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Caótica
Ana y Sófocles
Saleh
Abdalahi Hamudi
Caótica
Ana,
es un poema de imágenes que representan la heterogeneidad de nuestro mundo en
un corazón grande, en este caso el de Ana. Sin duda es el mejor homenaje que
puede dedicar Julio Médem a su hermana muerta en un accidente de tráfico, en
la película Ana no muere sino revive humanamente desde nuestra diversidad
humana contra la injusticia y el poder. Parece que el director busca en
nosotros, los espectadores, respuestas al caótico mundo que vive desde su
perspectiva y el mundo que vivimos en la actualidad. Mediante la hipnosis logra
enfocar un rayo de luz sobre nuestras conciencias con interrogantes visuales
llenos de simbolismos que nos hacen retroceder en nosotros mismos para abrir o
cerrar puertas de la historia. Caótica Ana es nuestro mundo, con todas sus
heridas, desde la edad precolombina hasta nuestros días
En esta película el director nos ofrece a través del personaje de Ana,
una joven que en apariencia puede ser cualquier chica, salvo que Ana en
este caso acumula un tumulto de experiencias muy subjetivas y críticas
a nuestro mundo, por lo que Ana encuentra un escape en la pintura naif,
una pintura sencilla y superficial, en la que queda claro su temor a la
profundidad (aparentemente en sus cuadros) y es allí donde el director
nos quiere llevar para encontrarnos
pendientes del mañana sin mirar donde estan nuestras culpas del ayer y
de hoy.
A
través del personaje de Ana, la magia de la escenografia y la música
de Jocelyn Pooke nos van llevando de la mano a revivir lo que se ha
quedado detrás de una puerta abierta por la vitalidad de Ana en otras
vidas de mujeres que han muerto trágicamente por la injusticia del
hombre blanco en épocas remotas o
ha escalar las cimas más altas del Everest con la intrepidez de
la mujer en su búsqueda por la igualdad de género.
En
estas andanzas por nuestro pasado, Ana, se enamora de Said un joven
Saharaui que encuentra en su pintura el eslabón de su otra vida, la de
otra mujer bereber muerta por la invasión Marroqui al Sahara
Occidental, aqui se queda patente el compromiso de Julio Médem con el
pueblo saharaui que representa su historia mediante escenografías
llenas de simbolismos y metáforas que a mi modo de ver estan
encasilladas en la tragedia de Sófocles en Edipo Rey, ya que en la otra
vida Said era hijo de Ana como el Sahara Occidental era provincia
cincuenta y tres del Estado Español que
actualmente prefiere
arrancarse los ojos para no ver más allá de Marruecos y la
“marroquinidad” del Sahara Occidental, Canarias, Ceuta y Melilla.
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