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Del
Sahara Occidental a California, la poesía rompe fronteras
Bahia
M.H.Awah.
He regresado, y de nuevo en mi
exilio escribo desde la Península Ibérica viendo la distancia que me separa de
la comisura del labio de África donde mi tierra usurpada roza mi alma exiliada.
Walt Withman, en su obra “Canto a
mí mismo”, escribió estos versos que me llenan de esperanza en volver algún
día a ver mi desierto, mi casa, el colegio al que me llevó por vez primera mi
madre a matricularme hace más de tres décadas.
(…)¡Vamos, alma mía!, ¿no
ves el designio de Dios desde el comienzo?
La tierra, para ser recorrida,
para ser cubierta de redes,
(…)Los océanos, para ser
atravesados haciendo cercano lo lejano,
Los países, para ser unidos unos
a otros.
Entre el Sahara y California son más
de veinte mil kilómetros, pero nos unió el poder de la palabra, el don de la
imaginación, la franca amistad, la prosa forjada en las sabanas de Tiris y las
frescas cordilleras de Zemur.
Y de hecho ya hemos recorrido más
de treinta años, siempre abriendo caminos y sembrando confianza en el futuro
sin importarnos las distancias que nos separan del anhelado regreso y la vuelta
a las dunas que nos vieron nacer.
Leyendo estos versos me ciño a
ellos viendo el designio de la naturaleza que nos lleva con la darraa y la
melhfa atravesando los grandes océanos, los continentes, para implorar en la América
de Walt Withman, en nuestro hasania y castellano del desierto, a la tierra que
dejé de niño, que hoy en silencio cívicamente lucha presa detrás de los
muros que nos separan.
Y allí nos encontrábamos con el
verso misionero de mi tierra sahariana, como lo hizo en siglos pasados Fray Junípero
Serra con su Biblia. Nunca pensé que cantaría mi desierto, con sus dunas, con
su gente, con sus miles de historias, mis raíces de beduino y mis tragedias, a
un mosaico heterogéneo de razas, de religiones, la paleta de civilizaciones,
desde la tierra de las golondrinas, California.
Para ello atravesé el Canal de la
Mancha, el Océano Atlántico, la bahía de Ungaya, Groenlandia, Toronto, la bahía
de Hudson donde Withman canto su patria, el River Mississippi y cuando ya estaba
volando Denver divisé el desierto de Mojave. Me acompañaron estos versos:
(…)
y si sigo en mi destierro quiero
que
sepas
que
esa hermosa mujer eres tú,
y
ese refugio donde descansa
mi
corazón eres tú.
Bahia M. H. Awah.
La tierra que dejé atrás, a más
de veinte mil kilómetros es mi querido Sahara, mi usurpado desierto en sus
tinieblas de dolor, pero grato en mi alma su ritmo de vida beduina está latente
como nunca en mi corazón.
Me siento colmado porque de mi
Sahara hablamos a centenares de universitarios, historias, vida, literatura,
dificultades, injusticias, anécdotas, también escucharon cómo nuestro verso
le canta en su alegría, le llora en sus tragedias y condena sus injusticias.
Dejé en la cálida tierra del Pacífico
sembrada la semilla de amistad que perdurará mientras que en sus balcones
cuelguen las golondrinas de San Juan Capistrano, y mientras en mi desierto
azoten los sirocos de la primavera.
Y en América también se quedó esa
amistad cristalizando con África, nuestra tierra sahariana: Samy, Mary,
Michelle Hamilton, Jill Robinson, Ngugi Wa Thiong'o, Pamela Marshall y muchos más,
nos habéis robado el corazón a los misioneros del verso saharaui.
Los escritores y poetas saharauis
creemos en vuestra amistad como en la fuerza de la palabra que nos condujo a
vuestras jaimas universitarias en los campus verdes que rebosan vida de Irvine,
San Diego y en las familiares vidrieras andalusíes de UCLA.
Volveremos con la razón en mil
historias de nuestra badia a cantar versos en vuestros campus, queridos amigos
estudiantes y académicos. Nuestras jaimas y nuestra cultura en el Sahara os
esperan para compartir tantas historias que contamos en las noches de luna llena
a nuestros huéspedes en el desierto.
(…)
En la frontera
cerca
de su corazón,
Corazón
de la Pluma
me
escribió: “Ven a mí,
ven
a nuestro frig;
porque,
sabes,
ya
cayó la lluvia”.
Limam Boisha
Recordando los momentos que hemos
pasado con vosotros, la mejor manera de hacerlo son esos instantes que
inmortalizamos con una cámara digital. Quedará inscrita en la historia de
nuestro pueblo vuestra amistad y simpatía. No os olvidaremos:
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