|
El
corazón de la música
Ali
Salem Iselmu
Esta noche mi cuerpo viaja despacio
sobre los copos de nieve y se acuerda de cómo la arena caliente quema los pies
y en medio de los contrastes el ritmo obsoleto de las cosas continúa, mientras
la húmeda lluvia en las calles de Santiago de Cuba es una tormenta tropical.
Esta vez contaré las partes que están
dentro de mí, hablaré de mis noches caribeñas bajo el diluvio de la lluvia y
en medio del carnaval santiaguero escuchando a Isaac Delegado, a grupo Moncada y
a la Original de Manzanillo con el contagioso ritmo de la Conga Orienta. Hablaré
también de los músicos saharauis de sus canciones desterradas y de esa enorme
jaima en la que se mezclan los ritmos sonoros del tbal y el tidinit, contaré la
historia de pequeños pueblos perdidos en Guipúzcoa que tocaban la Txalaparta
para comunicarse unos con los otros.
Intentaré contar las anécdotas de
este pequeño periplo sintiendo la música de cada lugar y a partir de esa
sensación me comunicaré conmigo y con los demás procurando ser fiel con cada
situación.
El sudor de la noche empapa el
cuerpo, suenan los timbales, suenan las maracas y la alegría del momento es
desbordante todo el mundo olvida las dificultades diarias del “Periodo
Especial” que es como llaman en Cuba la crisis económica después de la
desaparición del campo socialista, la multitud entretenida baila y bebe de
forma desenfrenada combate la escasez con el buen humor y toda la gente intenta
ser feliz por un momento a pesar de las dificultades; mantener el movimiento, la
sonrisa, la cara de optimismo y esperanza forma parte de la idiosincrasia de la
sociedad cubana; pues toda esa magia esta en los sonidos y colores de una fiesta
guajira que empieza con esta bella canción “de donde son los cantantes, son
de la loma compay pero cantan en el llano”.
En medio del silencio irrumpe el
sonido del tambor y la guitarra se escuchan los cánticos sobre la tierra
anhelada, se canta la vuelta a El Aaiun bajo el ritmo de la libertad, se promete
a nuestros hermanos la deseada vuelta del reencuentro, el exilio se hace menos
desesperante porque el sonido de la protesta es también música. Los cantantes
saharauis han dado su voz, sus sentimientos a la causa de su pueblo desde
canciones dedicadas a los guerrilleros, a las zonas ocupadas y en ellas queda
reflejada la paciencia, la desesperación y la falta de libertad que se
transmite en esta melodía cantada desde el exilio.
Bajo el sonido de la txalaparta un
dantzari vasco da muchas vueltas baila y baila con su indumentaria blanca y al
final tira su txapela negra al público entregado al sonido de un instrumento
que viajando en el viento lleva su voz de un lugar a otro. Antiguamente muchos
pueblos perdidos en el País Vasco se comunicaban con este instrumento y a su
alrededor establecían el contacto.
Cuando uno profetiza en su
interioridad cada situación vivida, el deseo invade su mente y a partir de allí
queda la impronta del recuerdo y la capacidad de sentir cada ritmo que conquista
su corazón para confundirse con la fantasía de la imaginación.
|