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Basta
¡Basta!.
Las calles enfurecidas
se
alzan y comentan
las
grandes injurias.
¡Basta!.
Las casas pululan
de
rabia desmesurada.
Y,
¡basta!, porque hay
un
anhelo que ya no espera más.
En
estos tiempos ya no
quedan
enfados que calmar
y,
desde el corazón del oprimido
se
exalta la rabia contenida.
Las
ciudades del Sahara sombrío
se
levantan una vez más,
para
gritar orgullosas:
¡Basta!.
¡Basta!. ¡Basta!.
Perdón
Al
amigo pido perdón,
a
mi madre,
a
esa persona sensible:
mi
querida amada.
A
mi buena intención
también
se lo pido.
Y
es que me he deslimitado,
diciendo
mal de lo incierto,
sobreponiendo
sentimientos innatos
y
valorando sin fe a la gracia divina.
Y
pido perdón
porque
no sé hacer reir,
ni
con la magia de los gestos
ni
con el consuelo
de
las hermosas palabras.
Soy
infame, grotesco;
por
eso pido perdón al navegante,
que
en el mar de la poesía
hunde
ancla
para
saborear palabras.
Palabras
que han de ser útiles.
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Acuarela
Yo
soy de aquellos creyentes
que
tienen doble cara,
se
sacian de las putas
y
comen en nombre de Dios.
Galopan
en las nubes
cuan
hartos de la tierra
y
pintan sirenas
con
el humo falso de la eternidad.
Esto
es todo.
Ya lo digo:
hay
alguien que se aferra
a
creer que un fiel
es
un poema andante.
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Mima
Dijo
ella:
"Llámame
madre, o
acaso,
mima"
Bien,
pensé yo.
Días
después
ya
no tuvo que corregirme,
y
le dije: (tímidamente)
"Siento...
siento amagos en mis adentros
pujándome
sin parar.
No
sé... pero algo está pasando,...
debo
confesártelo: es una ilusión que tengo
desde...
desde este entonces...
hacer
el amor con mi madrastra,
¡juntar
mis labios con los tuyos!
¡apretar
tus pechos!"...
No
pude mirar sus ojos.
¡Qué
vergüenza!
Ella
dijo:
(tímidamente)
"Tú,
mi propio protegido,
al
que no parí pero di cobijo,...
(pausa
larga)
...
maldito infiel..."
Lo
sabía.
Luego,
tan luego,
volví
a amar
y
adquirí la costumbre
de
rezar antes de dormir.
Ama
a tu madre,
después
a tu madre,
luego
a tu madre,
después
a tu madrastra.
Yo
amé a mi madrastra
hasta
la saciedad.
Hoy
me resigno,
pero,
incomprensiblemente, dejé
de
soñar con sus dulces
y
tiernos labios.
¡Es
tan hermosa la jodida!
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Um
Draiga
¡Señor
omnipotente!:
ha
naufragado un barco,
allá
donde trabaja el sol,
y
las noticias son confusas.
Se
ha perdido
el
mapa de las rutas.
Se
han quebrado
las
esperanzas.
¡No
quieras saber!,
hay
vidas humanas
que
iban a fundar un barrio
llamado
lahmada.
Se
naufraga el navío
y
el sol, únicamente,
ya
no le quedan fuerzas.
Le
vimos que llora y llora,
con
lágrimas de arena
y,
en una de esas lágrimas
supimos
del agravio.
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Mi
madre loca
Mi
madre cuerda
Nació
antes que yo,
En
un día azul
Sobre
una alfombra amarilla.
Mi
madre es de sangre
turbia
y venas vagas.
Tuvo
el honor de vivir
Adulada
por su vecino.
Odiada
por su ropa
Y
enamorada de su abuelo
Loca
Loca,
loca, loca, loca, loca.
Así
vivió en mi ausencia.
Cuando
volví,
Estaba
rematadamente loca.
Jueja,
q ya te diste por vencida
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Madrastra
Me
despojaron de ti,
y
ahora no soy nadie.
¿Sabes?
talé
ladrillos
bajo
tu atenta mirada,
tratando
de lograr una imagen,
y
no pude.
Corrí
por campos minados
y
disparé balas vírgenes,
para
el bien de mi futuro,
y
se me olvidó el porvenir.
Quise
ser
amigo del diablo
y
amante de una bruja,
mas,
me repudiaron.
También
subí
árboles
gigantes,
y,
sin creerlo, vi las cosas,
todas,
a
mi altura o más grandes.
¿Qué
más puedo perjurar?
Ahora
estoy muy viejo
y
reencarnado en el demonio,
tengo
cien cabezas y mil lenguas.
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Siroco
El
día se hace eterno
ya
de antemano.
Fatimetu
agita su melhfa
y
envuelve su impasible rostro
con
la tela cotidiana.
Otras
miradas tristes
invocan
algún misterio.
Desde
las vísceras
de
la endeble morada
se
retuerce la tranquilidad
y,
de paso,
se
enojan las moscas.
Allá
en la penumbra
balbucea
algún niño,
entonces
se
desprende algún
desairado
sermón
y
un ambiente distante
carcome
las gargantas.
En
la frontera
de
la jaima y la nada,
el
día se hizo amargo,
y
nadie quiso
maldecir
a los dioses.
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Si te fu
eras
Si
la luna bajara,
ya
cansada de esperar,
y
tendiera un manto
cerca
de su amado,
las
estrellas no llorarían,
no,
irían en complejas filas,
al
rincón abandonado
por
esa luna rebelde.
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El llano
amarillo y el siroco
El
promiscuo llano amarillo
hoy
se deja acariciar
por
la familiar compañía.
Antes
y antes
el
calor y el frío
ya
habían deleitado
a
la alfombra impasible.
El
siroco rocía la infinidad,
de
más y más arena.
A
la par, un cántico
envuelve
al mismo llano
que,
parece dormido
en
los brazos del magnánimo siroco
y
juguetearse efusivamente
ante
los ojos del infinito.
Allá
a lo lejos
el
sol melancólico y aturdido
contempla
a los afanados amantes.
Y
algún paisano de índole marcada,
sin
percatarse,
maldijo
a la nada y el todo,
buscando
irremediablemente
la
tranquilidad,
implorando
que se acabe
la
estación de los anhelos,
adonde
acuden como hoy
los
eternos amantes.
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Aún no
duermo
Aún
no duermo
cuando
me acaricia
la
pubertad.
Sus
manos no cesan
de
infringir mi silencio.
En
la sonata cotidiana
que
resuelve sus ganas,
abrasa
su pubis
y
me ata su lengua.
Aún
hoy duermo
después
del letargo
que
me hizo esclavo
y
me susurró
de
algún modo,
el
desgano de verla
desnuda
y
no duermo todavía
porque
algún fantasma
me
recalcó que
aún
virgen tiene que ser.
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El grito
desahogado
Un
drama que se ha inscrito
en
los sospechosos cuadernos
de
la órbita mandamás.
Hoy
se revuelca en las aceras
de
la ciudad de los manantiales:
Va
y viene el alma incansable
buscando;
a cualquier precio,
la
paz de los sentidos.
De
una bocacalle ingrata
o
una avenida traidora,
salen,
como moscas en bandadas
los
militares de la discordia
y,
riegan con sus armas
la
intranquilidad del turbio aire.
El
drama del Sahara
sigue
impoluto en las ineficaces
lenguas
y miradas ajenas.
En
tanto
nuestra
sangre,
derramándose
aquí y allá
seguirá,
por
la gran razón inalienable:
de
pasearse entre las brisas
de
un auténtico aire saharaui.
Olor
a incienso y, miradas beduinas
surtirán,
entonces, nuestra vida,
arraigadamente
nómada.
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ORACIÓN AL ARTISTA
Chejdan Mahmud
Será verdad
porque se ha recalcado
muchas veces,
que el artista
es un timador.
Él sabe
que la sangre que corre
por nuestras venas
no es roja,
-realmente es azul-
cosa que nunca
confiesa.
Pinta rosas, paisajes
y personajes, para
después
vender arte falso
y, ni siquiera luego,
en la intimidad,
siente remordimiento o
deja entrever
que es un maníaco de
la mentira.
El artista se refugia
en la inspiración. Y,
miente.
El artista es un
acaudalado más.
Por Dios, hasta cuando
tengamos que oír,
y en voz del artista,
que la luna no habla
y las estrellas no se
enamoran!.
Pero atención,
que nadie trate
de buscarle el lado
bueno.
Simplemente no lo
tiene.
Nos confirma la vida
como rigores dados;
remueve nuestro estupor
con versos mágicos,
a razón:
de que somos mortales.
Y nos tima.
Sincero soy yo,
delator quizás.
Suplicad todos,
caballeros y señoras.
sabéis que el alma es
frágil;
el sentimiento es
ingenuo
y la razón, ¡la razón
es un mero
beneficio!.
Amad:
sin arraigo,
al verdadero clemente,
al original, al que no
pinta,
al que no escribe, al
que no vende.
Después de todo
hay razones para seguir
viviendo.
En consecuencia,
no soy rebelde,
me canso de decir la
verdad,
y a veces vuelvo a
preguntar
a un amigo o una amiga
de lo que ya sé.
El artista no tiene
voz.
Nunca crea
delante de su público,
y en efecto
nos da la imagen falsa.
¡Oh, Dios
misericordioso!,
¡bendita madre!
ya que son cómplices
directos,
¿por qué son así?:
piadosos, benévolos
con los artistas.
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