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La
palabra dulce
El
viento de la Hamada mece
las
palabras rotas
-
y dulces-
de
este amor que ya no liba
en
tus senos de flores.
-
"No me robes besos
en
la concurrida África" -
La
carne es una tierra libre
y
llena de abundancia.
Ya
no volveré a pronunciar
para
ti
la
palabra dulce,
esa
que al decirla,
un
pájaro azul o verde
levanta
el vuelo
desde
el nido de esta lengua
hasta
el séptimo cielo de tu boca.
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Este
diluvio nuestro
Parece
que las ratas no avisaron
de
que venía el diluvio.
Parece
que nadie las vio recoger su equipaje,
irse
hacia las altas colinas.
¿La
sabiduría de nuestros ancianos
no
pudo descifrar las señales?
Y
nadie preparó la barca,
ni
desempolvó las velas de su baúl.
Y
llegó el diluvio...
y
desmoronó la mitad
de
nuestro pellejo de barro.
Y
nos dejó pasmados
con
otra herida de guerra.
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Yo
bebí los versos de la madera
En
mi infancia yo bebí
los
versos de la madera.
Un
almurabit me enseñó
a
fundirlos en el alma.
En
su mano colocó
una
lisa madera,
castaño
de rostro bello.
Con
tinta de carbón
empapaba
su fina pluma.
Escribía
versos
en
la memoria de la madera.
Después
de las lecciones
vertía
agua en la poesía.
Un
caudal de versos descendía.
"Tómatelo
todo-dijo-
para
que fecunde tu mente".
En
mi infancia yo bebí
los
versos de la madera.
Un
almurabit me enseñó
a
fundirlos en el alma.
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La
quinta estación
Mi
ciudad está sin localizar
en
la geografía del desamparo,
aúlla
bajo los escombros
de
castigados valles,
sus
ecos estallan
contra
las murallas del silencio
contra
la impunidad de los televisores.
Mi
ciudad tiene castillos de adobe
y
vestigios de palacios
y
vasijas de Cluster Bombs
y
semáforos de proyectiles
y
carpas con las manos alzadas
rogando
justicia al más allá.
Mi
ciudad, mi casta ciudad,
en
su sueño fue violada,
sus
aves emigraron
confundidas
de estación.
En
su constante penar
algunas
palomas se quedaron
durmiendo
la eterna siesta.
En
el calendario llovió
abundancia
del hambre,
el
frío, desesperanza, calor.
Mi
ciudad se carcome
impregnada
de miedo,
huérfana
de legitimidad.
En
sus estériles avenidas
deambulan
militares y rebaño
de
mercaderes, usureros y ojeadores
aparatos
de escucha y sospecha.
Mi
ciudad cuenta en su pellejo
más
de veinte cicatrices,
cuenta
nostalgias guardadas
en
las gavetas de la memoria
esperando
el divino soplo
que
las desempolve.
Mi
ciudad será localizada,
cuando
reine
su
implacable fragancia
y
los cartógrafos
se
acuerdan de la otra
propiedad
del zumo de limón.
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La
hoja verde
Hay
un silencio
que
quiebra la palabra.
Y
la palabra quiebra
el
silencio transparente
en
la inmensidad del Sahara.
en
las mañanas despiertas
entre
las estrofas de un poema
se
filtra
el
amargo vaso de la vida.
Desde
el fondo de una tetera
suavemente
galopa,
respira
el sonido
al
ritmo de un tabal de agua.
Cuando
las hojas se abren
lo
artificial se rompe
y
se ahogan los vasos
en
el jugoso manantial
engendrando
dulce amor.
Cuando
brota la espuma
el
alma dialoga.
Los
vasos con su dialecto
aportan
el sensual suspiro
entre
dos distintas manos
para
derretirse en mensaje explosivo.
La
muerte de un vaso
es
un instinto de la vida.
La
luz verde se entrega
al
ritmo del misterio encantador,
al
dulce sueño de las noches dormidas,
a
las deseadas citas
en
la callada esquina.
La
hoja
es
por fin libre y ardiente
cuando
rompe la sed
en
tus labios de esmeralda.
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Dos
manos
Sobre
las finas dunas
se
dibujan dos manos.
Cuánta
leyenda se arruga
en
la línea de la vida.
Cuántas
espinas duermen
como
el niño en la cuna.
Cuántas
manos aplauden
con
la ausencia de otras páginas gitanas.
Cuántas
manos se estampan para
despistar
a los cardenales de la profecía.
Cuántos
senos se acarician antes de
escuchar
el primer grito de la misericordia.
Cuántos
corazones esperan la vuelta para
beber
en los pezones de la auténtica frontera.
Cuántos
dedos separan
la
verdad de la mentira.
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Ramos
de tempestad
El
niño ofrece
con
sus ojos,
con
el triste brillo
de
su rostro,
lo
único que tiene.
El
niño no tiene nada,
y
en medio de la nada
hay
un árbol de duna,
el
Dios del viento estornuda
y
el niño ofrece
a
su amigo
de
otra cultura
un
ramo de tempestad,
lo
único que tiene
en
esta dura vida.
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|
Los
caminos del sur
No
olvides decir
los
nombres de Dios
si
vas por los caminos del Sur.
En
las llanuras de Tiris
el
polvo está de fiesta
después
de las bendiciones.
Un
brindis rompe la nostálgica canción
desde
el Valle de la Tristeza
hasta
el Corazón de los Escorpiones.
Cuando
la luna se abriga
la
anciana noche se asila
en
la silueta de una hoguera.
Una
nave de ardiente ceniza
embriagada
de ansiedad
toma
tierra en la bahía.
Entre
los pasajeros
está
ella desnuda,
con
su pelo negro, liso,
que
al muslo le llega.
Anda
esposada de vendas y henna
entre
las piedras sin edad
y
las regiones sin lagos.
Entre
besos y tempestades,
entre
abrazos y promesas,
hay
olor a contrabando.
No
olvides decir
los
nombres de Dios
si
vas por los caminos del Sur.
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Missing
(más de 24 años en Umdraiga)
A
Abidin Buzaid y otros
Pronunció
con sus hijos
los
versos de una última oración.
Y
un amanecer de escarlata
trajo
enjambres
de
oscuras abejas atroces
cargadas
de atolondradas astillas.
Y
en Umdraiga
llegó
el aviso,
para
escampar la amenaza,
para
ladrar
a
los invisibles perros
que
defecan estrépitos patíbulos
sobre
nómadas
que
no buscan
precisamente
el
rastro de la lluvia.
¿Quién
sigue las huellas
de
sus mitigados pasos ?
¿Quién
talará la interrogante
que
aloja la anhelada novedad?.
De
la esperanza noticia
que
nunca muere
a
las veinte y cuatro horas
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Caravana
Donde
se encomienda al Altísimo
la
dicción de la ruta,
y
se derriten ilegibles principios
sobre
el crepúsculo,
y
se penetra el vientre de la patria,
y
se come en la unión
del
estrecho territorio del cuenco,
y
se camina,
y
se desviste el camello de la sal,
y
se duerme con el denso color
de
la hipótesis del peligro,
y
se murmura el hambre de la jaima,
y
se vislumbra
...
y
se llega.
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Un
beso
Un
beso,
solamente
un beso,
separa
la
boca de Africa
de
los labios de Europa.
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Poligamia
No
quiero hacer
arrugadas
aclaraciones,
ni
leer un prospecto sagrado;
tampoco
quiero
hurgar
en la historia de la herida.
Pero
cuando veo
algunos
rostros hisurtos,
más
bien pienso
en
otra cosa,
y
digo:
esta
vez hablaré claro,
rotundo.
Yo
soy un hombre
que
practica la poligamia,
y
cuento con una ventaja:
mi
religión me lo permite.
Tengo
tres…
tres
amantes…
y
a las tres las quiero por igual.
Eso
es todo,
y
lo confieso en alta voz,
al
amigo y al desconocido,
al
vecino,
con
su expresión devota,
y
a Ella, mi querida aurora.
Tengo
tres…
tres
amantes:
Sahara,
Cuba y Canarias;
y
a las tres
las
quiero por igual.
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Hay
una gota
Hay
una gota de rabia
quemándonos
las gargantas
La
sangre corre a borbotones
salpicando
los rostros y los pies descalzos,
los
nidos y las escrituras.
por
una palabra, sencilla y profunda,
la
bandera en el aire,
la
sangre corre a borbotones.
Hay
un grito de rabia
que
anuncia la tormenta,
y
el miedo estalla
entre
las manos de los verdugos.
El
fuego se ha extendido
desbordando
los cuerpos,
los
atados versos dóciles,
y
el culto a los retratos estúpidos.
Y
aunque se han secado las fuentes
de
la húmeda paciencia,
aún
nos queda
una
gota de rabia
quemándonos
las gargantas.
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Aminetu
En
Ti araron un surco
y
desgajaron tus ramas,
tus
tallos,
tus
pétalos.
Te
negaron
sorbos
de agua,
rayos
de luz,
y
hasta un trozo de Melhfa.
Pero
en Ti existe
una
exuberante vegetación de memoria,
una
brisa del océano,
y
esa próxima
y
anhelada lluvia nuestra.
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Galb
A
mis amigos Isabel y Gonzalo
Me
pregunta un viajero
qué
significa un galb.
Digo
yo, por ejemplo,
que
Miyek es un lunar
en
el vientre de esta tierra.
que
Ziza, por ejemplo,
es
pecho en lengua bereber,
y
que el ala de una duna
puede
tocar el mar del cielo.
Digo
yo, por ejemplo,
que
en los altos picos
de
prismáticos amaneceres
-
frotando su piel-
hay
mucha vida dormida.
Que
en la piedra pasajera
hay
platillos estacionados,
islas
que emergen
desde
el océano de la nada.
Un
galb puede ser, por ejemplo,
el
nombre de una muchacha esculpida
entre
las pestañas de una cueva.
Como
Tiris es el ombligo del Sahara,
galb
es un corazón,
corazón
de piedra.
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