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Reflexión
El
tiempo se impacienta de agonía y dolor
mientras
las frías noches se conservan en cada esquina.
La
larga peregrinación penetra en el nuevo milenio.
Nuestras
almas se alimentan lentamente de hermosas visiones.
Quiero
contener la calma sobre ese olvidado pecho
dibujar
sus encantos para deshacerme de la desdicha
empujar
con fuerza para alcanzarte y nunca volver los ojos hacia atrás
Vivir
la evasión de los días en busca de la bondad de los recuerdos
para
contemplar mi arraigada memoria.
Pero
no levantar las montañas para ver las infinitas estrellas
si
no recordar, porque en cada recuerdo
hay
un sueño sobre el cual descansa mi alma.
Enlazar
la fuerza para alcanzar la inseparable línea
del
camino iniciático de la vida.
No
ver más pastos hasta darme cuenta de cómo fue la última lluvia
que
quiso remediar la existencia de un desierto
convertido
en una hermosa sabana.
Saber
que la alegría es un remedio de cada instante,
es
un escape y no una delegación de cada sonrisa
percibida
después de una profunda lágrima
La
pasión de los olvidados
Las
paredes de adobe se reflejan
en
la inmensidad del desierto.
Ellas
cubren y guardan por mucho tiempo
el
deseo reprimido de los muertos y vivos.
Se
alzan en la memoria de los olvidados
que
se enfilan hacia la razón,
en
el tren de cada vuelta que da la vida.
Huelen
con pasión el perfume
del
último vaso de agua.
Buscan
en el brillo de cada estrella
el
inicio y el fin de cada esperanza.
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El
espejo
Mirarte
desde lejos, mirarte de cerca
y
volver hacia la inquietante mirada,
es
verte en el espejo de la esperanza
porque
vos no estas perdida.
Estás
perdida porque te han robado
el
espejismo de la virtud
para
condecorarte con la perdición.
Yaces
entre el látigo de las auroras
que
te consumen impacientemente.
No
mueres porque el rostro de aquella mirada
existe
en el más allá,
fuera
de ese enajenado abismo.
La
cercanía del bravo rostro hace de ellos
una
cruel mano manchada de sangre.
Pero
no te vengarás porque no hay mayor venganza
que
caer de rodillas y pedir el perdón.
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Paisaje
Una
niña dibuja una casa
con
su sonrisa,
mientras
él entretenido
abandonó
la tristeza
de
su cuerpo.
Las
paredes blancas
las
ventanas azules
el
techo rojo
y
el espléndido sol,
le
hacen revivir
aquel
hermoso caserío
perdido
en Murgia.
Las
cuerdas se sujetan
la
tela azul se alza
y
dos palos erguidos
levantan
la jaima.
El
desierto es majestuoso
y
de los verdes árboles
nacen
hermosas chimeneas.
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Reconciliación
Bajo
la promesa del calor
desapareció
la lluvia,
los
colores son enigmáticos
y
la nueva ciudad es una basta colina,
algunas
palabras suenan lejanas
y
el olor de la fruta es un espejismo.
La
familia reunida alrededor del té
conversa
de forma espontánea
y
el horizonte desaparece en el cielo.
El
turbante, el siroco,
la
lógica del desierto
impone
la naturaleza de las cosas.
El
sabor de la leche es extraño
y
cada paso persigue una nueva huella
en
una ruta infinita;
ser
beduino y caribeño
se
lleva dentro del alma.
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Anhelo
Quisiera
borrar la luz de la memoria
y
del recuerdo hacer una plegaria
que
asista al corazón.
En
la paz del silencio
volver
a fundir la imaginación
empaquetar
la distancia
y
reunir en mis manos
el
espejo del agua.
No
renunciar a los míos
y
con ellos edificar el fulgor del fuego
matar
a la nostalgia
y
revivir la añoranza.
Con
firmeza abrir todas las ventanas
buscar
en las piedras el rastro perdido
volver
a mi blanca villa
absorber
su agua,
dormir
el sueño del encuentro.
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Necesidad
Ahora
que la luz del sol
se
posa sobre la mesa
refundamos
las ideas del momento
y
subámonos,
a
la cumbre de nuestro espíritu
para
expresarnos,
sin
el abismo de la coyuntura
sin
la distancia de la lejanía.
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Primicia
Bajaré
por la silueta
de
tu llanura
y
en la ciudad
del
paraíso
escucharé
el estampido
de
tus muslos.
Entregado
a los segundos
renunciaré
al espacio
y
en la blanca sabana
desnudaré
mis reflejos
y
en los tuyos haré
del
misterio una promesa.
En
la colina juntos
entregados
al sudor
de
la sombra
hemos
recobrado
la
primitiva imagen
del
hombre.
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