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En
nombre da la generación de la amistad saharaui, agradecemos de corazón
su colaboración.
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Aviso:
esta Web, no se hace responsable de los contenidos u opiniones de las
colaboraciones aparecidas aquí.
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Busca
el camello del norte
Mas
ruido, cuanta gente,
La
piel cenicienta
Se
abre camino
Pero
en ti no pasa,
Hombre
del sur,
El
mar te llama
Hombre
sin patria
Pero
con alma
Busca
el camello del norte
Donde
menos te los esperas
Donde
nunca pensaste
Háblale
a tu pueblo
De
las arenas nevadas
De
corazones que aman
Entre
montañas verdes
Hombre
del sur,
Cuéntales
donde está
El
camello del norte,
Donde
nunca pensaste.
Donde
menos te lo esperas.
Rosa
Sánchez, Cantabria,
dedicado
al poeta saharaui Limam Boicha
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TINDOUF.
DESTIERRO SIN MAR
La luz se desploma en la tierra
y
una pálida llamarada
se
difunde sobre la arena:
el
rey Sol, señor de la casa,
como
en seco pozo sediento,
se
asienta entre el fango y el
agua.
… Y entonces, entre sorbo y sorbo
de una taza de café, entonces
lees los sesudos análisis,
las noticias y los informes,
las viejas lejanas historias
de ahora, las resoluciones
de entonces, y al fin te atraganta
un amargo té que te absorbe…
No hay horizonte: la conciencia
nunca
ha entendido las sentencias
y
el alma es un vasto desierto
repleto
de vastas palabras,
juguetes
rotos, ecos, niñas,
sueños
desterrados y fotos,
banderas
y vientos, y el Sahara,
decían
entonces, se vierte,
río
de oro, en mar salada.
…
Y a muchos mares de distancia,
compartes el aire, los oyes,
dicen libertad, como entonces,
como siempre, el sol y el Sahara.
Jesús Pastor Martín. Segovia, 2008.
Índice
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(A
todos los presos políticos saharauis en huelga de hambre)
Para
que todos los sepan,
yo
no empeño tu memoria.
Yo,
que he llorado con el honor de mis muertos,
desafío
mi débil existencia para que libre la vida,
se
aleje de mi cuerpo.
Mi
verdad es de mérito,
que
todos los sepan,
yo
entregué mi alma al calor de mis huesos
transformados
en lucha
para
liberar la tuya.
Sí,
me consta que no es fácil
mostrar
tanto amor.
Soy
consciente de que mi propósito contigo
es
de un compromiso asombroso,
pero
te diré que yo iba a ser estudiante,
pastor,
traductor de idiomas, ingeniero,
un
intelectual discreto, un niño viajante,
lucharía
atrevido por rozar tu boca en la noche
paseando
libre por mis calles tuyas.
Mas
la noche y tu boca, tu calle y mi lucha
era
de estudiantes, de pastores,
traductores
viajantes,
y
niños ingenieros.
Así
fue que entendí mi amor.
Esta
meritoria verdad que anuncio
se
multiplica cada hora que paso
tras
las rejas del hambre.
Que
todos lo sepan,
no
cederé en mi empeño de amarte,
no
antes de lucharte y lograrte,
porque
sin ti, patria,
no
soy nadie.
Por un Sáhara libre,
Salka Embarek
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A
Nahsla, niña saharaui
Llegaste
aquel verano
desde
montes dorados.
Gacela
sorprendida,
callada
adolescente.
Tu
aroma de vainilla
inundó
mi universo
conformando
el espacio
con
puzzles infinitos,
mostrándome
la pieza
de
amor, para acabarlos.
Esculpida
de ébano,
Portando
los secretos
de
dar, sin tener nada,
cayendo
en mi cultivo
como
lluvia.
Hoy,
temo que el recuerdo
sea
un cristal mezquino,
lejano,
a mi medida;
no
entender el desierto
que
es tu casa,
donde
un oráculo inclemente
da
réplica a los gritos,
oraciones
calladas;
donde
las jaimas de colores
son
barcos ancorados
en
dunas desoladas,
inhóspitas,
purpúreas.
Te
dedico mis versos,
te
remito bandadas de torcaces,
que
el siroco los porte
hasta
tu oído,
hechos
haces de brisa,
de
la brisa del Sahara,
cuyo
nombre es el viento,
y
el tuyo, Nahsla, un sueño.
Poema
de
Margarita Granados Macías
Primer
premio de poesía 2008
”Entredos”
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Son
pacíficos.
Conchi
Moya
“Son
violentos porque están desesperados”
Gandhi
Pero
yo digo:
“son
pacíficos aunque están desesperados”.
Los
saharauis en las zonas ocupadas
alzan
la bandera blanca de su República
y
recuperan sus calles.
Resistencia
Pacífica.
Rebelión
no violenta.
Los
saharauis de las zonas ocupadas
empuñan
la pacífica arma de la palabra.
En
el Sahara ocupado
las
calles traen vientos de cambio
y
las paredes susurran lemas de libertad.
“La
badil, la badil” gritan las azoteas,
testigos
horrorizados de una violencia sin límite.
Los
vertederos recogen sus machacados huesos,
una
melhfa cubre su alma dolorida
y
un joven en la calle pone la otra mejilla.
“Podrán
matarme, pero no morirme”,
dijo
el poeta.
“Me
mataréis, pero no podréis matar mis ideas”
clama
Aminetu.
Resistencia
Pacífica.
Rebelión
no violenta.
Los
verdugos derraman impunes
la
sangre de los inocentes.
A
cambio se condecora al torturador
y
se alaba al tirano.
Mientras,
todos miramos para otro lado
y
el silencio nos hace cómplices.
Los
saharauis de las zonas ocupadas
responden
con paz a la violencia.
Su
gesto es un ejemplo
pero
todos miramos para otro lado.
Nada
hay más desolador
que
“el silencio de los bondadosos”.
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Leila
Haidar
Bate.
Bate sus alas. Miles de veces por minuto. Una, dos, tres, no las puedo
contar. Sólo sé que es belleza. Belleza pura que irradia aire limpio.
Pero no es libre. No es como los pájaros de verdad. Está dentro de una
jaula con barrotes de sangre, dolor e hipocresía. Quiero abrir sus
puertas, pero sólo el roce me quema. Si entro sé que no saldré. El
pequeño ruiseñor pía, parecen cantos hermosos, pero son gritos
de rabia que desgarran el corazón.
Mis manos son jóvenes, no tienen heridas, pueden soportarlo. Después
de que mis oídos empiecen a sangrar abro la puerta, ya que después de
esta agonía todo se habrá acabado.
La jaula empieza a evaporarse en mis manos tras un roce que me ha
parecido eterno, y el ruiseñor amarillo bate sus alas con fuerza, vuela
alto, dejando tras de sí un rastro de viento, sol, agua y calor que me
hace llorar.
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Soñando
un día...
Sukeina
Aali-Taleb
Soñando
un día..., soñó ser pájaro. Retiró suavemente la tela que cubría
la puerta e inició el vuelo. Sintió como su cuerpo se elevaba
fácilmente, sin esfuerzo, el aire fresco sobre su rostro, cada vez más
alto, para caer en picado, y de este modo sentir la velocidad, el
vértigo, la sangre corriendo por las venas, su corazón acelerado
palpitando. Planear durante horas y descansar un instante en las copas
de los árboles, para reanudar de nuevo el viaje, viviendo eternamente
entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.
Bachir abre los ojos, y como en un sueño aparta la tela que cubre la
puerta, se calza sus botas y una vez en el exterior respira
profundamente el aire caliente.
Desde el interior de la tienda se escapa una voz femenina:
- Bachir, entra y come algo.
- No, no tengo hambre mamá.
El muchacho comienza a caminar mientras se despereza. El sol como arma
amenazante va aumentando su presencia. Bachir camina rápido, va dejando
a su paso el conjunto de jaimas. Sudor sobre su tez morena, asfixiante
calor, continua andando. Atrás quedan las improvisadas jaulas de las
cabras, también el griterío de los niños. Sequedad en sus labios,
continua andando. Y por fin, como en un duelo que necesita siempre de un
vencedor, se observan los guerreros, la inmensidad del desierto frente
al cuerpo insignificante del valiente muchacho.
Soñando un día..., soñó ser pez. Corrió unos metros y se impulsó
para deslizarse sobre la suave elevación de la arena, y de este modo
poder sentir como la caricia del agua colmaba su rostro. Ligero y
flexible, dulcemente mecido por el balanceo lento de las olas, viviendo
eternamente entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.
- Pero chico, ¿te has vuelto loco?, ¡despierta!
Bachir siente voces cada vez más cercanas que irrumpen de golpe en sus
pensamientos. Abre los ojos, turbantes y agitación a su alrededor, y
como en un sueño siente su cuerpo hundido en la duna de arena.
- ¿Qué ocurre? - exclama Bachir.
- ¿Qué ocurre?, ¿se puede saber donde ibas?, ¿por qué te has
alejado tanto?, ¡te podías haber matado!, pero, ¿es que no te das
cuenta? - el hombre no deja tiempo para que Bachir se explique.
- Creí que podía atravesar el desierto.
- Parece mentira, ¡ni que no conocieras esto! - el hombre retrocede
unos pasos indignado, una mujer se acerca a Bachir para ofrecerle
pequeños sorbos de agua, e interrumpe al hombre cariñosamente:
- Tranquilo papá, es sólo un muchacho y está aturdido por el sol.
Sobre la cabeza de Bachir la mujer coloca delicadamente un paño
húmedo, el hombre acerca su jeep que descansa a unos metros, y avanza
refunfuñando:
- Agradece a mi hija el que te hayamos visto. Ella ha insistido en que
el bulto negro que veíamos a lo lejos era una persona, que si hubiera
ido yo solo...
- Mi padre decía que el bulto negro era un neumático viejo.
Bachir sonríe. No resiste el peso de sus párpados. Un viejo neumático
rodando..., siente como su cabeza no para de dar vueltas.
El hombre ayuda a Bachir a subir al coche, está anocheciendo, le sitúa
en la parte trasera del jeep con unas mantas por asiento y el cielo
estrellado por techo.
Soñando un día..., soñó ser estrella. Elevó sus brazos intentando
tocar la luna con sus delgados dedos. Sintió como sus extremidades se
estiraban infinitas, desintegrado, abarcando con sus manos el
firmamento. Etéreo, luz en la oscuridad del mundo. Viviendo eternamente
entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.
El coche de pronto se detiene, Bachir abre los ojos, la noche ha caído
bruscamente como un manto frío. Y como en un sueño siente su cuerpo
dolorido, cansado, exhausto.
- ¿Cuál es tu nombre, chico? - pregunta más calmado el hombre que
horas antes le ha socorrido.
- Bachir Mohamed Salem.
- Te llevaré a casa, estamos cerca.
Una nube de polvo, la huella de las ruedas sobre la arena. Arranca el
coche en dirección a la casa del muchacho. Su familia le espera. La
tetera hierve en el infiernillo de butano, sus hermanos pequeños
duermen. Bachir entra en la jaima, saluda y se sienta a comer algo.
- ¿Qué tal el día, hijo?
- Bien.
El padre se sirve el último té, posteriormente se apresura a beberlo
de un trago.
- Come bien, pareces cansado.
Bachir permanece sentado, sus piernas cruzadas, un trozo de pan y un
plato de lentejas a sus pies, tiene mucha sed, es tarde.
Se escucha el sonido de la tela gruesa de la tienda en cada arrebato del
viento. Penetra el irifi por las ranuras de la jaima. Resiste cada
sacudida.
Soñando un día..., soñó ser aire. Sintió la pesadez de su esqueleto
contra el suelo. Piernas, brazos, cabeza, cuerpo entero, una mole pesada
tumbada sobre la colorada alfombra. Un golpe brusco de viento y la vida,
en un soplo, esparcida en cientos de miles de diminutos pedazos. Contuvo
la respiración, para expulsarla lentamente, mezclada con las melodías
nocturnas del viento. Fuerte, poderoso, dominante. Indestructible.
Siempre libre, activo, moviendo el mundo. Viviendo eternamente entre el
cielo y la tierra, en ninguna parte.
La luz de la mañana despierta a todos muy temprano. Bachir abre los
ojos, y como en un sueño observa su cuerpo oscurecido por el sol,
envejecido, arrugado. Entre sus dientes mastica la arena, el polvo,
escupe asqueado.
Olor a hierbabuena, sus hermanos están en el colegio, silencio. La
madre prepara la comida, el padre dibuja ensimismado espuma en los
vasos, comienza un nuevo día.
Bachir reúne las fuerzas necesarias y por fin expulsa atropelladamente:
- Odio vivir aquí.
La voz suena temblorosa y las palabras como un eco permanecen esparcidas
en el aire.
- Lo odias tanto como lo odiaba yo.
Soñando un día..., soñó ser hombre. Se levantó del suelo y caminó
rápido avanzando unos metros sobre la dorada arena. El sol cegó sus
ojos, el calor brotando de la tierra quemaba sus pies descalzos. Anduvo
hasta alejarse lo suficiente del campamento. Miró hacia el norte, sur,
este y oeste. El corazón paralizado ante el brusco empujón de
realidad, el vacío, la nada. Soledad y abandono. Sintió como se
ahogaba en infinitas y espesas arenas, tierra estéril, tierra muerta.
Viviendo eternamente entre el cielo y la tierra, en ninguna parte.
Bachir abre los ojos, escucha sonidos de alegres canciones que le
despiertan. Y como en un sueño se levanta y camina despacio pero seguro
de sus pasos. Avanza por el desierto. Altivo y valiente. Entonces ansía
volar como un pájaro, para dejar de agitar sus alas y caer en el mar
sereno donde volver a brotar. Ansía ser pez, bucear en las
profundidades de los océanos, también ansía ser estrella, aire,
ansía la libertad. Despertar por fin de la interminable pesadilla,
dejar de sentirse prisionero, dejar de soñar, retornar. Para vivir
eternamente entre el cielo y la tierra.
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Mi
tío Mohamed Salem
Abdurrahman
Buda
Mi
tío Mohamed Salem, que Alá tenga en infinita paz su alma, siempre fue
cariñoso, amable y revolucionario desde las primeras manifestaciones
pacíficas contra el colonialismo español y su disposición a defender
el Sahara frente a la doble invasión marroquí y mauritana a finales de
1975. Nunca se separaba de dos cosas, una radio que compró en 1968,
exactamente el año de mi nacimiento, que conservaba envuelta en
un trapo y sólo sintonizaba a la hora del noticiero de la radio
del Sahara, no escuchaba música ni otros programas, sólo las noticias.
La otra cosa era una linterna, que necesitaba debido a su avanzada edad.
Mi tío fue designado junto a todos los hombres de su generación a
integrar las milicias populares encargadas de la seguridad
de los niños y mujeres en los campamentos de refugiados
saharauis.
Tras
cada boletín informativo, mientras preparaba el té, nos decía
alegremente “muy cercana está la victoria” y nos contaba las
noticias de la guerra a favor del ejército saharaui
–
Cuando muera me gustaría ser enterrado en el Sahara junto a mi padre.
Si no es posible enterradme en el cementerio de Smara, allí yacen los
cuerpos de muchos hombres honrados – nos decía a mí y a mi padre en
cada ocasión en que nos sentábamos a tomar té.
–
Si no hay diferencia entre
los cementerios de la wilaya de El Aaiun y el de la wilaya de Smara,
todos son musulmanes – decía mi padre.
–
Nuestro padre Hamadi, que Alá tenga su alma en el paraíso, nos decía
antes de morir “cuando llegue mi hora enterradme en el cementerio de
El Habchi, junto a Sidahmed Ragueb. La noche de su muerte lo habíamos
llevado durante decenas de kilómetros sobre su camello preferido a
dicho lugar, a pesar de que cerca de nuestra jaima había otros
cementerios – dijo Mohamed Salem.
–
Está bien hermano, cumpliremos tu deseo aunque rogamos al todopoderoso
que haga posible el fin de esta injusta guerra y que todos podremos ser
enterrados junto a nuestros antepasados – dijo mi padre.
–
Amén por la grandeza de Alá – dijo mi tío alzando sus arrugados
brazos y mirando al cielo.
Tras
una larga enfermedad Mohamed Salem falleció. Cerca de su cabeza estaban
la radio y la linterna. Mi padre lo llevó al cementerio de Smara y
allí fue enterrado junto a miles de saharauis que albergaban la misma
esperanza de morir en su tierra.
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Basta
Desde
el corazón del oprimido se exalta la rabia contenida
Chejdan Mahmud Yazid
¿De qué sociedad española habla el diario El País que da
falsas esperanzas al pueblo saharaui refugiado en un desierto hostil?
¿Ganas de amargar las “vacaciones en paz” de la chiquillería
saharaui que pasa un verano más en nuestros pueblos y ciudades
refugiados de los cincuenta mortíferos grados que caen sobre sus
progenitores en la Hamada argelina? ¿Cumplimiento del deber de informar
sobre lo que ocurre en la trastienda poscolonial del Magreb o
cumplimiento de qué último dictak sobre la resolución de los
conflictos regionales en África?[1]
Hay
una gota de rabia quemándonos las gargantas
Liman Boicha
Mientras nuestra política internacional siga estando presidida por el
devenir de unas prácticas sostenidas en el oscurantismo, la
desmemoria, la tergiversación mediática interesada, la
participación de nuestro ejército en intereses geoestratégicos
imperialistas sin consultarnos y el regalo/venta de armas a países
que violan sistemática y abiertamente los Derechos Humanos, por
ejemplo Marruecos, nos asiste el derecho de afirmar, siguiendo a Joan
E. Garcès,[2] que la sociedad española es ilusoriamente soberana e
intervenida por estrategias globales ajenas a nuestro sentido
práctico de la solidaridad internacional, que podemos decir con
satisfacción, a pesar del violento cerco de descrédito desplegado,
todavía conservamos, como por ejemplo la que mantenemos con el pueblo
saharaui.
Porque aun sigue en pie mi jaima seguiré remendando las
huellas que el siroco va borrando de la historia
Ebnu
Pero el diario El País, para que la venta de su producto ideológico
surta eficazmente los beneficios esperados, necesita ofrecer a los
consumidores de información visos de credibilidad en lo que escribe.
Para ello contrata personal especializado que se encarga de sancionar
la veracidad de las palabras puestas a la venta, aunque los hechos las
desmientan. Así es como junto al artículo aludido anteriormente
aparece un escrito con formato de noticia titulado “Un Sahara
independiente es inalcanzable” y abajo con letra chica: “Peter van
Walsum, enviado de la ONU, insta a negociar con Marruecos la
autonomía”. Su autor: Ignacio Cembrero. Es decir, que el Frente
POLISARIO compre en oferta sin garantía democrática una autonomía
dentro del reino de Marruecos vendiendo a una parte de su pueblo, el
refugiado en la Hamada, el fin de sus sufrimientos. Aparte de lo
inmoral que resulta que un diario de tirada internacional dé sostén,
sin permitir divulgar una contestación crítica, a la idea de uso
como moneda de cambio de las generaciones de niños saharauis
nacidos y criados en el refugio argelino, lo preocupante de los
escritos de Ignacio Cembrero y otros tantos preclaros ‘especialistas’
conocedores de lo que les ocurre también a los saharauis que
habitan el territorio del Sahara Occidental cuando defienden los
derechos humanos conculcados por el reino alauita, (amén de la
ausencia de ética profesional cuando se oculta para desinformar) es
la lección política que imparten de cinismo pacato y
colaboracionista de las ‘novedosas’ maneras de “desactivar los
conflictos regionales”. Es la concreción de lo que el presidente
Bush dictó en Berlín el 23 de mayo de 2002:
“O construimos un mundo de justicia o viviremos en un mundo de
coerción. La magnitud de las responsabilidades que compartimos hace
que nuestros desacuerdos parezcan tan insignificantes”.[3]
Y específicamente esta colaboración con el plan estratégico Bush de
"colaborar con otros para resolver conflictos regionales",
supone que los encargados de elaborar las fórmulas políticas de los
Estados Unidos encaminadas a tal fin deben coordinar con los aliados
europeos e instituciones internacionales, lo que es "esencial
para la mediación constructiva en los conflictos y el éxito de las
operaciones de paz", y ayudar a los estados africanos "con
capacidad de efectuar reformas y las organizaciones subregionales"
que "deben ser reforzadas por ser el medio básico para hacer
frente a las amenazas en forma sostenida”.[4]
Y se contratan y subcontratan técnicos en el diseño de fórmulas de
‘mediación en operaciones de paz’ que ayuden a reformar o
transitar hacia escenarios de ‘libertad’ frente a supuestas
amenazas terroristas que dificulten los acuerdos comerciales, como por
ejemplo el primer Tratado de Libre Comercio firmado por Estados Unidos
con un país africano, Marruecos.
El tiempo va, siempre va dejando callos en las manos de la
historia
Luali Lehsan
Por eso nuestro Ministro de Asuntos Exteriores, el señor Moratinos,
la persona encargada de seguir tejiendo los hilos que confeccionan las
relaciones bilaterales con el más insaciable depredador de materias
primas y energéticas de la Tierra, manifestó su desagrado con la
postura de el Frente POLISARIO de recusar a Peter van Walsum, pública
y unilateralmente situado a favor de la propuesta ‘autonómica’
marroquí y la ‘irreal’ celebración del referendum. Nuestro
problema interno de descolonización inconclusa pasa a ser un ‘desacuerdo
insignificante’ sobre el que hay que seguir escondiendo la cabeza,
pues el miedo a enfrentar el uso de nuestra soberanía nacional para
resolver -¡en un marco de legalidad internacional!- nuestra
responsabilidad política para descolonizar de una vez por todas el
Sahara occidental, encuentra su explicación en la vieja maraña,
tejida en los años de la dictadura franquista, de subordinación
total a los dictados impuestos por nuestro aliado estadounidense.
Decirles que la tierra no es de ellos
Ali Salem Iselmu
Y así se explica también por qué el lobby mediático insiste una y
otra vez en hacer responsables únicos de la situación en la que se
encuentra el pueblo saharaui a ellos mismos y, sobre todo, a sus
gobernantes, el Frente POLISARIO. A los voceros mediáticos en suelo
ibero de ‘las soluciones negociadas de los conflictos’ no se les
pasa por las mientes pensar que son precisamente los saharauis los
primeros y principales interesados en resolver de una vez por todas y
en libertad sus serios problemas de subsistencia e indigna vida a la
que se han visto abocados precisamente por defender la dignidad, su
soberanía y la libertad para desarrollarse en un mundo de justicia
sin coerción.
La sociedad española, empachada de mentiras y padeciendo las
consecuencias de la enfermedad mental de la hipocresía que se ha
instalado en los cuerpos de nuestros gobernantes, sin embargo conoce
cara a cara a los saharauis, viaja a Tindouf, concede a Aminetu
Haidar, premio Bandrés de los Derechos Humanos, y sobre todo, hace lo
contrario que sus gobernantes, respeta el modo y la manera en que los
saharauis se autogobiernan a través de los organismos e instituciones
de la RASD y no pone en duda la legitimidad del Frente POLISARIO,
defensor y representante de su soberanía nacional. Porque también
"Sabemos que para defender determinados intereses se hace
necesario repetir con insistencia algunas ideas clave para sostenerlos
-los intereses- hasta convertirlas en verdad aparentemente objetiva,
aun a sabiendas de que pueda darse la posibilidad de demostrar que son
una falacia -las ideas-, así como los argumentos que las
sustentan".[5]
¿Hasta cuando seguiremos los saharauis aclarando la obviedad?
Zahra El Hasnaui Ahmed
Aparte de la mayor productora de falsedades sobre unos ‘otros
árabes’ construidos para el imaginario occidental como seres
terroristas y sanguinarios radicada en Hollywood, desconocemos la
trama empresarial y sus filiales españolas dedicada a la importación
y exportación de los imaginarios sobre los que el pensamiento
hegemónico fabrica y vende la realidad del mundo en que vivimos. Otra
cosa es que los compremos y nos lo creamos. Haciendo uso del sentido
común y de la analogía, encontramos en Peter van Walsum, el
enviado para el Sahara occidental por el Secretario general de la ONU
a las conversaciones abiertas en Manhasset, una materialización del
pensamiento de Samuel Huntington que allá por 1975 planteaba que
la democracia es sólo una de las maneras de constituir la autoridad,
y no es necesariamente aplicable universalmente. El funcionamiento
efectivo de un sistema democrático requiere cierto nivel de apatía y
de no participación por parte de algunos individuos y grupos [...]
Hay también potencialmente límites deseables a la extensión
indefinida de la democracia política”.[6]
La lucha de liberación de El Frente POLISARIO, el nacimiento de la
República árabe saharaui democrática y la subsiguiente guerra con
el país que usurpó el territorio legitimado para la
descolonización, Marruecos, abrió una brecha por donde respirar
entre las estrategias descolonizadoras de las potencias europeas y los
regímenes despóticos de Franco, Salazar, Somoza, Trujillo o Pinochet,
protegidos y privilegiados por los gobiernos estadounidenses. Cuando
la tortura, la cárcel y el asesinato de los líderes e inteligencias
no cooptados por el poder imperial dejaron de ser los límites
impuestos para la imposición de las democracias bipartidistas,
llegaron las ideas de las transiciones hacia modelos estatales
definidos como ‘deficitarios en democracia’. Y el POLISARIO, en
1991 en consonancia con la situación geoestratégica internacional,
acepta el alto el fuego como vía de solución para una independencia
negociada: el referéndum. Desde entonces no ha cejado en su intento
de hacerlo efectivo tratando al tiempo de dar salida al “presente
continuo” que supone vivir y crecer bajo la identidad de refugiad@
en un desierto que no es suyo sobre el que parece se sostiene la RASD.
Sabemos que no es así, que el Estado saharaui son sus gentes porque
los saharauis son nación, estén donde estén o vivan donde vivan.
Ya no se apaciguará la lámpara encendida que se transforma
lentamente en una luz rebelde y sabia
Ali Salem Iselmu
De ahí pensamos que deviene la fuerza y la resistencia saharaui. Y es
ahí precisamente donde más se ceban los encomenderos de ‘domesticar’
a las hijas e hijos de la nube. Dejar que sea el tiempo de permanencia
en la Hamada el encargado de transformar la resistencia en un tiempo
para la apatía y la no participación en los asuntos públicos, para
que poco a poco el buen corazón que guía la ayuda solidaria ofrecida
en los campamentos sea el ariete por donde sustentar la subordinación
política, social, cultural y económica del pueblo saharaui a los ‘dadores’
de la ayuda al desarrollo ¡en un campamento de refugiados! Más
claro. Intentar conseguir por todos los medios el máximo
debilitamiento de la capacidad política de articulación del Frente
POLISARIO con su gente.
Y si no me escuchan, otra vez, ¿qué hago?
Bahia Mahmud
¿Cómo seguir adelante si, como aventuran los agoreros partidarios de
la desesperanza, fracasa nuevamente la negociación con Marruecos?
Esta delicada pregunta tiene, sin duda, diferentes respuestas. Peter
van Walsum, arte y parte en el asunto, ya nos ha dado la suya.
Gracias. Demos por bien usado el dinero, suponemos que público,
empleado en pagarle el salario. Pero no podemos compartirla. No sólo
porque estaríamos contraviniendo la legalidad internacional, o porque
sigamos considerando inmoral el abandono hacia un futuro incierto del
pueblo saharaui, sino y sobre todo porque serán los saharauis los
encargados de tomar sus propias decisiones, como pueblo soberano que
es.
Los saharauis, sépanlo, que al ser conscientes de encontrarse en las
antípodas del desarrollo democrático dado en el reino de Marruecos,
que al no albergar deseos expansionistas en el Gran Magreb, que al
serles materialmente imposible en las condiciones actuales contribuir
a la necesaria tarea democratizadora en las regiones tanto del sur,
como del norte del reino de Marruecos, (trabajo que en todo caso
debería ser objetivo de las instituciones internacionales encargadas
de la mediación constructiva en los conflictos con el fin de ayudar a
aquellos estados africanos que, como Marruecos, o bien albergan
amenazas terroristas reales, o bien practican el terrorismo de estado)
los saharauis sólo exigen, con justificada indignación, no una
independencia graciable resultado del fracaso colonial español, sino
el derecho a una justa independencia ganada en el terreno de batalla,
demostrada por la vía de la negociación y, sobre todo, alimentada
por el deseo unánime de todo un pueblo por alcanzar la paz. Basta.
Porque
No pudo morder la mentira,
la geografía inmensa
de tus alas blancas
Zahra El Hasnaui Ahmed
notas
[1]
En referencia al artículo “La sociedad española da ‘falsas
esperanzas’ ” URL http://www.elpais.com:80/articulo/internacional/sociedad/espanola/da/falsas/esperanzas/elpepuint/20080808elpepiint_2/Tes
[2] Garcès, J. E. (1996/2008) “Soberanos e intervenidos. Estrategias
globales, americanos y españoles”. Ed. Siglo XXI.
[3] “Estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos de América”(2002)
La Casa Blanca, Washington. Distribuido por la Oficina de Programas de
Información del Departamento de Estado de Estados Unidos. Sitio en Web
http://usinfo.state.gov/journals/itps/1202/ijps/ijps1202.htmhttp://usinfo.state.gov/journals/itps/1202/ijps/ijps1202.htm
[4] “África: Máxima Prioridad Política en el Nuevo Plan
Estratégico del Presidente Bush” (2002) En ESTRATEGIA DE SEGURIDAD
NACIONAL DE ESTADOS UNIDOS: UNA NUEVA ERA. URL http://usinfo.state.gov/journals/itps/1202/ijps/pj7-4jim.htm
[5] Beatriz Martínez (2007), de “Las argucias del colonialismo
español en el Sahara occidental”. URL http://www.loquesomos.org/lacalle/tuopinion/Lasargucias.htm
y http://www.rebelion.org/noticia.php?id=45475
[6] Informe Samuel Huntington. Citado en Garcès, “Soberanos e
intervenidos”, p. 176.
[i] Este título, así como los subtítulos de este artículo,
pertenecen al libro de poemas “Aaiún: gritando lo que se siente”,
de la Generación de la Amistad Saharaui. UAM. Madrid 2006, y al
Calendario Saharaui octubre 2007/octubre 2008 editado por la Asociación
Amigos del Pueblo Saharaui de Madrid.
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MAR
DE ARENA
LUIS
LEANTE
El
cinco de marzo de 2001, Brahim Ahmed resultó muerto como consecuencia
de un atropello en la vía pública. El accidente ocurrió en la Plaza
del Doctor Ferrer i Cajigal, delante del Hospital Clinic i Provincial de
Barcelona. La misma ambulancia que lo había atropellado lo trasladó
rápidamente al Servicio de Urgencias y, aunque no tardó más de tres
minutos, Brahim ingresó cadáver. Alguien anotó en el certificado de
defunción: «Varón, de unos setenta años, raza árabe». En realidad,
Brahim Ahmed era saharaui y acababa de cumplir cincuenta años. Sin
embargo, el sol de los campamentos de Tinduf, el viento del desierto y
la terrible sequedad de la hammada lo habían convertido en un
hombre avejentado y casi ciego. El joven anciano no llevaba
documentación, ni dinero, ni nada que pudiera dar pistas de sus
familiares. Un auxiliar novato, conmovido por la suerte de aquel hombre,
se acercó al cadáver de Brahim y le cerró los ojos. Al pasarle
suavemente la mano sobre los párpados, comprobó alarmado que del
lagrimal escurrían unos granos de arena que a primera vista le
parecieron lágrimas secas. Observó el fenómeno con sorpresa, pero no
encontró ninguna explicación. Aquella misma noche, el cadáver de un
saharaui yacía en el depósito en espera de que alguien lo reclamara.
Brahim Ahmed jamás leyó un
periódico ni un libro, pero era un hombre sabio. Hasta los veinticinco
años había sido pastor, como todos sus antepasados. Luego fue soldado
durante poco tiempo, hasta que una bomba de napalm le abrasó la mitad
del cuerpo y un obús le reventó los tímpanos y lo dejó sordo para
siempre. Desde entonces pasó su vida en el campamento de refugiados de
Ausserd, al sur de Argelia. Sentado en lo alto del pequeño montículo
en que terminaban las tiendas de su wilaya, vio crecer a sus
hijos, pero no pudo escuchar sus risas, ni siquiera contarles historias,
porque a base de mirar el horizonte fue olvidando su idioma y perdiendo
la vista. Pero Brahim no perdió la memoria y en ningún momento del
exilio se olvidó de su tierra, ni del día en que tres aviones Mirage
F1 franceses, pilotados por marroquíes, soltaron su carga de fuego
sobre Tifariti. Ocurrió un 19 de enero de 1976, y las bombas
incendiarias hicieron agujeros tan grandes en el suelo del Sáhara, que
cabía dentro una persona de pie. Destruyeron el cuartel, el zoco y los
barracones prefabricados que los españoles habían dejado abandonados
en su apresurada huida. Cuando la esposa de Brahim lo encontró entre
los cadáveres, no podía siquiera sospechar que su marido no estaba
muerto del todo.
Durante siete días, nadie
reclamó el cadáver del saharaui en el depósito del hospital.
Finalmente, según las normas, Brahim Ahmed fue enterrado en el
cementerio con una pequeña marca en letras negras que decía:
«Desconocido». Y debajo, la fecha de la muerte.
Cuando
Malika llegó al depósito preguntando por su padre, ya hacía más de
dos días que lo habían enterrado en un rincón del cementerio. Malika
había nacido en los campamentos de Tinduf, pero estudió medicina en
Cuba. Ahora, tras el embargo, hacía la especialidad en Barcelona.
Clavada frente a la inscripción «Desconocido», no pudo evitar
sentirse culpable de la muerte absurda de su padre. Le parecía verlo
sentado en la pequeña colina en que terminaba la wilaya de
La-Güera, recorriendo con la vista el horizonte del desierto como si
vigilara rebaños inexistentes. A fuerza de otear la hammada, su
padre tenía el Sáhara prendido en su mirada cegata, como una enorme
duna que creciera hacia todas partes. En los dos días que Brahim había
pasado en Barcelona, después de muchos años de trámites para venir a
operarse, no había hecho otra cosa que añorar la sequedad del desierto
y la firmeza del viento. Brahim no conoció más que una calle de la
ciudad, aquella en que vivía su hija, enfrente del hospital. Ahora
Malika lamentaba que no lo hubieran enterrado según el rito musulmán y
que el cuerpo de su padre no mirase hacia La Meca.
A mediados de abril, la prensa
local se hizo eco escuetamente del robo de un cadáver en el cementerio.
Por la mañana apareció la tumba vacía y sin rastros que delataran a
los asaltantes. La noche anterior Malika, con la ayuda de un compañero
de estudios, había sacado el cuerpo de su padre. Lo envolvieron en una
manta y lo transportaron en una vieja furgoneta hasta una loma que se
erigía a pocos kilómetros de la ciudad. En una ceremonia muy sencilla,
enterraron a Brahim en lo alto, mirando en dirección al Este, y
colocaron una piedra grande a la cabeza y otra a los pies. No hubo
llantos ni aspavientos.
La hija de Brahim no volvió
más a la tumba de su padre. Por eso no supo que, a las dos semanas de
haberlo enterrado en aquel fértil montículo, la hierba alrededor del
túmulo se iba quedando mustia, y en su lugar aparecían la tierra seca
y las piedras. Al cabo de un mes, la apartada elevación sobre la que
estaba la tumba era un secarral abrasado por el sol. Nadie se percató
hasta mediados de junio, cuando unos niños descubrieron la mancha ocre
de la arena en mitad del verdor del entorno. Sin embargo, no le dieron
importancia. En pleno verano, la arena se había extendido como el agua
y ocupaba algo más de una hectárea. Los curiosos, dominados por la
superstición, no se atrevían a pisar las dunas que el viento había
ido formando. Malika, la hija de Brahim, ya entrado el otoño oyó en la
radio que un extraño fenómeno de desertización estaba devastando
amplias zonas al norte de la ciudad. Cuando empezó el invierno, un
inquietante mar de arena con olas como dunas avanzaba amenazante, y sin
que nadie pudiera ponerle freno, hacia los barrios periféricos de
Barcelona.
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Fernando
Pinto Cebrián, escritor.
El
Sáhara Occidental, la "casa de los "saharahuis" fue
ocupada por la fuerza por su vecino del Norte trasformándose para el
ocupante, por la lógica de los hechos, en un “avispero” bélico y
político.
Connivencias
interesadas de éste con algunos vecinos próximos y otros más
apartados, y la falta de exacto conocimiento de la situación por parte
de algunos observadores, han estado y aún están frenando los intentos
de recuperación por sus legítimos dueños.
Sin
embargo su lucha sigue adelante con una tenacidad ejemplar, tanto por
los que fueron expulsados de su “casa”, como por aquellos que ahora
viven la diáspora.
Y
es que ninguno puede borrar de su alma como era, como estaba amueblada
con sus tradiciones, su cultura y la historia de sus antepasados. Así,
la nostalgia de su Sahara (desierto), estén donde estén, siempre les
acompaña junto al enorme deseo de regresar.
Un
desierto, aquel de Sáhara, de horizonte infinitos y reverberantes, de
pequeños mares e islas de dunas fruto de espejismos, de omnipresentes
arenas bajo mil formas en movimiento imperceptible y de rocas, piedras…,
calcinadas en extensiones sin medida, de montañas heridas, llenas de
cicatrices, dominadas por la arena que las supera y cubre, de tierras
saladas.
Un
desierto de cegadora luminosidad aún en los contados días de nubes, de
colores llenos de viveza: blancos radiantes, amarillos, rosáceos,
sienas, marrones de gran violencia, verdes brillantes en los pastos tras
las lluvias, pajizos ambarinos tras el rápido estiaje.
Un
desierto de olores y sabores acres de punzante sensación y tenaz
persistencia; un desierto de “wads” (rios) y de lagos de súbita
muerte tras las contadas borrascas, de vientos constantes, abrasadores,
violentos en las cegadoras tormentas de arena, de calor asfixiante, de
sequedad, de fríos nocturnos, de silencios totales cuando la naturaleza
calla.
Un
desierto de vida animal y vegetal en oculta, continua y experimentada
lucha por la supervivencia, de hombres resistentes, duros y curtidos,
serios y joviales, orgullosos y humildes, jefes de si mismos y
respetuosos de su estructura social, acogedores y esquivos, raudos en
ideas y aparentemente lentos en explicaciones, amantes de la
conversación y de los silencios…
Un
desierto con “jaimas” y casas sin ostentación externa, de nómadas
y estables en aprendizaje…
Un
desierto con un paisaje nada simple, como se cree, de un mundo, el “sahara”,
que, a pesar de la creciente modernidad ajena que trata de invadirlo,
defendiéndose por sí mismo, sigue guardando celosamente vivo el
secreto de su cautivadora atracción.
Un
desierto que sigue esperando el regreso de aquellos que más le aman:
los saharauis.
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A
vosotros, los poetas
Mariola del Pozo
Rompieron
los fusiles
para
agarrar el verbo
certero
como un puño
La
voz sonó serena, en esa coordinada planetaria
para
quebrar el eco de otras voces
que
sembraban de silencio las razones
El
día que el canto y el poema
retorne
a la luz que acunan sus palabras,
regarán
de risa y llanto las esquinas
de
ciudades que esperan tras un muro
Caminarán
entre mantos de estrellas
mientras
la noche cae de sus turbantes
Y
en medio de ese mar
ganado
a fuerza de pasos incansables
le
dirán adiós a los ausentes
los
dejarán marchar en paz
junto
a las caracolas dormidas bajo el agua
Pero
no se irán del todo
porque
en las gargantas vibrantes de los poetas saharauis
se
amarraran fuerte, y para siempre,
la
historia viva de gritos y miradas
Y
seguirán rompiendo los fusiles
para
agarrar el verbo
certero
como
un puño.
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¿LA
NADA?
Mario
Navarro
La
nada,era un concepto mío.Cuando se aprende a amar el desierto no se
cree en “La nada”.Siempre hay un algo,a lo que asirse.
Llegué
al Sahara cuando tenía cuatro años.Pocos niños de mi edad,había
para jugar,por lo que mis amigos desde la mas tierna infancia,fueron
los Saharauis.
Relacionarme
íntimamente con ellos,con su cultura,con su idiosincrasia,con su
nobleza y sentido de la honradez….me hizo a la postre mejor persona.
El
respeto a los mayores,que desde nuestra propia cultura se nos
inculcaba en los Saharauis era estricta.La devoción por los
niños,era siempre contemplada como prioritaria…¡¡ cuanto aprendí
de ellos..¡¡.
Por
razones de edad,solo me relacionaba con niños saharauis,con lo que su
lengua fue la mía,sus ojos eran los mios,y sus limitaciones sociales…tambien,eran
mías.
Compartí
escuela,juegos,campamentos y estudios superiores.Siempre crecimos los
mismos unos al lado de los otros.Sus madres,me aceptaban con agrado
(no en vano me conocían desde muy temprano)…no concebía una vida
sin ellos.
Cuando
llegaba el verano,la mayoría de los niños “europeos” se iban de
“colonial”.
Los
niños Saharauis…al desierto,¿Dónde iba yo? Pues al desierto.Por
aquel entonces las vacaciones de verano,se iniciaban a finales de
Mayo,hasta finales de Septiembre,prácticamente,eran cuatro meses de
veraneo.En Auserd…en Tichla
visitandoLayuad…la
Grara…Bir nsaran…no concebía otra vida.
Aprendí
desde niño,a respetar el silencio de mis semejantes,el momento de sus
oraciones…las tertulias nocturnas con luz de vela…el té…el que
la madre de cualquiera de ellos,te arropara,aún sabiendo que era
cachorro de otra camada.
El
amanecer,el desayuno,el tener que ir a buscar el ganado,la comida
común…ver la hierba en el desierto,es de los espectáculos más
bonitos del mundo…el enorme tamaño,que tiene el Sol,en esas
latitudes.Cuando se ha vivido en el desierto…tu alma se queda para
siempre en el.
Aprendí
a beber agua de lluvia,directamente de la tierra….aún conservo su
sabor.
Comí…lo
que en apariencia no existe.Escarbando en las dunas,hay un
tubérculo,de color granate,que se llama “terzuc”….amé….amo y
sigo amando a esa mi gente hasta que…la suerte de Mulana decida.
Pero…todo
lo que comienza acaba,y dio comienzo para mi vida…un final eterno.
Nos
fuimos…con el sentimiento de haber podido hacer mejor las
cosas.Particularmente…tenía el sentimiento de vergüenza,cuando
algún dia,esos mis amigos del alma,me mantuvieran la mirada,con
respecto a mi pais…
Y…perdí
amigos en combates…y conservo amigos supervivientes de la guerra y
cada año,hemos descubierto un paraíso para reunirnos,y recordar
aquella infancia
Noadihbou,Mauritania.
Bajan
por los pasillos en territorio liberado….y allí se producen esos
nuestros abrazos.
En
el año 1974,fuimos a un campamento a la Esperanza en Tenerife.El que
a la postre fue ministro de cultura del F.Polisario,era jefe de
campamento,Tami.
Dio
la orden a la llegada al campamento,de que los Saharauis del Aaiun,se
pusieran a un lado,y los Saharauis de Villa en el otro.Los europeos de
Villa en un lado,y los europeos de Aaiun en otro…
Me
situé en el único lugar que podía estar:Con los saharauis de
Villa.Tami,fue hacia mí,pegó su cara a la mía y me dijo…¿qué
voy a hacer contigo?,pero no me quitó del lugar en el que me había
situado…yo,no concebía otra vida…y ellos me consideraban parte de
la suya….como así ha sido,hasta el dia de hoy.
Y
así…entraremos juntos en la tierra que nos vió crecer.
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