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La jaima de la poesía saharaui

EL SAHARA OCCIDENTAL ES NUESTRA TIERRA, LA POESÍA ES NUESTRA IDIOSINCRASIA Y EL AMOR ES NUESTRA LUZ

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Mohamed Ali Ali Salem

A la deriva Vientos de libertad No olvido Las palabras Nací

Alba y amanecer

 

Al abrazamos, al besamos.

El alba, querida, cunde en nosotros y sentimos la muerte.

Como sentimos la vida.

El alba, querida, existe

Como existe tu herida sonrisa,

Tu angelical voz,

Tus tiernas manos.

Tu melancólica mirada.

Tu leve y risueño caminar.

De alba: sólo de alba.

El alba descansa en tu regazo.

En mis manos descansa.

y en nuestras bocas repite:

Sólo la huella de los besos

Lleva a la felicidad.

Mientras cabalga el alba.

Va llegando el amanecer,

Cubierta de ternura.

En su umbral.

Porque el amanecer es suyo

Es tuyo y mío todo el amanecer


A la deriva

(Elegía a Bachir Mohamed Ali. 1987-2003)

 

Me abandonó la vida

cuando dejó de alumbrarla

tu risa.

El brillo cautivador de tus palabras.

Las azules palomas de tus manos.

El encanto de tus cansinos pasos.

Tu encendida rebeldía.

Tu amor por la justicia.

Tu generosidad sin medida:

tú el más hermoso amanecer

en mi vida.

 

Se me fue la vida

y la alegría de vivirla

y solitario y solo,

solo, solo y solo.

Cien mil veces solo

me hallo,...

si me hallo...

No hay presencia

que me haga compañía.

No hay palabras

que me alivien

y solo soy fuerte

si te lloro

y solo existo

si te pienso.

Inexistente, roto, roto

-no derrotado-

vivo, sólo, porque tú

no quieres verme muerto.

 

Ya no estoy en este mundo

ya no estoy en este antifaz.

En esta guarida de infancia.

En este asfalto de injusticia

donde las tardes engullen niños.

 

Y solo...

Solo, solo y solo.

Cien mil asesinas

soledades me habitan.

Dagas, gumías, puñales,

cuchillos, navajas, sables,

enloquecidos y hambrientos alfanjes

me horadan

y solo me ampara

el dolor y sus ancestros.

 

Silenciado tú -frondoso árbol

de ternura y esperanza-,

taladrada tengo el alma,

bañado en hiel el pasado,

naufragado el porvenir

y entre embravecidas aguas del presente

y a la deriva...

me aferro a lo que fuiste

hijo mío.

 

Y maldigo el día que no lo inaugure

tu imagen.

Y maldigo la noche que no lo arrulle

tu recuerdo.

Y sólo viviré porque tú

no quieres verme muerto.

Y viviré -mientras me duren los siglos-

en el corazón de tus palomas

y en el relincho de tus musas;

amaneciendo atardeceres,

alentando vientos contra silencios

y contra atropellos rebeldías.

En tu memoria, en tu recuerdo:

Tú el más hermoso amanecer

de mi vida.

Tú Bachir, hijo mío.

 

Ávila, 26 de Febrero de 2004.

 

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Vientos de libertad

El palomar de las cartas

emprende su imposible vuelo

Miguel Hernández

 

Vientos de libertad emprenden

su intrépida marcha

en éstos saharuis caminos

donde traidores y agresores

sembraron exterminio

fúnebres miradas,

tueras donde flores

y espectros de agonía.

 

Se oyeron estruendos,

gemidos de dolor,

duerme el día

en garras de hiena,

el cielo llueve acero

y mi jaima es un torbellino

de asustados rostros

que huyeron de la tierra,

que vuelven a la patria,

mientras el viento de la libertad

lame los confines.

 

 

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Venías...

 

Venías...

Venías enterrando pañuelos,

cerrando llagas,

llenando los espejos de la noche

de rocío de aurora.

 

Llegaste benévola, pura, triunfal,

derrotando a los agresores,

tú, ocaso de cadenas,

vencedora de la muerte,

infinita mirada

de indeleble amanecer,

hija del palomar de leones,

amparo de epopeyas,

jubiloso grito de bandera

de ecos encallecidos

nunca mudos.


Las palabras

 

Las palabras,

a veces, las palabras

a brotes de hechizantes arrullos

como silentes aves se posan

lloviendo leve, profundamente

un olor de albahaca

un ahumado corazón,

una dicha de doble sentido,

una anatomía de dicha

donde se confunde el mira,

el toca, el gusta, el huele,

enfilados en ansia de tímpano.

 

Incipientes palabras,

alados verbos,

yertos hilos, insomnes fonemas,

embelesador cutis de voz

y nupcias de oído y lengua

en alfombras de teléfono.

 

Sé que las voces han atracado

en la ribera de aquello.

Aquello que el pudor

y el espectro de la duda

anhelan atenuar.

 

Pero... la plática telefónica

de sintaxis pronta,

la cálida caricia de oído

el poético juego,

la afinidad, la dulzura

del encuentro telefónico

disipan su timidez

y mi temor al ocaso

de este alba que despierta.

 

Las palabras,

a veces las palabras,

las tupidas, las transparentes

hijas de lo que pensamos,

aletean, vuelan y vuelan,

trazando confines de Venus.

 

A veces las palabras

absorben de los ojos su brillo,

su esencia, su semántica

y aletean,

revolotean y se posan

en aquel lugar, en el de esto

que tenemos entre manos

y a donde el cutis de tu voz

ofuscadamente me llevan.

 

...Y a veces las palabras

susurran una dicha del doble sentido,

la dicha palabra del indeleble

y cierto alba que despierta.

 

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Nací

 

Nací bajo el abrasante sol del desierto

entre lluvias y arenas crecí,

entre las balas y los estruendos

de una atroz guerra, crecí.

 

Crecí soñando con un libro

bajo mi cielo:

cielo azul de blanco horizonte.

 

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No olvido  

 

No olvido, compañera, la inminente presencia

de días atrapados,

de amaneceres mutilados

en la lóbrega garganta

de las noches de exilio.

 

Ni mis años,

temprano vividos

y roturados en mis calles natales

añoradas hasta la demencia.

 

Mi tierra,

lugar de donde vengo,

a donde voy.

 

Encadenada nación,

razón de mi diáspora,

de mi lucha,

de mis pasos y mis alas

que no cesan:

porque se saben esperados.

 

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