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Mi
té del martes 25 en el antiguo Café de Fornos de la Calle Alcalá 21
Bahia
Mahmud Awah
Suelo
acudir a un rincón, café americano, sito en la calle Alcalá, una de
las grandes arterias de mi ciudad de exilio, Madrid, que me acogió hace
una década como uno de sus nuevos ciudadanos, fenómeno histórico con
el que son muy conocidas las grandes capitales europeas, como Londres,
Paris, o Ginebra.
No me sorprendió la historia de ese lugar, cita de muchos
universitarios, oficinistas y turistas, categoría secular, que ya me
había contado Alberto el artista. Un día después de comentarle sobre
ese café Faborit, me dijo: “Fíjate en la placa que aparece en la
esquina del edificio”. Por eso fui otro día exclusivamente para ver
aquella triangular placa de color arena con un trazo bordado de negro,
en la que rezan siete líneas en mayúscula:
EN
ESTE LUGAR ESTUVO
EN LA ÉPOCA DE
LA RESTAURACIÓN EL
CAFÉ DE FORNOS
LUGAR DE TERTULIAS DE
POLÍTICOS, INTELECTUALES
Y TOREROS.
Pienso “Vaya mundo tan heterogéneo que se juntaba aquí,
intelectuales políticos y toreros”, en fin todos condenados a
compartir la misma cubierta y navegar juntos a fin de tocar tierra
firme, ahí donde los caminos bifurcaban entre orejas de toreros,
obras literarias y ambiciones políticas, es como el dicho saharaui
shejlat teir ubajnus, algo así como qué es lo que junta un ave y una
bestia.
Al antiguo Café de Fornos, fundado por un sirviente del marqués de
Salamanca, donde a finales del siglo XIX germinó la generación del
98, hoy Faborit, lo frecuento contagiado por su pasado literario
buscando paz para escribir, leer y a veces auto reflexionar y
tertuliar con amigos al son de un hilo de música jazz y blues, que
siempre asocio con los grandes clásicos del houl de mi tierra, sobre
todo a Sidahmed uld Awa, uno de los máximos exponentes de ese género
musical hasaniano.
Antes de pedir mi consumición me fijo en una barra donde suelen
colgar los rotativos y revistas del país, y ahí me acerco para
retirar alguno, pensando siempre en la intención de los otros
clientes matutinos, asiduos a la lectura de los periódicos.
Ese martes 25 de septiembre pido mi habitual té rojo con el desayuno
andaluz, pan, aceite de oliva y tomate… cruzo la mirada con la dueña
del bar a la que nunca le he preguntado de qué rincón del mundo es,
convencido de que es una ciudadana estadounidense por lo que intuyo,
una hermosa dama con mucha personalidad y hospitalidad, me saluda con
un guiño muy amable como un acostumbrado cliente y me retiro a un
rincón, a una mesa de dos personas. Ahí estaba en grata compañía
con el libro de Edward W. Said “Representaciones del intelectual”
y la edición numero 11.063 de uno de los diarios de mayor tirada en
toda la geografía española y por su puesto mi aromático té rojo.
Repaso casi todas las páginas y sus rincones, un segmento
informativo, cultural, económico, variopinto.
Me detengo en la parte cultural en la que me llama la atención una
entrevista con el actor de cine y televisión Guillermo Toledo donde
habla de su nueva serie “Cuestión de Sexo”; me acuerdo enseguida
que la noche anterior le vi en un telediario en el que se hablaba,
creo, del festival de cine de San Sebastián en su nueva edición
2007, donde el actor cuando posaba ante las cámaras sacó una
preciosa bufanda con la bandera saharaui y unas centradas letras en
blanco “Sahara Referéndum Ya” y extendiéndola entre sus
solidarios brazos con una graciosa y sincera sonrisa como un hincha de
fútbol, agradable eso sí, aunque el cámara a aquel rotundo mensaje
no le dedicó más que fracciones de segundo, primaba mas otros planos
del “glamouroso mundillo del corazón”.
Me acuerdo de aquella frase del premio Príncipe de Asturias Edward W.
Said cuando dijo que “el intelectual está para decirle la verdad al
poder” y como más tarde matizaba en una de sus famosas conferencias
“una de las tareas del intelectual consiste en el esfuerzo por
romper los estereotipos y las categorías reduccionistas que tan
claramente limitan el pensamiento y la comunicación humanos”.
Guillermo Toledo, como otros muchos artistas, es otro de estos
eduardianos intelectuales que le dicen la verdad al poder en España.
Termino ese día una de mis habituales jornadas matinales en el
antiguo Café de Fornos, hoy Faborit para todos, de la calle Alcalá,
comprometido y con el designio que el siguiente día escribiré otra
historia surgida de más realidades con las que a veces nos topamos
sin darnos cuenta de su trascendencia como ese contundente mensaje de
nuestro amigo Guillermo Toledo.
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