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La jaima de la poesía saharaui

EL SAHARA OCCIDENTAL ES NUESTRA TIERRA, LA POESÍA ES NUESTRA IDIOSINCRASIA Y EL AMOR ES NUESTRA LUZ

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Bahia Mahmud Awah

Me pregunta y se autoculpa Huérfano en un Starbucks Seis grados bajo cero Mi razón de ser los libros Tengo fe en el tiempo
El llanto de los sueños La espera El Aaiún o Beirut Auserd, cuna de mis abuelos La novia del mar

Galb El Haulia

 

Me siguen llegando tus cartas de amor, 

que escribes

desde Galb  El Haulia

cartas en las que cuentas que la vida

se reanuda tras las pasadas lluvias.

Hoy, en este jarif  tan verde,

con el radiante sol de Tiris,

leo que te acarician

las caprichosas manos

de los libres vientos,

sirocos, tormentas, calimas

y que respiras mi olor

que te llega

desde Occidente.

 

Oh, mi amor de beduina,

oh, mi virgen desnuda,  

oh, mi hermosa duna.

Tú me preguntas cómo otros

llaman a Galb El Haulia,

y yo te diré que en Occidente

se llama, en la poesía,

“El corazón de la gacela virgen”.

Y así,

tú eres de ojos vivos,

grandes, negros,

alegres, el nido del amor,

el camino que me lleva

para saciar mi sed

entre tus labios oscuros de nila.

Te quiero como galb o corazón,

no importa cuál,

te quiero mientras tu nombre

sea Galb El Haulia,

corazón de la gacela virgen .

Te quiero mientras te busco con mis

cansados ojos,

y te encuentro como la tierra prometida.

Tiris, te quiero corazón.

Te quiero como se unen un

“Galb y una Gacela Virgen”

 

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 Me pregunta y se autoculpa

 

Apoyado en la barra, cauteloso,

tratando de disimular

el impacto de una información en rojo

resaltada, como todos los días

en los periódicos,

Niños de Irak,

niños de Palestina…

Pero hay otros olvidados

para los que nunca hay espacio.

En el bar esta vez no había humos,

las miradas se cruzaban

al son de ruidos de copas

y peticiones desde la otra orilla de la barra,

bullicio de una vida que se inicia para unos

y termina para otros.

Alguien a mi lado, noto que me mira,

y trato de esquivar su descaro

guardando la compostura,

y otra vez desde la esquina de sus ojos

me saluda y me pregunta,

“¿Eres de aquí?”

Entonces ameno fue el diálogo,

no sé cuánto duró.

Me ajusté a mi orilla de la barra

a pedir la cuenta,

mientras que en el fondo de su alma

constato su indignación,

“¡qué injusto!,

¡qué injusto!”.

Procedió a invitarme

a romper el silencio

para escuchar mis miles de desgracias.

Mientras yo rebuscaba

en siglos pasados,

argumentos, fallos,

resoluciones y dictámenes,

me pidió

que le acabase de decir quién soy.

“Entonces soy culpable de tus heridas”.

Y ahora mismo cuando la estoy escribiendo

su tierno corazón se auto culpa,

“lo siento, lo siento,

os hemos olvidado hasta en los periódicos

que cuestan una sonrisa”.

 

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Huérfano en un Starbucks

“A mamá, que vivió su juventud en Amiskarif”

 

Amiskarif , en la jungla

de Occidente,

tal vez

tu nombre no sabe a nada.

Siento herir la suma

de tus

majestuosas letras,

que te hacen

la pirámide de Tiris

y feudo de sus gacelas.

Pero a mí, Amiskarif 

me suena

más que un tesoro

entre los tostados senos de Tiris.

 

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Seis grados bajo cero

 

Ese día me levanté guiado

por instintos ajenos

a mi condición de beduino,

serpenteando

por calles, esquinas,

puertas de bares,

qué estorbo

con mi ruido de tripas.

No sé cómo pedirle perdón

por si el ruido de cientos

de tripas

que me siguen en la misma fila

rompen su tranquilidad.

Perdón, señor.

Perdón, camarero.

Perdón, clientes bien resguardados.

Perdón, caminantes bien abrigados

por la aceras.

Yo también

quiero vivir sin su limosna

ni lamentos.

¡Qué frío hace!

¡Me duelen las piernas,

y me sangra la nariz!

¡Seis grados bajo cero!

me cuestan renovar mi estancia

en el vientre de una madre puta

que me abortó en la oscuridad. 

 

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El llanto de los sueños

 

Nuestros implacables sueños

se fosilizan,

y se convierten en grabados

de cuevas de otras eras,

que unos buscan,

otros visitan,

estudian,

investigan,

mientras que nuestro alma

se destierra

y se despoja

impunemente de nuestros cadáveres.

Perdurará ese llanto de los

agredidos,

el largo sueño de nuestros muertos,

el silencio de los cómplices,

la paciencia del amigo,

la cordura de nuestros viejos,

la ferocidad de nuestro verdugo.

Cuando el mundo nos clama

de pacíficos,

cuando nuestros anhelos

son acribillados,

cuando postergan cada año

el sueño

que tenemos hecho ya de rocas,

cuando en el ruedo del mundo civilizado

nos contemplan malheridos.

 

¡Nuestros implacables sueños

se forjan!

¡Nuestros implacables sueños

se forjan!

 

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Mi razón de ser

“A la bella mujer que me miro con descaro

y me ofendió”

 

 

Alguien, tal vez confundido,

me preguntó,

Eres…

Y le dije que William Shakespeare,

encontró su razón de poeta

y dramaturgo, en ser inglés.

 

Mientras que yo sigo simplificando

esa razón con los que intentan

situarme a la deriva,

y convertirme de ser en no ser.

Entonces nunca será una razón

diluirme en sangre de besamanos,

o transformarme en creyente

que reza God save the king.

Y se lo digo en la lengua

de Byron y de Shakespeare,

To be or not to be, that is the question,

Im not Moroccan,

sorry, esta es mi razón de ser, saharaui.

 

 

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Como tus ojos  

A María,

la niña de Talavera de la Reina

 

 

Me has pedido que te describiera

el cielo del Sahara,

que te lo depositara en la palma

inocente de tu mano.

Estrellado,

azul celeste aún presente

en mis ojos,

como tus astros,

constelaciones en cada noche

de mi desierto,

transparente, abierto como tu corazón,

fresco es tu olor,

recuerdo de antaño.

Era techo de mi cuna, María.

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Tengo fe en el tiempo

 

Voy huyendo a la infinidad

del tiempo.

Voy huyendo de los principios

frustrados.

Voy huyendo de los que no levantan

polvo al caminar.

Voy huyendo de los que no creen

en el día

que nacerá mañana.

Porque yo sí creo en ti,

hoy, mañana y los próximos

siglos

y por eso

mi evasión a la infinidad del tiempo.

 

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La espera

 

Dicen los ancianos de nuestra

badia

“A quien aguanta le llegará

la sombra” .

Tres décadas

no nos desesperan porque

la tierra

gira y el anciano cuenta sus pasos

y nunca miente.

 

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El Aaiun o Beirut  

 

Desde El Aaiun a Beirut poco distan las palabras

que fluyen de rabia.

El Aaiun, los ojos

El Aaiun, los ojos

El Aaiun, los ojos.

Y en sus cuencas, perdidas, desorbitadas,

las calles

huelen la misma barbarie.

La maquinaria bélica, las bombas, los tanques,

las balas que fabrica la misma casa,

igual matan en Beirut, El Aaiun o en Saigon.

Llámala como quieras, tú que observas

desde el monte Sinai,

desde Paris, Madrid

o el edificio azul en Nueva York.

Yo soy otro Beirut al que nadie llora,

yo soy otro Beirut del que nadie habla,

yo soy ese Beirut hace treinta años,

cada día me matan y resucito.

Yo soy ese otro hermano que Beirut no conoce,

y al que nadie llora.

Y me llamo El Aaiun, los ojos, que igual rezuman

por El Aaiun o Beirut.

 

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Auserd, cuna de mi abuelo

 

Cuántos años transcurrieron desde

aquella lejana,

triste, larga y confusa noche

de una guerra,

que según decían los presos

del norte,

era para ganar su pan…

Otoño de 1975,

cuando por esa guerra,

mi infancia se destierra

lejos de ti,

abuelo, Hamadi, Dah, Auserd, Awah…

y entre la vecindad de las tantas

lápidas del cementerio,

allá anclado

en la falda del monte suroeste,

dejo el alma

de mi antepasado,

Dah, era así como lo llamaba.

Qué será del cementerio de mi abuelo,

y cómo estarán las tumbas

de sus amigos, conocidos, 

transeúntes vivos en el tiempo que

apagó el norte.

 

Auserd, el primer amor de mi grata

infancia,

el último y  tierno beso de mi abuelo.

Qué será de tus legendarios galaaba,

Bumarca y Buserz,

qué será de Laraguib,

Agailas, Ayahfun ,

y que será de Leglat  y Derraman ,

Qué dulces recuerdos, tan vivos y lejanos,

y qué grande es la historia que intento

alimentar con mi usurpada infancia,

que se quedó varada

entre cinco valles de Tiris,

Bumarca, Buserz, Ayahfun, Agailas y Laraguib.

 

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La novia del mar  

 

Villa Cisneros, Dajla, península

ausente,

Arus Elbahar

camino de los cisnes blancos.

Esta es mi lejana ciudad amada,

la que Francisco Bens

vio desnuda y libre

a plena luz del Gamar sahariano.

Esta novia de la mar y del desierto

también la contempló hermosa,

caminando descalza

entre las orillas y el vaivén

de sus olas atlánticas,

otro amante que se llamó

Emilio Bonelli.

Mi ciudad es gemela de Rosarito,

San Quintín, Santa Rosalía, Loreto,

Ensenada, San Lucas

y La Paz, su otra hermana Mexicana,

posada feliz en la mar pacífica. 

Mi ciudad, mi novia, mi sirena,

mi península,

está levantada

está muntafida

está herida,

siente la ausencia de su Fuerte 

y la soledad en las playas.

Tiene sed de libertad como para saciarla

con el Océano Atlántico.

 

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Los libros

 

Los libros me hablaron de nefastas

e injustas guerras.

 

También me enseñaron

cómo odiarlas,

cómo repudiarlas.

 

Los libros

me condujeron a las entrañas

de mi siglo.

 

Porque he visto

poetas jornaleros,

poetas jardineros,

poetas cristaleros.

Poetas

que avivan las letras

donde el cielo abraza

la inmensidad de los desiertos.

Pero también he visto

que la palabra

de un poeta jardinero

equivale al precio

de un tulipán en Constantinopla.

 

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Última modificación: 07 de octubre de 2007.