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Biga,
el legendario caballero de la guerra saharaui
Bahia
Mahmud Awah
Mohamed Lamin Abba Chij, más
conocido en los años de guerra por Biga, que Dios lo acoja en su mejor lugar,
fue un caballero típico de esa saga saharaui más tradicional, conservador de
una cultura milenaria en todas sus acepciones.
Biga cayó en los años ochenta tras
los cruentos combates por el desalojo de las tropas marroquíes de la localidad
de Guelta Zemur, donde una decena de aviones marroquíes fueron abatidos,
centenares de soldados presos por el ejército saharaui y liberada la ciudad.
A Biga no tuve la suerte de
conocerle en persona, ya había caído antes de mi regreso al Sahara, pero puedo
contar de él las muchas historias que he escuchado de sus amigos y compañeros
de lucha.
Biga era poeta y un Cervantes en su
idioma hasania, era el individuo que representa la esencia de un caballero
saharaui que se destacó en los primeros años de la guerra, por su trato,
personalidad, sensibilidad, carácter humano y su valentía que le ascendió a
alto dirigente militar.
Cuentan de él sus amigos infinidad
de anécdotas dignas de un señor que imponía respeto y admiración. Era muy
querido entre sus subordinados porque sabía sentir los problemas de cada uno de
ellos. Conocía los nombres de todos y preguntaba siempre por aquellos con los
que a veces no coincidía.
Era un dirigente de vanguardia en
todo momento, siempre en las primeras filas, estaba convencido de que su vida sólo
tenía valor si podía devolver la sonrisa a las mujeres y ancianos saharauis
con la recuperación de la tierra donde están sus casas y los cementerios de
sus seres más queridos, arrancada por los soldados marroquíes, esa era su
premisa objetiva.
Biga escribió un poema en
referencia a que si alguien quiere hablar de verdad y donde vale la pena, ha de
hacerlo dando la vida enfrentándose cuerpo a cuerpo al enemigo marroquí detrás
de los muros de la vergüenza. Hizo un poema, del que recuerdo estos versos en
los que dejaba claro su convicción en la lucha por la liberación de las garras
marroquíes:
…
quien anda de fanfarrón
ha
de hacerlo apoyado en los parapetos
y
trincheras,
ocupando
los muros
para
que los invasores se retiren
derrotados…
Biga tenía un gran sentido del
humor y no sabía pronunciar imposible, todo lo que pudiera derivar a una buena
causa siempre era posible para él. Escuché contar de un militar subordinado
suyo, que una vez iba una promoción del ejército de permiso unos días a los
campamentos de refugiados, pero el militar perdió el permiso por no encontrarse
en ese momento. Sus amigos con los que siempre iba se fueron y él tenía que
esperar otra promoción mientras sus amigos de vida y de combate ya se habían
marchado.
Se presentó en el cuartel del
regimiento y pidió ver a Biga. Era tarde ya de noche, y Biga le recibió en su
cuarto, donde ya estaba preparándose para descansar, saludó amablemente al
combatiente y le dijo: “Buchereya, ¿a qué vienes a esta hora?” y Bucheraya
le contó cómo su promoción se había ido de permiso y cómo él la había
perdido.
Contaba ese militar que Biga cogió
su tuba, pipa de tabaco, la limpió, la cargó, la encendió y tras la primera
calada dirigió su mirada a Bucheraya y de encima de una mesa le entregó las
llaves de un coche todo terreno y le indicó que el coche estaba debajo de un árbol,
que lo recogiera, pasara por la intendencia para que le llenaran los depósitos
y le deseó “buenas vacaciones con tus amigos, que os lo merecéis”.
Bucheraya no sabía que responder
ante la grandeza del caballero legendario, decía que se sentía muy pequeño
ante la bondad de su jefe. No hay palabras para describirle, ese era Biga el
magno. Biga tiene muchas historias que iremos recordando en este espacio.
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