|

Al
lord amigo, Christopher Winchilshea
Bahía
Mahmud Awah
Sabía
de su historia como el lord solidario con el pueblo saharaui,
precursor de la Fundación de Ayuda al Sahara, sus
espectaculares caravanas de Land Rovers pintadas de arco iris
atravesando miles de kilómetros desde Reino Unido, pasando por
Francia, España, cruzando el Mediterráneo hacia Argelia, para
acampar y quedarse definitivamente para
los saharauis.
Yo
trabajaba en los territorios liberados y visitaba mi familia en
los campamentos, disfrutando de un descanso con ellos de quince
días cada tres meses. Mi mundo exterior lo vivía a través de
las emisiones en Onda Corta de muchas emisoras internacionales,
Radio Nacional de España, Radio Nacional Saharaui, la BBC de
Londres, la Voz de América desde Washington, Radio Neverland
desde Hilversum en su emisión lengua española, y otras
emisoras de FM que captaba en las zonas liberadas del Sahara.
Todas ellas eran los ojos y oídos que me unían al exterior
No
perdía ningún servicio informativo de estas emisoras y en especial la
emisora nacional porque me mantenía actualizado en lo que concernía a
la vida de esa parte del estado saharaui en el exilio en territorio
argelino, que dista del propio territorio saharaui sólo unos doscientos
kilómetros. Sabía de la familia solo a través de los compañeros que
regresaban de sus quince días de vacaciones, y que sus últimos
jornadas las reservaban para pasar por las familias de los amigos, saber
cómo estaban y llevar y traer algún recado.
Unos
de mis amigos a su regreso me dijo:
–
Bahia, tu hermana ha tenido un niño y le bautizaron con el nombre de un
lord británico muy amigo de la causa saharaui, el que trajo la
caravana.
La
noticia ya la había escuchado antes de otros compañeros pero no sabían
de qué familia se trataba y tampoco yo tenía noticias del sobrino que
había nacido; todo vino a propósito del saludo saharaui “eshtari
min lajbar”, ¿qué hay de noticias?
Luego
mi compañero me contó que había estado un día con la familia, mis
hermanas y mi mamá. El acontecimiento me resultó incompleto, pero lo
estaba procesando en mi cabeza para saber el motivo por el que un
sobrino así se había bautizado. Según nuestra tradición cuando es
muy apreciado un amigo o amiga se le homenajea escogiendo su nombre para
un nacido de la familia, es una rotunda afirmación de aprecio y
admiración por el amigo.
Por
la noche escuchaba el informativo de la radio nacional
y al término de éste anunciaban un reportaje a raíz de la
visita del lord británico y su caravana de ayuda a los saharauis,
recibidos en el campamento de El Aaiun. Seguí con atención el
reportaje, la palabra de bienvenida y varias intervenciones de distintas
organizaciones sociales saharauis en agradecimiento a aquella ayuda
organizada y llevada desde Inglaterra hasta los saharauis.
Más
tarde, el propio autor de todas las caravanas Christopher Winchilshea
tomaba la palabra agradeciendo el caluroso recibimiento y acogida de los
habitantes del campamento de El Aaiun y puntualizaba en estos términos:
–
Al niño y a su madre querría expresarles mi agradecimiento por
considerarme parte de la familia, si hubiera tenido algún rebaño de
dromedarios seguro que os hubiera respondido con el regalo de unas
cabezas de ganado por haber bautizado a vuestro hijo con mi nombre,
considerando vuestras ilustres tradiciones de apreciar el esfuerzo de un
amigo…
Enseguida
entendí el alcance y significado de aquel gesto que unió la causa
saharaui a través del nombre de un niño y un miembro de la cámara de
los lores británicos.
El
niño se llamaba Christopher Mohamed Ali. Pero la historia de ambos
personajes no acaba aquí como la propia causa por la que se unieron niño
y lord. Al lord lo conocí en su XIII caravana, última en la que vino
en persona, en octubre de 1997. Recuerdo que varios periodistas esperábamos
su llegada y me acerqué a Brahim Ali Buyema, entonces representante
saharaui en Inglaterra, y le pregunté:
–
¿El lord viene en avión?
–
No, no, viene conduciendo aquel camión – me respondió sonriendo el
responsable saharaui.
Me
llegó al corazón y para siempre aquel insólito gesto de amistad y
entrega a una buena causa.
Pero
al cabo de una hora nos convocaron a toda la prensa para desplazarnos al
lugar donde estaba preparada una parada de la caravana antes de entrar
en el campamento de Smara. Me quedé allí buscando el camión del lord
que me indicó el responsable, un camión cisterna pintado de con un
arco iris, Rainbow Rovers, y conducido por el propio Christopher
Weinchelshea. Se me quedó aquella grata imagen solidaria registrada
para toda la vida, me acerqué a la puerta del camión y le saludé
amigablemente con el micrófono en la mano
–
Hello Mr. Weinchelshea, fine all? Its Saharaui National Radio, Spanish
edition.
Me
ofreció unas breves palabras para la radio que transmitimos en el
informativo de media noche.
Esa
noche recuerdo que uno de los titulares mas destacados del informativo
que redacté era: El lord británico Christopher Winchilsea de la
British House of Lords afirma “deseo que esta caravana sea la última
en la que vengo a esta tierra y que la próxima sea en vuestro Sahara
libre”
Esa
caravana era la número trece que organizaba, desde que comenzó en
1983, convirtiéndole en el autor intelectual y pionero de todas las
caravanas que se organizaron de Europa y Estados Unidos de ayuda y apoyo
a los saharauis y su legítima lucha por recuperar su tierra.
Diez
años después, prosiguiendo aquel compromiso que encadenó Winchilshea,
vuelve la historia a repetirse con los saharauis aunque sin su
inolvidable amigo que nos dejo hace más de ocho años. Sin embargo su
espíritu solidario y de compromiso con el pueblo saharaui prosigue
contra vientos y mareas de la injusticia materializado en sus caravanas
arco iris que a los saharauis les hace recordar las lluvias con las que
identifican las bonanzas del desierto. El 8
de octubre de 2007 de nuevo salía de Londres la Rainbow Rovers hacia
los campamentos saharauis, organizada por los mismos amigos de esa
historia que protagonizó desde 1983 Winchilshea. Esta vez, la dirige
Ron Laybourne, Fundador de The Saharawan Aid Trust siguiendo las huellas
que recorrió junto a Christopher con su esperada caravana arco iris.
"Esperemos que nuestra acción humanitaria contribuya a atenuar el
sufrimiento de este pueblo y a sensibilizar a los ciudadanos del mundo
sobre la importancia de esta causa que tanto nos preocupa como
defensores del derecho y de que se respeten los Derechos Humanos".
Nos
dejaron los dos personajes, historia de una incondicional amistad. El
lord Christopher Winchilshea y el niño
Christopher Mohamed Ali, a los que unió la causa saharaui, nos dejaron
pero continuamos enarbolando el arco iris en recuerdo a los dos, un
Rainbow Rover que representaba para el lord la armonización de
solidaridad con los otros pueblos amigos y un arco iris que representa
para el niño saharaui la alegría que se respira tras las lluvias en el
desierto cuando los niños salen jugueteando, saltando con los brazos
extendidos y cantando la tradicional canción “zidi zidi ya eshab,
zidi zidi ya eshab”, “más, más lluvias, no pares lluvia”.
Caravanas y lluvias que traen la prosperidad al desierto.
Quedará
en la memoria de los saharauis Christopher Winchilshea porque todos lo
saben y le recuerdan como el Lord de los camiones, el lord del material
escolar, el lord de los coloridos chandals, el lord de los medicamentos,
el lord del camión que nos transporta agua y alimentos, el lord cuyas
huellas siguen resistiendo lo que el viento intenta borrar ante la
indiferencia del mundo.
|