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Desde
mi ventana
Zahra
Hasnaui
Del especial “La memoria en
la cultura saharaui”, Revista Ariadna R-C (octubre 2004)
"Despierta, despierta, te
necesito". El martilleo incesante en mis sienes me impide ubicar a la
autora de la llamada apremiante. "He oído rumores, hay cambios y muy
buenos", comenta intrigante, "préstame tus ojos".
Apenas puedo abrirlos, pienso con
dificultad. La huella del escaso descanso en mi castigado cuerpo influye
negativamente en mi tiempo de reacción. Decididamente, tengo que pedir un
cambio de horario laboral.
Me arrastro pesadamente en busca de
mi moreno favorito… bendito aroma. Mi discernimiento agradece el efecto
milagroso de la cafeína. Ya reconozco el origen de la voz: mi desvalida
curiosidad. "¡Mi reino por unos ojos!". ¿Lo ha dicho realmente?
Desconocía su afición por Shakespeare.
Accedo a su desesperada petición,
asomándome por la ventana. No observo nada inusual. La algarabía de los niños
de camino al colegio, el ajetreo del mercadillo callejero, asesino impune de mi
sueño matutino, la omnipresente contaminación acústica, irradiando desde
todos los ángulos, la siniestra sombra de los bloques de oficinas, el zumbido
de los aspersores en los jardines…
Enfoco mis ojos miopes hacia el
fondo del cuadro. Nada.
Después de un largo lapso de
contemplación en vano, vuelvo a por más ayuda. Un té, esta vez. Un té
saharaui cargado. Sí, saharaui. No se asombre, querido/a lector/a. Ah, perdone
mi falta de modales. Soy una mujer saharaui de edad …provecta, que trabaja en
un programa de madrugada de la Radio Nacional del Sáhara.
El líquido espumoso (en el Sáhara,
es de ley servir el té con espuma) consigue abrir definitivamente mis ojos a la
situación saharaui actual. El anhelo por una realidad diferente ha anegado
nuestra razón, desorientándonos tanto a mí como a mi ciega compañera.
No hay bloques de oficinas, ni
jardines, ni ajetreo mercantil. Veo a un pueblo luchar por su supervivencia en
un entorno hostil, árido, el desierto de la Hamada, organizado en campamentos
de refugiados. Veo edificaciones de adobe hechas por ellos mismos. Veo tiendas
de lona desvencijadas por el inclemente sol. Veo huertos pequeños de diferentes
hortalizas que han conseguido arrancar al tacaño desierto hamadeño, y ansío
la envolvente contaminación, los impersonales bloques de oficinas, hasta el
supuesto criminal causante de mi vigilia, porque todo ello supondría una
cotidianidad imperfecta, pero más justa de la que los saharauis nos vemos
privados.
El tesón y la esperanza triunfante
reflejados en las caras de los transeúntes, tantas veces desalentados por la
intransigencia marroquí, me animan a escribir en este mismo instante una carta
al Secretario General, exigiendo al Reino de Marruecos el cumplimiento de las
resoluciones de las Naciones Unidas sobre el conflicto del Sáhara Occidental.
Estimado señor Annan: …
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