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Las
huellas de una herida
Ali
Salem Iselmu
Nacerá
de este triste y herido corazón la historia y la razón de una leyenda que
alimenta la memoria de los pájaros peregrinos, en una mañana de octubre las
masas enfurecidas sometidas a la autoridad de un rey tirano cruzaron
desesperados la frontera, querían recuperar la tierra prometida con cánticos
sagrados y promesas de paz, pero ellos alteraron el equilibrio de la sabia
naturaleza, arrojaron desde el cielo un fuego encendido y desde la tierra
envenenaron el paso de los dromedarios y el pasto fértil del Sahara, mataron
cualquier esperanza de acogida en nuestras jaimas.
Los
sabios beduinos cuentan que no hubo clemencia ni bondad, nuestra conquista se
realizó bajo la espada del fuego y no tuvimos tiempo de elegir, se nos impuso
ser súbditos de un reino nacido de la eterna disputa territorial, fuimos
victimas de mercenarios y piratas, cuando nuestra leyenda se inspira en la
libertad de movimiento persiguiendo las estrellas, las nubes y el sol. Nos
encerraron entre minas, radares y alambradas, no se nos permitió cruzar el
desierto como antaño, como lo habían hecho nuestros padres y abuelos porque
ellos mediante los versos encendidos de Tiris acampaban de frig en frig entre
los tres vasos del té, hablaban con los zorros, con las avestruces y con las
gacelas.
Esta
macabra destrucción dura demasiado tiempo y no tiene un desenlace definitivo,
el agredido sigue pidiendo justicia y el juez toma nota de sus palabras lo
escucha atentamente, mientras el agresor no descansa un minuto en su empeño
ciego de continuar humillando y sometiendo a la víctima. Este juicio es injusto
no tiene nada de imparcial porque acepta la condena agónica del más débil y
las secuelas psicológicas y físicas que quedan como cicatrices necesitan de un
reconocimiento oficial por parte de la justicia, sino estaremos aceptando la
escena de un nuevo crimen organizado.
Se
reúnen y hablan en busca de devolverle el aliento a un cuerpo roto por quienes
han negado su existencia, pero este cuerpo abandonado pide un sorbo de justicia
para no deshidratarse en medio del desierto. Basta de palos y zanahorias,
nuestra razón de existencia se llama libertad y esa equivale a la vida o la
muerte porque así esta demostrado en los pasos nómadas de la historia.
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