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NOMBRES Por: Ebnu Las
primeras construcciones que los saharauis levantaron en la Hamada del
exilio, no tenían los nombres que tienen hoy. Nada tenía nombre, tal
vez porque no había tiempo para pensar en nombres o tal vez
era porque a nadie se le había ocurrido. Cuando
los primeros campamentos se instalaron en territorio argelino, empezaron
a llamarles por los nombres de los sitios donde se iban instalando. Annibca, Laueina, sabty, Birtoulat…
En el desierto no existe ningún accidente geográfico que no tuviese
nombre, incluso en la
Hamada. Se
instalaron alrededor de los pozos que había en esa remota región que
con sólo nombrarla, las abuelas metían los dedos en la arena e
imploraban el perdón y la clemencia del altísimo. Los
nombres que conocemos ahora, excepto Annasar(La victoria) el campamento que se levantó en Rabuni,
llegaron después. Alguien
decidió que los campamentos tendrían los nombres de pueblos y ciudades
del Sáhara, que los internados serían fechas históricas, que
los colegios, hospitales, centros de formación, etc. tendrían nombres
de hombres y mujeres que dieron su vida por la libertad del Sáhara,
también nombres de amigos de la causa, así como de ciudades
extranjeras o acontecimientos importantes en la historia de la lucha de
los pueblos por la liberación. A
mediados de los años setenta y debido al cambio que significó la lucha
por la independencia, en la vida de los saharauis, la onomástica
saharaui comenzó a evolucionar. Ese cambio se produjo sobre todo en los
nombres de las niñas. Nombres como Revolución,
Revolucionaria, Militante, República, Las masas, Los fusiles, La
patria, llegaron con el fragor de la batalla, fueron días
difíciles y duros, pero el milagro de la vida no se podía posponer y
había que ponerle nombre. Benin,
Yemen, Sáhara, Saguia, Sario,
nombres
lejanos, amigos, cercanos, de la tierra… Eran
tiempos de aprendizaje, de formación, de enseñanza para todos y
alguien pensó que era un bonito y, quien sabe, hasta premonitorio y
bautizó a su hija con el nombre de Atakwin
(Formación). La
primera caravana de ayuda humanitaria que llegó a los campamentos
coincidió con el nacimiento de una niña. Sus padres, en agradecimiento
por el gesto humanitario, decidieron que la niña se llamase, Alkáfila
(Caravana) Nombres,
deseos, sueños, esperanzas. Ruyuu
(El retorno)
Amal (Esperanza) Alhurría (La libertad) Alwihda
(La unión) Nombres que permanecen, que se renuevan, que se multiplican. En
el caso de los niños varones, la onomástica, apenas sufrió cambios y
se debe a que los padres adoptaron la decisión casi sagrada de poner a
los hijos los nombres de aquellos que iban cayendo en el frente de
batalla. Era un acto de compromiso, de continuidad, de permanencia. Cada
bebé que llegaba y sobrevivía en aquellos años difíciles,
representaba un triunfo, una victoria. Su vida era el símbolo de que la
muerte no ha sido en vano, su vida llevaría el nombre de una muerte
sagrada. El
escaso cambio se produce, cuando los padres deciden bautizar al hijo con
el apodo, o sobrenombre con que era conocido algún guerrillero. Las
Resoluciones (Alkararat)
es el nombre de un joven con la edad de la revolución, la edad de la
lucha; que como cientos de jóvenes llevan, hoy con orgullo, los nombres
de los mejores y queridos hijos del Sáhara; los que abrazaron la muerte
porque no les dejaron otra opción para llegar a la vida. Sus
sueños, sus metas, sus aspiraciones, como sus nombres, permanecen, se
renuevan, se multiplican. En
estos días renacen nombres de siempre con aromas nuevos, con vientos de
libertad y con la convicción de la victoria. Hoy
nacen Aminetu,
Ali
Salem, Luali, Digja, Mohamed,
Basiri,
Sultana,
Hmad,
Naama,
Sukeina
y cientos de nombres, ancestrales nombres, de mujeres y hombres,
de jóvenes y niños que se levantan cada día, decididos a enfrentarse
a la muerte, resueltos a resistir frente a las garras de la bestia. En
estos tiempos de terror, de torturas, de violaciones, tiempos en los que
se intenta silenciar y apagar la voz de la razón. En
estos tiempos en que el derecho internacional es pisoteado y que el
olvido, el abandono y el mirar a otra parte pactan las soluciones. En
estos tiempos desafortunadamente injustos, los saharauis seguimos
enfrentando las calamidades que se nos acumulan. Intentan
acabar con nosotros, borrarnos del mapa, quitarnos los nombres, pero
ahí estamos remendando nuestra jaima en plena tempestad, ahí estamos
remendando nuestras huellas para que no puedan borrar nuestro rastro,
ahí estamos fieles a los que han muerto y a los que morirán por esta
causa, aquí estamos bautizando cada día la historia,
firmes y decididos a continuar la lucha hasta la victoria
definitiva. |