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El
día del cese el fuego en Ajshash
Bahia
Mahmud Awah
Una
muestra de un centenar de comandos, decenas de carros y blindados de combate BMP
de la Segunda Región Militar y un despliegue de misiles antiaéreos, la élite
y joya del ejército saharaui, tan temidos por Marruecos, se encontraban
formados en Ajshash ese día 6 de septiembre de 1991, hace ya 15 años. El
ministro saharaui para la defensa, Mohamed Lamin Buhali, pasaba revista.
Se
acondicionó para la ocasión un pequeño círculo donde se daría una breve
alocución del ministro, quien habló con contundencia de la voluntad de los
saharauis para alcanzar la paz y el fin de la guerra a través del libre
ejercicio de su derecho a la libertad y la construcción de su estado libre y
soberano sobre todo el territorio del Sahara Occidental.
Finalizó
la palabra y acto seguido decenas de comandos armados con fusiles automáticos
kalashinkov se adelantaban uno por uno hacia el centro de aquel círculo que se
delimitó con piedras, orientaron las bocas de sus AKM y con una ráfaga
descargaron sus balas, muriendo en el infinito cielo de Ajshash, zona de
Tifariti donde se realizó ese acto de entrada en vigor de cese el fuego.
Ráfagas
y ráfagas hasta que se descargaron todos aquellos fusiles que ese día pedían
sólo la paz. Tras ese acto cartuchos y fusiles se depositaron uno sobre el otro
en señal de dejar las armas, como acto de buena voluntad. Más tarde el
ministro de defensa convocaba una rueda de prensa a la que no pude asistir ese día,
pero se trataba de la entrada en vigor del único acuerdo de las cláusulas de
Houston que se pudo llevar a la práctica, el cese el fuego y la entrada de los
cascos azules de Naciones Unidas.
Lo
recuerdo emocionado, tenía puestos mis cascos operando una emisora de radio,
estaban grabando y presenciando el acto periodistas de todo el mundo, entre
ellos la famosísima corresponsal de France International Carmen Bader, la
periodista que reportó todos los conflictos armados del continente africano y
otros, como prensa argelina, creo que no había prensa española.
Algunos
de los militares y prensa estaban muy emocionados, era un acto que simbolizaba
el inicio de una nueva etapa de paz, aunque los saharauis seguían desconfiando
conociendo a su enemigo, pero ya que se daba esa ocasión para la paz, pues
bienvenida, sobre todo si podía conducir a no más muertes y sufrimiento para
el pueblo saharaui y para el pobre pueblo marroquí.
Lo
anecdótico de todo eso, era que pocos días después de esa fecha, 6 de
septiembre de 1991, entraban hacia la zona controlada por el gobierno saharaui
los cascos azules de Naciones Unidas, equipados de viejos vehículos Land Rover
con matrícula marroquí facilitados por el ejercito alauita; la indignación de
los militares saharauis fue enorme e incluso puso en peligro la vida de los
propios observadores. Algunos se quedaron averiados, otros se perdieron por
caminos equivocados y no sabían como llegar al punto que se les indicó, donde
les esperaban los militares saharuis.
Nada
más llegaron a Tifariti, en el primer contacto con los dirigentes militares
saharauis, se les exigió de inmediato que retiraran todas las matrículas
marroquíes que llevaban los vehículos.
Recuerdo
que escribí en el tronco de una acacia, donde solíamos pasar el día bajo su
sombra, “Bienvenidos emisarios de paz”. Estaba tan seguro que algo estaba
cambiando en el panorama del conflicto y que aquello era el preámbulo de
finiquitar para siempre la ocupación marroquí al territorio. Precisamente, el
día del 15 aniversario de la entrada en vigor del alto el fuego diplomáticos
españoles de Naciones Unidas alertaban de la posibilidad de que los saharauis
volvieran a retomar las armas si no avanza el proceso para solucionar el
conflicto.
Hoy,
quince años más tarde, me doy cuenta que me equivoqué en mi optimismo, la paz
también se puede imponer legalmente con la armas como se ha hecho en Kuwait o
en el Líbano.
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