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La jaima de la poesía saharaui

EL SAHARA OCCIDENTAL ES NUESTRA TIERRA, LA POESÍA ES NUESTRA IDIOSINCRASIA Y EL AMOR ES NUESTRA LUZ

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Saleh Abdalahi Hamudi. Sleha

Ven Sed Madre Nosotros Mujer en el exilio
Cuna de mi infancia Beduino El Aaiún La ciudad ausente Un instante

Sueño

 

Sueña el niño algún día

poder en el cielo batir su ala.

Sueña el cosmonauta poder

tener en sus manos, su propio planeta.

 

Todos sueñan allá arriba.

Sueña el astronauta,

abandonar su telescopio

y acercarse algún día a los astros

galopando en su adorada cometa,

sueñan incluso los enamorados

vivir una eterna luna.

Todos sueñan allá arriba,

y yo, tan solo sueño poder en mi tierra

algún día, alzar al cielo mi bandera.


Ven

 

Ven con tu condición de humano

para sentirte más humano,

a sentir la ausencia de la cuna

en la distancia del olvido,

a sentir la erosión del tiempo

que oxidó nuestros huesos

sin nombre.

Ven a vivir mi paciencia incierta

que descansa sobre las secuelas

de la guerra,

a esquivar la guadaña que arrastra

mi suerte,

a secar las calladas lágrimas que

ahogan nuestras almas.

 

Ven a salvar la inocencia que se pierde

entre el polvo y la pólvora,

y esperar en mis horas de exilio,

la última vuelta de mis plegarias.

Ven, y cuando hayas vuelto no dejes

de ser el eco de mi humana voz

que reclama con boca seca la LIBERTAD

 

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Sed

 

Las piedras se descomponen bajo el sol

para mas arena.

Los caminos se pulverizan en la contienda

hacia una paz que por herida no llega.

 

El silencio se remota bajo el peso

de un gigante monte que se encierra

la clave de una serpiente negra,

y aquí en esta contienda donde el lagarto

se deseca bajo la sombra de un verano caliente

y el camello atontado por tanto espejismo,

tengo mas sed de paz que de agua.

 

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Madre

 

Madre sé que sufres,

sé que el dolor te hace llorar

y que tus lágrimas son de cera y calor.

Madre sé que te han cegado los ojos

y te han ahogado la voz

para no cantar al mundo tu libertad

Madre sé que de tus brazos

te han arrancado los hijos

que tus senos deseaban

con amor alimentar

y mas que tus senos

tu historia y cultura enseñar.

 

Madre sé que tu llanto,

tu llanto mudo aún está

e hizo a todo el mundo escuchar.

 

Madre sabré también que vas a cantar,

a cantar con una voz que llegará al mas allá

y cuando amanece, tus brazos se abrirán

para tus hijos que están aquí y allá.

 

Madre sabré que tu alborada va a alumbrar

los puntos cardinales y mas allá

de la frontera y de la mar.

 

Y tus lágrimas Madre?

¡oh! tus lágrimas ésta vez serán de júbilo y felicidad

y cuando todo sucede

cuando la corona solo reina en su lugar

tú, tú Madre Patria seguro, seguro que vas a olvidar

porque tu corazón es todo AMOR Y PAN.

 

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Nosotros

 

En esta intemperie seguimos estando

nosotros, los de antes,

los que luchan con sus desnudos cuerpos,

contra las desgarradas muelas abrasivas del tiempo.

Los que apagaron sus agujereados

pechos y ataron sus manos

sobre el vuelo blanco de palomas.

Los que mueren, nacen, sueñan

y, sobre todo, esperan arrancar

de las cenizas la identidad

de un corazón hecho ya fuego.

 

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Mujer en el exilio

 

Después de la tormenta de arena

te levantas, bajo el alba del desierto,

y te vas, cargando a lomo el peso del exilio,

sacudiendo el polvo, que niebla con catarata

tu nostálgica mirada.

Allí estás tú mujer, contra el viento y su

desaliento,

mazando con amor la gracia de nuestra

vitalidad.

Al atardecer, ya fatigada pero a la vez

gentil y gallarda, te vas,

dejando huellas de sonámbula,

hundiéndote en la arena,

para encontrarte con el ocaso,

Y con alivio, te sientas a evocar

tu horizonte.

El ocaso está gris, está amarillo, está rojo,

allá todo está mezclado, acribillado por el

siroco

de sangre,

por tormentas de polvo y pólvora.

Y tú, mujer, percibes que tu ayer y tu presente

será igual que mañana.

Y te vas, de vuelta

dejando estelas de sueños

y sombras agitadas junto al viento.

Mientras, despiertan tus huellas

para encarar la próxima tormenta

que a tus ojos se aproxima.

 

 

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Tesoro perdido

 

Mira como sopla el viento,

arrastrando las hojas que alimentan

Mi esperanza.

como el polvo en su regazo,

Nos cubre con su túnica.

para que la arena nos entierre

poco a poco en esta inmensidad

De la nada.

Él, salió de los suyos

para llenarse de sí mismo,

se encontró sentado en  una inmensa

Sábana de blanca arena.

y en su infinita soledad,

vació el cofre de sus recuerdos

buscando sin cesar,

como se busca a un tesoro

Sin mapa.

Su lejana infancia.

no, solo encontró arena y viento,

huellas borradas y piernas fatigadas

noches de ensueño sin almohada,

Pastoreando su existencia.

¿Acaso nací sin infancia o mi infancia, nació con

arrugas en la frente?

Ahora un soplo de arena

Le dio en la cara.

y al abrir los cansados ojos

se quedó consternado ante

El ocaso del sol.

lo vio con toda su fuerza,

trató con toda su fuerza de esquiva

A su imaginación.

y solo vio sangre, ceniza y negras tostadas

De nubes, dispersas en el fuego del crepúsculo.

y le ahogó el mismo Apocalipsis,

Que estrangula el sueño, de sus escasas noches.

Terminó la guerra.

y allí va un hombre sin pierna y con muleta.

 

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Cuna de mi infancia

 

Cuna de mi infancia

ven a mí,

ilumina mi frente,

guía mis pensamientos

no dejes que la luna abandone mis noches,

y yo con los ojos cansados, contemplando

las huellas que va dejando

mi dedo en la arena.

Mis huellas son rayitas

sin significado y sin sentido

pero mi mente arde,

arde como brasa

como hierro fundido

por tanta arena.

Sí, porque ya me cansa la arena,

la piedra, el barro, el clima,

me cansa esta "paz" donde

uno olvida lo que espera.

Ya me canso de escribir

siempre sobre la arena,

sobre el niño que llora,

sobre el espejo y su rotura,

sobre la viuda que perdió

su amor en la guerra,

sobre este dolor inmenso y triste

de un pueblo que solo espera.

luz de un día, ilumina mi frente

y hazme vivir mi soberanía.

Haz apagar este Apocalipsis

de mi poesía.

Yo quiero escribir hogar, calles semáforos,

fábricas, puertos,

escribir ciudad.

Escribir el verso su aroma

y del aroma mi poesía.

Pero mientras tanto y mientras

está la luna,

seguiré haciendo estelas con mi índice en la arena,

mañana es otro día.

 

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Beduino

 

Puedo entender que la tierra

gira sobre un eje

que la luna brilla porque existe

un sol,

que la lluvia caiga del cielo

y luego la busquemos de las profundidades

de la tierra.

Pero lo que no puedo entender,

sabiendo que el camello

es libre, dueño del viento y del espejismo,

es tenerlo atado a la inmensidad.


El Aaiún

 

Cuando aquel infame noviembre

se vistió de negro y con su guadaña

cortó mi ombligo

todo se volcó contigo.

Luego el tentáculo de la guerra

nubló con pólvora nuestro espacio.

Alguien en la trinchera gritó tu nombre

y desde entonces en cada corazón que va

dejando para el dolor una esperanza

me resuena tu nombre.

 

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La ciudad ausente

 

Ciudad de mi ausencia

rota te quedaste

rota te quedaste cuando espantaron tu palomar

con estampidos de pólvora

cal y canto, porrazos y culatas

sangre y libertad se cruzan por tus calles

mirándose los pasos de tu mañana

Ciudad de mi ausencia

por más fantasmas que desfilan disfrazados

negándote la palabra

por más lenguas torcidas como carias en tus rincones

hay luz, alma, deseo, rebeldía, fuego en la frontera

y aquí en cada jaima en la espera

el eco de Aminetu Haidar, Ali Salem Tamek, Dadach,

Hmad Hamad, Brahim Numria,

Leila Lili, Mahyub Saadi, Toubali Hafed,

rehierva la sangre

para la vuelta.

Oh, El Aaiún de la cuna

umbral para nuestra sed de libertad

ayer había sangre por tus ojos 

sentencia de muerte en tu costado

pero tu voz, tu palabra erguida por entre la alambrada

a pesar de los muros y los pesos y la culata

y los porrazos y la sangre

por la belleza de tus ojos

a pesar del cal y canto

tus ojos sólo miran la libertad.

 

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Un instante

 

Bajo el cielo infinito de esta noche

alzo mis manos a la luz.

A esta luz que vigila por mí

la arena de mis huellas.

y por un instante, dejaré mi condición

navegar en un fugaz olvido.

Ya puro, viril, auténtico y con luz propia

como yo quiero

me desnudaré de mis huellas, de mi exilio

Y me dispongo a volar.

No para vivir en el mundo de las estrellas

que viaja en duradas cometas

ni seguir la corriente de la ciencia.

Volaré desesperadamente a tu encuentro

que desesperadamente esperas,

acariciar con mis alas tu vientre.

 

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