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¡fuego!
Limam
Boisha
Estaba
yo distraído en no se qué pensamientos, cuando escuché
gritos, eran gritos alterados que me volvieron a la realidad.
- ¡A-nnar¡…¡A-nnar! – clamaba una mujer.
- “Ey, hombre, ayúdame, si eres hombre, ayúdame”, me
increpó la mujer, mientras movía sus manos, arañando el cielo
con gestos bruscos.
Cuando me acerqué a ella, me tiró fuerte del brazo, de la
desesperación, de la histeria, su actitud me dejó consternado.
“Yo sólo pasaba por allí”, quise decirle. La mujer me
empujó, mejor diría me arrastró, y en el camino ya me
imaginaba carbonizado por las llamas. Cuando entré en el patio
de su casa de adobe, la mujer me señaló el peligro que me
aguardaba detrás de una puerta que estaba cerrada, ví que a
través de las rendijas salía humo, mucho humo. Abrí la
puerta. El olor de gas mezclado con el humo me iba a asfixiar,
asumí. Pude ver que algunas llamas trepaban alcanzando las
estanterías y devoraban lo que encontraban a su paso.
Entré.
Tuve un acusado temblor en las manos. Una inesperada flaqueza, como una
ola de mar recorrió mi cuerpo, pensé en retroceder, pero ya no podía,
tropecé con un cubo lleno de sobras de comida, seguramente preparado
para las cabras. Durante la caída mi mano impactó contra un objeto
duro de hierro que me provocó un calambre. La mujer no paraba de
gritar, a pesar de quedarse fuera. El miedo me paralizó, y justo
enfrente mío estaba la bombona. Entre la vida y la tragedia sólo había
la distancia unos segundos. Le di vuelta a la llave y se paró el gas,
también pararon los gritos desesperados de la mujer.
Enseguida
llegaron dos hombres, uno vestía una camiseta roja, y el otro iba casi
desnudo, jadeaban como si vinieran desde el fin del mundo. Por una parte
me sentí héroe y por otra, victima. Héroe, porque aunque estaba
cegado por el miedo y la mujer casi me obligó, pude evitar una
tragedia, y víctima, por la astucia de esos hombres que se esconden
hasta que haya pasado el peligro, y después entran corriendo, como si
acabasen de enterarse del fuego, y luego se comportan como si fueran
ellos quienes hubieran cerrado la llave del gas
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