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El
Eclipse
Limam
Boisha
La noche del viernes todos los
maestros habían ido a ver a sus familias. Era extraño que aquella noche, después
de la siempre tenebrosa hora del Magreb, no se escuchara el inconfundible sonido
del generador que abastecía al internado de luz. Habían colocado unos candiles
que desprendían un horroroso olor a aceite quemado o algo parecido, en algunas
esquinas del comedor.
Fuimos a cenar a oscuras y en medio
de aquella oscuridad muchos perdimos el apetito. Salí hacia afuera sólo, y
deambulé por el enorme patio de la escuela.
Alguien habló de que la luna estaba
"tomada". ¿Por quién? todos nos preguntábamos sin encontrar una
respuesta. Algún "iluminado" habló con dramatismo de que había
llegado la hora del "Juicio Final". Tuve mucho miedo y deambulé en
busca de compañía. Busqué la de mi querida hermana mayor, para que "el
Juicio Final" me pillara en protectora compañía. Otros sin saber qué
hacer se refugiaron en las aulas. Hubo quien corrió a ver si podía abordar un
coche a las afueras, para llevarlo a su familia.
No había ni una persona adulta. Una
hora después apareció Suadah. Los niños se alegraron y muchos formaron un círculo
alrededor de él. Todos hablaban y preguntaban al hombre qué era lo que pasaba
con la luna. Cuando Suadah, que era el encargado de la lavandería, comenzó
hablar todos los niños callaron. Suadah, era un hombre enorme, fuerte como un
león. Habló con voz firme y serena, y dijo: "Hijos míos deben
tranquilizarse, eso es una "operación" hecha por los americanos, para
demostrar su poderío al mundo, han tapado una parte de la luna con una
toalla".
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