sahara junto a mi padre. Si no es posible enterradme en el cementerio de Smara, allí yacen los cuerpos de muchos hombres honrados – nos decía a mí y a mi padre en cada ocasión en que nos sentábamos a tomar té.

 

– Si no hay  diferencia entre los cementerios de la wilaya de El Aaiun y el de la wilaya de Smara, todos son musulmanes – decía mi padre.

 

– Nuestro padre Hamadi, que Alá tenga su alma en el paraíso, nos decía antes de morir “cuando llegue mi hora enterradme en el cementerio de El Habchi, junto a Sidahmed Ragueb. La noche de su muerte lo habíamos llevado durante decenas de kilómetros sobre su camello preferido a dicho lugar, a pesar de que cerca de nuestra jaima había otros cementerios – dijo Mohamed Salem.

 

– Está bien hermano, cumpliremos tu deseo aunque rogamos al todopoderoso que haga posible el fin de esta injusta guerra y que todos podremos ser enterrados junto a nuestros antepasados – dijo mi padre.

 

– Amén por la grandeza de Alá – dijo mi tío alzando sus arrugados brazos y mirando al cielo.

 

Tras una larga enfermedad Mohamed Salem falleció. Cerca de su cabeza estaban la radio y la linterna. Mi padre lo llevó al cementerio de Smara y allí fue enterrado junto a miles de saharauis que albergaban la misma esperanza de morir en su tierra.

 

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Basta

 

 

Desde el corazón del oprimido se exalta la rabia contenida
Chejdan Mahmud Yazid

 ¿De qué sociedad española habla el diario El País que da falsas esperanzas al pueblo saharaui refugiado en un desierto hostil? ¿Ganas de amargar las “vacaciones en paz” de la chiquillería saharaui que pasa un verano más en nuestros pueblos y ciudades refugiados de los cincuenta mortíferos grados que caen sobre sus progenitores en la Hamada argelina? ¿Cumplimiento del deber de informar sobre lo que ocurre en la trastienda poscolonial del Magreb o cumplimiento de qué último dictak sobre la resolución de los conflictos regionales en África?[1]


Hay una gota de rabia quemándonos las gargantas
Liman Boicha

Mientras nuestra política internacional siga estando presidida por el devenir de unas prácticas sostenidas en el oscurantismo, la desmemoria, la tergiversación mediática interesada, la participación de nuestro ejército en intereses geoestratégicos imperialistas sin consultarnos y el regalo/venta de armas a países que violan sistemática y abiertamente los Derechos Humanos, por ejemplo Marruecos, nos asiste el derecho de afirmar, siguiendo a Joan E. Garcès,[2] que la sociedad española es ilusoriamente soberana e intervenida por estrategias globales ajenas a nuestro sentido práctico de la solidaridad internacional, que podemos decir con satisfacción, a pesar del violento cerco de descrédito desplegado, todavía conservamos, como por ejemplo la que mantenemos con el pueblo saharaui.

Porque aun sigue en pie mi jaima seguiré remendando las huellas que el siroco va borrando de la historia
Ebnu

Pero el diario El País, para que la venta de su producto ideológico surta eficazmente los beneficios esperados, necesita ofrecer a los consumidores de información visos de credibilidad en lo que escribe. Para ello contrata personal especializado que se encarga de sancionar la veracidad de las palabras puestas a la venta, aunque los hechos las desmientan. Así es como junto al artículo aludido anteriormente aparece un escrito con formato de noticia titulado “Un Sahara independiente es inalcanzable” y abajo con letra chica: “Peter van Walsum, enviado de la ONU, insta a negociar con Marruecos la autonomía”. Su autor: Ignacio Cembrero. Es decir, que el Frente POLISARIO compre en oferta sin garantía democrática una autonomía dentro del reino de Marruecos vendiendo a una parte de su pueblo, el refugiado en la Hamada, el fin de sus sufrimientos. Aparte de lo inmoral que resulta que un diario de tirada internacional dé sostén, sin permitir divulgar una contestación crítica, a la idea de uso como moneda de cambio de  las generaciones de niños saharauis nacidos y criados en el refugio argelino, lo preocupante de los escritos de Ignacio Cembrero y otros tantos preclaros ‘especialistas’ conocedores de lo que  les ocurre también a los saharauis que habitan el territorio del Sahara Occidental cuando defienden los derechos humanos conculcados por el reino alauita, (amén de la ausencia de ética profesional cuando se oculta para desinformar) es la lección política que imparten de cinismo pacato y colaboracionista de las ‘novedosas’ maneras de “desactivar los conflictos regionales”. Es la concreción de lo que el presidente Bush dictó en Berlín el 23 de mayo de 2002:

“O construimos un mundo de justicia o viviremos en un mundo de coerción. La magnitud de las responsabilidades que compartimos hace que nuestros desacuerdos parezcan tan insignificantes”.[3]

Y específicamente esta colaboración con el plan estratégico Bush de "colaborar con otros para resolver conflictos regionales", supone que los encargados de elaborar las fórmulas políticas de los Estados Unidos encaminadas a tal fin deben coordinar con los aliados europeos e instituciones internacionales, lo que es "esencial para la mediación constructiva en los conflictos y el éxito de las operaciones de paz", y ayudar a los estados africanos "con capacidad de efectuar reformas y las organizaciones subregionales" que "deben ser reforzadas por ser el medio básico para hacer frente a las amenazas en forma sostenida”.[4]

Y se contratan y subcontratan técnicos en el diseño de fórmulas de ‘mediación en operaciones de paz’ que ayuden a reformar o transitar hacia escenarios de ‘libertad’ frente a supuestas amenazas terroristas que dificulten los acuerdos comerciales, como por ejemplo el primer Tratado de Libre Comercio firmado por Estados Unidos con un país africano, Marruecos.

El tiempo va, siempre va dejando callos en las manos de la historia
Luali Lehsan

Por eso nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, el señor Moratinos, la persona encargada de seguir tejiendo los hilos que confeccionan las relaciones bilaterales con el más insaciable depredador de materias primas y energéticas de la Tierra, manifestó su desagrado con la postura de el Frente POLISARIO de recusar a Peter van Walsum, pública y unilateralmente situado a favor de la propuesta ‘autonómica’ marroquí y la ‘irreal’ celebración del referendum. Nuestro problema interno de descolonización inconclusa pasa a ser un ‘desacuerdo insignificante’ sobre el que hay que seguir escondiendo la cabeza, pues el miedo a enfrentar el uso de nuestra soberanía nacional para resolver -¡en un marco de legalidad internacional!- nuestra responsabilidad política para descolonizar de una vez por todas el Sahara occidental, encuentra su explicación en la vieja maraña, tejida en los años de la dictadura franquista, de subordinación total a los dictados impuestos por nuestro aliado estadounidense.

Decirles que la tierra no es de ellos
Ali Salem Iselmu

Y así se explica también por qué el lobby mediático insiste una y otra vez en hacer responsables únicos de la situación en la que se encuentra el pueblo saharaui a ellos mismos y, sobre todo, a sus gobernantes, el Frente POLISARIO. A los voceros mediáticos en suelo ibero de ‘las soluciones negociadas de los conflictos’ no se les pasa por las mientes pensar que son precisamente los saharauis los primeros y principales interesados en resolver de una vez por todas y en libertad sus serios problemas de subsistencia e indigna vida a la que se han visto abocados precisamente por defender la dignidad, su soberanía y la libertad para desarrollarse en un mundo de justicia sin coerción.

La sociedad española, empachada de mentiras y padeciendo las consecuencias de la enfermedad mental de la hipocresía que se ha instalado en los cuerpos de nuestros gobernantes, sin embargo conoce cara a cara a los saharauis, viaja a Tindouf, concede a Aminetu Haidar, premio Bandrés de los Derechos Humanos, y sobre todo, hace lo contrario que sus gobernantes, respeta el modo y la manera en que los saharauis se autogobiernan a través de los organismos e instituciones de la RASD y no pone en duda la legitimidad del Frente POLISARIO, defensor y representante de su soberanía nacional. Porque también "Sabemos que para defender determinados intereses se hace necesario repetir con insistencia algunas ideas clave para sostenerlos -los intereses- hasta convertirlas en verdad aparentemente objetiva, aun a sabiendas de que pueda darse la posibilidad de demostrar que son una falacia -las ideas-, así como los argumentos que las sustentan".[5]

¿Hasta cuando seguiremos los saharauis aclarando la obviedad?
Zahra El Hasnaui Ahmed

Aparte de la mayor productora de falsedades sobre unos ‘otros árabes’ construidos para el imaginario occidental como seres terroristas y sanguinarios radicada en Hollywood, desconocemos la trama empresarial y sus filiales españolas dedicada a la importación y exportación de los imaginarios sobre los que el pensamiento hegemónico fabrica y vende la realidad del mundo en que vivimos. Otra cosa es que los compremos y nos lo creamos. Haciendo uso del sentido común y de la analogía,  encontramos en Peter van Walsum, el enviado para el Sahara occidental por el Secretario general de la ONU a las conversaciones abiertas en Manhasset, una materialización del pensamiento de Samuel Huntington que allá por 1975 planteaba que

la democracia es sólo una de las maneras de constituir la autoridad, y no es necesariamente aplicable universalmente. El funcionamiento efectivo de un sistema democrático requiere cierto nivel de apatía y de no participación por parte de algunos individuos y grupos [...] Hay también potencialmente límites deseables a la extensión indefinida de la democracia política”.[6]
 
La lucha de liberación de El Frente POLISARIO, el nacimiento de la República árabe saharaui democrática y la subsiguiente guerra con el país que usurpó el territorio legitimado para la descolonización, Marruecos, abrió una brecha por donde respirar entre las estrategias descolonizadoras de las potencias europeas y los regímenes despóticos de Franco, Salazar, Somoza, Trujillo o Pinochet, protegidos y privilegiados por los gobiernos estadounidenses. Cuando la tortura, la cárcel y el asesinato de los líderes e inteligencias no cooptados por el poder imperial dejaron de ser los límites impuestos para la imposición de las democracias bipartidistas, llegaron las ideas de las transiciones hacia modelos estatales definidos como ‘deficitarios en democracia’. Y el POLISARIO, en 1991 en consonancia con la situación geoestratégica internacional, acepta el alto el fuego como vía de solución para una independencia negociada: el referéndum. Desde entonces no ha cejado en su intento de hacerlo efectivo tratando al tiempo de dar salida al “presente continuo” que supone vivir y crecer bajo la identidad de refugiad@ en un desierto que no es suyo sobre el que parece se sostiene la RASD. Sabemos que no es así, que el Estado saharaui son sus gentes porque los saharauis son nación, estén donde estén o vivan donde vivan.

Ya no se apaciguará la lámpara encendida que se transforma lentamente en una luz rebelde y sabia
Ali Salem Iselmu

De ahí pensamos que deviene la fuerza y la resistencia saharaui. Y es ahí precisamente donde más se ceban los encomenderos de ‘domesticar’ a las hijas e hijos de la nube. Dejar que sea el tiempo de permanencia en la Hamada el encargado de transformar la resistencia en un tiempo para la apatía y la no participación en los asuntos públicos, para que poco a poco el buen corazón que guía la ayuda solidaria ofrecida en los campamentos sea el ariete por donde sustentar la subordinación política, social, cultural y económica del pueblo saharaui a los ‘dadores’ de la ayuda al desarrollo ¡en un campamento de refugiados! Más claro. Intentar conseguir por todos los medios el máximo debilitamiento de la capacidad política de articulación del Frente POLISARIO con su gente.

Y si no me escuchan, otra vez,  ¿qué hago?
Bahia Mahmud

¿Cómo seguir adelante si, como aventuran los agoreros partidarios de la desesperanza, fracasa nuevamente la negociación con Marruecos? Esta delicada pregunta tiene, sin duda, diferentes respuestas. Peter van Walsum, arte y parte en el asunto, ya nos ha dado la suya. Gracias. Demos por bien usado el dinero, suponemos que público, empleado en pagarle el salario. Pero no podemos compartirla. No sólo porque estaríamos contraviniendo la legalidad internacional, o porque sigamos considerando inmoral el abandono hacia un futuro incierto del pueblo saharaui, sino y sobre todo porque serán los saharauis los encargados de tomar sus propias decisiones, como pueblo soberano que es.

Los saharauis, sépanlo, que al ser conscientes de encontrarse en las antípodas del desarrollo democrático dado en el reino de Marruecos, que al no albergar deseos expansionistas en el Gran Magreb, que al serles materialmente imposible en las condiciones actuales contribuir a la necesaria tarea democratizadora en las regiones tanto del sur, como del norte del reino de Marruecos, (trabajo que en todo caso debería ser objetivo de las instituciones internacionales encargadas de la mediación constructiva en los conflictos con el fin de ayudar a aquellos estados africanos que, como Marruecos, o bien albergan amenazas terroristas reales, o bien practican el terrorismo de estado) los saharauis sólo exigen, con justificada indignación, no una independencia graciable resultado del fracaso colonial español, sino el derecho a una justa independencia ganada en el terreno de batalla, demostrada por la vía de la negociación y, sobre todo, alimentada por el deseo unánime de todo un pueblo por alcanzar la paz. Basta. Porque


No pudo morder la mentira,
la geografía inmensa
de tus alas blancas

Zahra El Hasnaui Ahmed

 

 

notas

 

[1] En referencia al artículo “La sociedad española da ‘falsas esperanzas’ ” URL http://www.elpais.com:80/articulo/internacional/sociedad/espanola/da/falsas/esperanzas/elpepuint/20080808elpepiint_2/Tes

[2] Garcès, J. E. (1996/2008) “Soberanos e intervenidos. Estrategias globales, americanos y españoles”. Ed. Siglo XXI.

[3] “Estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos de América”(2002) La Casa Blanca, Washington. Distribuido por la Oficina de Programas de Información del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en Web http://usinfo.state.gov/journals/itps/1202/ijps/ijps1202.htmhttp://usinfo.state.gov/journals/itps/1202/ijps/ijps1202.htm

[4] “África: Máxima Prioridad Política en el Nuevo Plan Estratégico del Presidente Bush” (2002) En ESTRATEGIA DE SEGURIDAD NACIONAL DE ESTADOS UNIDOS: UNA NUEVA ERA. URL http://usinfo.state.gov/journals/itps/1202/ijps/pj7-4jim.htm

[5] Beatriz Martínez (2007),  de “Las argucias del colonialismo español en el Sahara occidental”. URL http://www.loquesomos.org/lacalle/tuopinion/Lasargucias.htm y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45475

[6] Informe Samuel Huntington. Citado en Garcès, “Soberanos e intervenidos”, p. 176.

[i] Este título, así como los subtítulos de este artículo, pertenecen al libro de poemas “Aaiún: gritando lo que se siente”, de la Generación de la Amistad Saharaui. UAM. Madrid 2006, y al Calendario Saharaui octubre 2007/octubre 2008 editado por la Asociación Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid.


Índice


MAR DE ARENA

LUIS LEANTE

El cinco de marzo de 2001, Brahim Ahmed resultó muerto como consecuencia de un atropello en la vía pública. El accidente ocurrió en la Plaza del Doctor Ferrer i Cajigal, delante del Hospital Clinic i Provincial de Barcelona. La misma ambulancia que lo había atropellado lo trasladó rápidamente al Servicio de Urgencias y, aunque no tardó más de tres minutos, Brahim ingresó cadáver. Alguien anotó en el certificado de defunción: «Varón, de unos setenta años, raza árabe». En realidad, Brahim Ahmed era saharaui y acababa de cumplir cincuenta años. Sin embargo, el sol de los campamentos de Tinduf, el viento del desierto y la terrible sequedad de la hammada lo habían convertido en un hombre avejentado y casi ciego. El joven anciano no llevaba documentación, ni dinero, ni nada que pudiera dar pistas de sus familiares. Un auxiliar novato, conmovido por la suerte de aquel hombre, se acercó al cadáver de Brahim y le cerró los ojos. Al pasarle suavemente la mano sobre los párpados, comprobó alarmado que del lagrimal escurrían unos granos de arena que a primera vista le parecieron lágrimas secas. Observó el fenómeno con sorpresa, pero no encontró ninguna explicación. Aquella misma noche, el cadáver de un saharaui yacía en el depósito en espera de que alguien lo reclamara.

                Brahim Ahmed jamás leyó un periódico ni un libro, pero era un hombre sabio. Hasta los veinticinco años había sido pastor, como todos sus antepasados. Luego fue soldado durante poco tiempo, hasta que una bomba de napalm le abrasó la mitad del cuerpo y un obús le reventó los tímpanos y lo dejó sordo para siempre. Desde entonces pasó su vida en el campamento de refugiados de Ausserd, al sur de Argelia. Sentado en lo alto del pequeño montículo en que terminaban las tiendas de su wilaya, vio crecer a sus hijos, pero no pudo escuchar sus risas, ni siquiera contarles historias, porque a base de mirar el horizonte fue olvidando su idioma y perdiendo la vista. Pero Brahim no perdió la memoria y en ningún momento del exilio se olvidó de su tierra, ni del día en que tres aviones Mirage F1 franceses, pilotados por marroquíes, soltaron su carga de fuego sobre Tifariti. Ocurrió un 19 de enero de 1976, y las bombas incendiarias hicieron agujeros tan grandes en el suelo del Sáhara, que cabía dentro una persona de pie. Destruyeron el cuartel, el zoco y los barracones prefabricados que los españoles habían dejado abandonados en su apresurada huida. Cuando la esposa de Brahim lo encontró entre los cadáveres, no podía siquiera sospechar que su marido no estaba muerto del todo.

                Durante siete días, nadie reclamó el cadáver del saharaui en el depósito del hospital. Finalmente, según las normas, Brahim Ahmed fue enterrado en el cementerio con una pequeña marca en letras negras que decía: «Desconocido». Y debajo, la fecha de la muerte.

Cuando Malika llegó al depósito preguntando por su padre, ya hacía más de dos días que lo habían enterrado en un rincón del cementerio. Malika había nacido en los campamentos de Tinduf, pero estudió medicina en Cuba. Ahora, tras el embargo, hacía la especialidad en Barcelona. Clavada frente a la inscripción «Desconocido», no pudo evitar sentirse culpable de la muerte absurda de su padre. Le parecía verlo sentado en la pequeña colina en que terminaba la wilaya de La-Güera, recorriendo con la vista el horizonte del desierto como si vigilara rebaños inexistentes. A fuerza de otear la hammada, su padre tenía el Sáhara prendido en su mirada cegata, como una enorme duna que creciera hacia todas partes. En los dos días que Brahim había pasado en Barcelona, después de muchos años de trámites para venir a operarse, no había hecho otra cosa que añorar la sequedad del desierto y la firmeza del viento. Brahim no conoció más que una calle de la ciudad, aquella en que vivía su hija, enfrente del hospital. Ahora Malika lamentaba que no lo hubieran enterrado según el rito musulmán y que el cuerpo de su padre no mirase hacia La Meca.

                A mediados de abril, la prensa local se hizo eco escuetamente del robo de un cadáver en el cementerio. Por la mañana apareció la tumba vacía y sin rastros que delataran a los asaltantes. La noche anterior Malika, con la ayuda de un compañero de estudios, había sacado el cuerpo de su padre. Lo envolvieron en una manta y lo transportaron en una vieja furgoneta hasta una loma que se erigía a pocos kilómetros de la ciudad. En una ceremonia muy sencilla, enterraron a Brahim en lo alto, mirando en dirección al Este, y colocaron una piedra grande a la cabeza y otra a los pies. No hubo llantos ni aspavientos.

                La hija de Brahim no volvió más a la tumba de su padre. Por eso no supo que, a las dos semanas de haberlo enterrado en aquel fértil montículo, la hierba alrededor del túmulo se iba quedando mustia, y en su lugar aparecían la tierra seca y las piedras. Al cabo de un mes, la apartada elevación sobre la que estaba la tumba era un secarral abrasado por el sol. Nadie se percató hasta mediados de junio, cuando unos niños descubrieron la mancha ocre de la arena en mitad del verdor del entorno. Sin embargo, no le dieron importancia. En pleno verano, la arena se había extendido como el agua y ocupaba algo más de una hectárea. Los curiosos, dominados por la superstición, no se atrevían a pisar las dunas que el viento había ido formando. Malika, la hija de Brahim, ya entrado el otoño oyó en la radio que un extraño fenómeno de desertización estaba devastando amplias zonas al norte de la ciudad. Cuando empezó el invierno, un inquietante mar de arena con olas como dunas avanzaba amenazante, y sin que nadie pudiera ponerle freno, hacia los barrios periféricos de Barcelona.

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la “casa” saharaui

Fernando Pinto Cebrián, escritor.

 

El Sáhara Occidental, la "casa de los "saharahuis" fue ocupada por la fuerza por su vecino del Norte trasformándose para el ocupante, por la lógica de los hechos, en un “avispero” bélico y político.

Connivencias interesadas de éste con algunos vecinos próximos y otros más apartados, y la falta de exacto conocimiento de la situación por parte de algunos observadores, han estado y aún están frenando los intentos de recuperación por sus legítimos dueños.

Sin embargo su lucha sigue adelante con una tenacidad ejemplar, tanto por los que fueron expulsados de su “casa”, como por aquellos que ahora viven la diáspora.

Y es que ninguno puede borrar de su alma como era, como estaba amueblada con sus tradiciones, su cultura y la historia de sus antepasados. Así, la nostalgia de su Sahara (desierto), estén donde estén, siempre les acompaña junto al enorme deseo de regresar.

Un desierto, aquel de Sáhara, de horizonte infinitos y reverberantes, de pequeños mares e islas de dunas fruto de espejismos, de omnipresentes arenas bajo mil formas en movimiento imperceptible y de rocas, piedras…, calcinadas en extensiones sin medida, de montañas heridas, llenas de cicatrices, dominadas por la arena que las supera y cubre, de tierras saladas.

Un desierto de cegadora luminosidad aún en los contados días de nubes, de colores llenos de viveza: blancos radiantes, amarillos, rosáceos, sienas, marrones de gran violencia, verdes brillantes en los pastos tras las lluvias, pajizos ambarinos tras el rápido estiaje.

Un desierto de olores y sabores acres de punzante sensación y tenaz persistencia; un desierto de “wads” (rios) y de lagos de súbita muerte tras las contadas borrascas, de vientos constantes, abrasadores, violentos en las cegadoras tormentas de arena, de calor asfixiante, de sequedad, de fríos nocturnos, de silencios totales cuando la naturaleza calla.

Un desierto de vida animal y vegetal en oculta, continua y experimentada lucha por la supervivencia, de hombres resistentes, duros y curtidos, serios y joviales, orgullosos y humildes, jefes de si mismos y respetuosos de su estructura social, acogedores y esquivos, raudos en ideas y aparentemente lentos en explicaciones, amantes de la conversación y de los silencios…

Un desierto con “jaimas” y casas sin ostentación externa, de nómadas y estables en aprendizaje…

Un desierto con un paisaje nada simple, como se cree, de un mundo, el “sahara”, que, a pesar de la creciente modernidad ajena que trata de invadirlo, defendiéndose por sí mismo, sigue guardando celosamente vivo el secreto de su cautivadora atracción.

Un desierto que sigue esperando el regreso de aquellos que más le aman: los saharauis.  

 

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A vosotros, los poetas  

 Mariola del Pozo

 

 

Rompieron los fusiles

para agarrar el verbo

certero como un puño

 

La voz sonó serena, en esa coordinada planetaria

para quebrar el eco de otras voces

que sembraban de silencio las razones

 

El día que el canto y el poema

retorne a la luz que acunan sus palabras,

regarán de risa y llanto las esquinas

de ciudades que esperan tras un muro

 

Caminarán entre mantos de estrellas

mientras la noche cae de sus turbantes

 

Y en medio de ese mar

ganado a fuerza de pasos incansables

le dirán adiós a los ausentes

los dejarán marchar en paz

junto a las caracolas dormidas bajo el agua

 

Pero no se irán del todo

porque en las gargantas vibrantes de los poetas saharauis

se amarraran fuerte, y para siempre,

la historia viva de gritos y miradas

 

Y seguirán rompiendo los fusiles

para agarrar el verbo

certero

como un puño.

 

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¿LA NADA?

Mario Navarro

 

La nada,era un concepto mío.Cuando se aprende a amar el desierto no se cree en “La nada”.Siempre hay un algo,a lo que asirse.

Llegué al Sahara cuando tenía cuatro años.Pocos niños de mi edad,había para jugar,por lo que mis amigos desde la mas tierna infancia,fueron los Saharauis.

Relacionarme íntimamente con ellos,con su cultura,con su idiosincrasia,con su nobleza y sentido de la honradez….me hizo a la postre mejor persona.

El respeto a los mayores,que desde nuestra propia cultura se nos inculcaba en los Saharauis era estricta.La devoción por los niños,era siempre contemplada como prioritaria…¡¡ cuanto aprendí de ellos..¡¡.

Por razones de edad,solo me relacionaba con niños saharauis,con lo que su lengua fue la mía,sus ojos eran los mios,y sus limitaciones sociales…tambien,eran mías.

Compartí escuela,juegos,campamentos y estudios superiores.Siempre crecimos los mismos unos al lado de los otros.Sus madres,me aceptaban con agrado (no en vano me conocían desde muy temprano)…no concebía una vida sin ellos.

Cuando llegaba el verano,la mayoría de los niños “europeos” se iban de “colonial”.

Los niños Saharauis…al desierto,¿Dónde iba yo? Pues al desierto.Por aquel entonces las vacaciones de verano,se iniciaban a finales de Mayo,hasta finales de Septiembre,prácticamente,eran cuatro meses de veraneo.En Auserd…en Tichla

visitandoLayuad…la Grara…Bir nsaran…no concebía otra vida.

Aprendí desde niño,a respetar el silencio de mis semejantes,el momento de sus oraciones…las tertulias nocturnas con luz de vela…el té…el que la madre de cualquiera de ellos,te arropara,aún sabiendo que era cachorro de otra camada.

El amanecer,el desayuno,el tener que ir a buscar el ganado,la comida común…ver la hierba en el desierto,es de los espectáculos más bonitos del mundo…el enorme tamaño,que tiene el Sol,en esas latitudes.Cuando se ha vivido en el desierto…tu alma se queda para siempre en el.

Aprendí a beber agua de lluvia,directamente de la tierra….aún conservo su sabor.

Comí…lo que en apariencia no existe.Escarbando en las dunas,hay un tubérculo,de color granate,que se llama “terzuc”….amé….amo y sigo amando a esa mi gente hasta que…la suerte de Mulana decida.

Pero…todo lo que comienza acaba,y dio comienzo para mi vida…un final eterno.

Nos fuimos…con el sentimiento de haber podido hacer mejor las cosas.Particularmente…tenía el sentimiento de vergüenza,cuando algún dia,esos mis amigos del alma,me mantuvieran la mirada,con respecto a mi pais…

Y…perdí amigos en combates…y conservo amigos supervivientes de la guerra y cada año,hemos descubierto un paraíso para reunirnos,y recordar aquella infancia

Noadihbou,Mauritania.

Bajan por los pasillos en territorio liberado….y allí se producen esos nuestros abrazos.

En el año 1974,fuimos a un campamento a la Esperanza en Tenerife.El que a la postre fue ministro de cultura del F.Polisario,era jefe de campamento,Tami.

Dio la orden a la llegada al campamento,de que los Saharauis del Aaiun,se pusieran a un lado,y los Saharauis de Villa en el otro.Los europeos de Villa en un lado,y los europeos de Aaiun en otro…

Me situé en el único lugar que podía estar:Con los saharauis de Villa.Tami,fue hacia mí,pegó su cara a la mía y me dijo…¿qué voy a hacer contigo?,pero no me quitó del lugar en el que me había situado…yo,no concebía otra vida…y ellos me consideraban parte de la suya….como así ha sido,hasta el dia de hoy.

Y así…entraremos juntos en la tierra que nos vió crecer.

 

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