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Un
brindis necesario
Chejdan
Mahmud
Yazid
Madrid, no
es la ciudad de mis sueños. La primera vez que pisé esa tierra, procedía de
Cuba y apenas reparé en ello. Un policía tenía mi documentación, me hizo ir
a una especie de albergue que estaba en el mismo aeropuerto de Barajas, allí
pasé una noche, al día siguiente abandoné Madrid y España. Me fui escoltado
por dos policías hasta subirme a un avión argelino.
Ahora, años después, Madrid me
recibe y, me vuelve a despedir, esta vez escoltado por dos chicas guapas y
atentas, sin duda esa ciudad me da y me quita, eso si, fugazmente siempre. De
Madrid no conozco ni las calles ni las plazas ni los monumentos y por ende no
conozco su gente, pero su nombre me suena a cotidiano por lo que es.
Como
saharaui, tuve la oportunidad de participar en un curso de verano de la
Universidad Autónoma de Madrid, titulado, “los saharauis y “nosotros”, un
desafío pendiente y urgente”. Eso, en sí mismo ya constituye un logro para
una causa estancada y marginada como la nuestra. Me invadía la emoción. Ese
hecho de que una universidad hiciera el gesto de, en cierta manera, divulgar,
reconocer y hacer conocer al Sahara, que, en su momento, formó parte de España,
es de honrar y agradecer. Mil gracias.
Fueron
tres días de conocimiento intensivo del Sahara, también de reencuentros y
encuentros y, sobre todo de mucho calor, demasiado calor. Colmenar viejo, nos
acogió, quizás para reconciliarse con la historia, por aquello del barrio del
Aaiun con el mismo nombre. Sus calles estrechas, curvilíneas y en casos
malogradas, también formaron parte de esa experiencia que fugazmente vivimos.
No
pretendo, ni mucho menos, hacer un resumen del curso, más bien, una reflexión
que trate de abarcar a todos y a cada uno de los asistentes, ya sean alumnos o
ponentes. No tengo nada que objetar a nada ni a nadie del curso, pero sí a la
historia y a España, las voces que se alzaron en el curso, de la índole más
diversa, corroboran mi sentir,
nuestro sentir. Y solo me queda decir, para acabar, que la historia se escribe
hoy y se lee mañana y este gesto de aproximarse a los saharauis bien vale un
buen trozo de historia. Amen.
En
nombre de la “generación de la amistad saharaui”, una vez más, mil gracias
a la universidad y a los asistentes que, con sus voces y las nuestras
conseguiremos nuestro objetivo, sin duda.
A
mí, por fin, siempre me quedará Madrid, por aquello del “obligado paso”,
aun sabiendo que todos los caminos no pasan por Madrid.
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